Luz del Carmen Díaz Peña-Departamento de Contabilidad y Finanzas – Región Sur
Escuela de Negocios
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
Ante la situación de alarma que viven varios países en el mundo con la llegada del COVID-19, además de la salud de la población, éstos se enfrentan a una crisis económica que sin duda permeará a las finanzas de sus gobiernos, empresas y al bolsillo de cada familia. Se habla de una recesión económica global y contracción del PIB, que sin duda también lo considero. La situación en México, no es la excepción y su recuperación depende de las medidas que tome el gobierno federal junto con el banco central y demás dependencias estatales y municipales para visualizar que tan rápido podría recuperarse la economía.
Es el momento para que estas instituciones actúen en apoyo a minorar esta contingencia y subsanar, en la medida de lo posible, la afectación y paralización de su actividad económica. Podemos ver como en otros países se han implementado ciertas medidas, China, Alemania, Inglaterra, entre otros ya han tomado cartas en el asunto par que no haya un colapso irremediable.
Entre estas medidas están los estímulos fiscales, contracción de la política monetaria con tasa de interés bajas y otorgamiento de microcréditos para movilizar la liquidez.
Una medida relevante y que como vital socio comercial nos incumbe en gran medida, es la que ha tomado Estados Unidos al reducir sus tasas de interés a casi cero y lanzar un programa de estímulo de US$700.000 millones para proteger su economía. El país propuso reducir las cotizaciones sociales temporalmente para que la renta neta de los trabajadores sea mayor y pueda evitarse así una caída en el empleo.
Por su parte, Alemania aprobó un plan de apoyo a las empresas que tengan que reducir el número de horas trabajadas, de tal forma que la agencia de empleo estatal financie hasta el 60% de la pérdida neta de salario causada por la reducción de horas trabajadas de los empleados.
Inglaterra, ha otorgado más de 30 mil millones de libras como estímulo fiscal, para ayudar a los trabajadores autónomos y a las pymes que pierdan ingresos por las cuarentenas y la caída de la actividad económica; también están destinados a reforzar el sistema público de salud.
Pero… ¿qué hay de México? Nosotros apenas estamos en fase II, todavía nos falta un camino por recorrer; eso puede representar una esperanza para el pueblo mexicano para salir bien librados de esta pandemia y aprender de lo que mejor ha funcionado en los demás países.
Es evidente que los sectores de construcción, transporte y turismo, serán los más afectados por el temor a la propagación del contagio. El gasto público debe aumentar principalmente en la adquisición de materiales, infraestructura y personal médico que ayuden a dar un servicio efectivo a las personas contagiadas.
La decisión gubernamental de otorgar microcréditos y suspender los pagos de capital e intereses seguramente ayudarán a que las empresas y familias puedan mantener su liquidez y les hagan frente a sus gastos operacionales. Pero entendamos que esto no podrá ser permanente y que la reforma fiscal se irá ajustando a su normalidad para que el pago de impuestos sea progresivo, equitativo y una fuente importante de ingresos con la que se pueda generar a futuro proyectos e inversiones que generen confianza a los inversionistas.
Ya se habla de que las pérdidas económicas de esta crisis superarán a la del 2008. Datos del Banco Mundial señalan que, en 2009, un año después de la crisis, el PIB global cayó a 1,68%; comparado con este 2020, el organismo tenía una estimación de 2,5% (enero 2020) pero prevé un decremento de hasta 0.3%. La Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) alertó que el costo de la crisis podría llegar a $2 billones de dólares.
Las situaciones extremas sacan lo mejor y peor de las sociedades. México reflorecerá, estoy segura. Tendremos que ser pacientes y esperar a que las medidas impuestas vayan mitigando el impacto negativo y que la economía tome nuevamente su cauce. Sin duda, nosotros como ciudadanos, empleados o empresas podemos contribuir a la activación económica de manera profesional y responsable.


