Mario Galeana
En un manifiesto que escribió antes de su muerte, Roberto Rugerio Guerrero se consideró a sí mismo un personaje de calle: un caminante y un observador continuo de lo que ocurría a su alrededor. Esa mirada sobre Puebla, la ciudad que habitó casi toda su vida, lo convirtió en uno de los primeros y más influyentes artistas conceptuales de los últimos 15 años.
“Caminar me permite desplazarme y relacionarme con el espacio y aquello que me interesa, me da pauta para la producción, recolección, acumulación, intervención y apropiación (…) Temas como la naturaleza y lo urbano, que giran alrededor del ser humano y forman parte de su hábitat, son los motivos que más han influido en mis observaciones”, escribió.
Lo que Rugerio hacía era especular con las cosas que encontraba en su camino. Imaginaba la extensión ausente de los árboles cercenados al pie de las banquetas, la genealogía de botellas colgantes sobre varillas, las posibilidades de los paisajes urbanos que, en el trajín del día, pasaban desapercibidos para el ojo común.
Estaba sólidamente anclado a los fundamentos del ready-made, la modificación de objetos cotidianos para ser usados en piezas artísticas. El uso de periódicos, botellas y residuos diversos podría parecer hoy algo común, pero en los dosmiles, cuando Rugerio importó ese estilo artístico, se convirtió en vanguardia.
“Era muy nuevo, muy diferente a lo que se hacía en Puebla”, dice el curador y museógrafo Gustavo Ramírez, amigo del artista.
“Su generación fue de los primeros en mostrar este tipo de obras; hasta entonces, en Puebla no se estilaba que los artistas trabajaran ese tipo de técnicas, él fue precursor”.
En 2018, un año después de la muerte de Rugerio, Gustavo Ramírez fue curador de una exposición con más de 100 obras del artista.
Ahora, en el quinto aniversario luctuoso, el curador ha preparado junto a tres universidades un nuevo homenaje para recordar la obra de quien fue uno de los principales artistas del boom poblano, una generación de creadores nacidos entre los sesenta y los setenta que rompieron con el arte tradicionalista o decorativo para hacer piezas más políticas y sociales.
“Las instituciones no suelen tener la voluntad de recordar a sus artistas. En su ignorancia, los borran. Este homenaje tiene la intención de que no se nos olvide la gran influencia que tuvieron artistas como Roberto”, explica.
Como parte de este homenaje, a partir de este miércoles 24 de agosto se exhibirán tres piezas de arte elaboradas por Rugerio en las instalaciones de la Universidad Iberoamericana Puebla y Unarte, donde fue profesor, así como en la Universidad de las Américas (UDLAP), donde expuso parte de su obra.
“Él tuvo mucha influencia en las generaciones siguientes de artistas, una parte importantísima es su parte como docente. Guio a artistas como Ulises Matamoros, Lety Mundo e indirectamente a Isabel Gaspar. Aportó mucho a la formación de chicos porque, como coordinador de carrera, llevó a muchos artistas importantes a nivel nacional”, señala Ramírez.
La trayectoria de Roberto Rugerio suele dividirse en dos etapas. La primera provino de su formación en el Instituto de Artes Visuales del estado y consistió en un tipo de pintura colorista con influencias de la escuela oaxaqueña.
Ese estilo ya le había valido varios reconocimientos a nivel local, pero, de cualquier forma, Rugerio abandonó su cargo para inscribirse en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, en Ciudad de México, de la que se graduó con una tesis que ya insinuaba su trabajo en los años futuros.
“Nuestra naturaleza, la de la ciudad, es una naturaleza domesticada, es una naturaleza urbana. Conceptos como simulación, apariencia, semejanza y sustitución, son pertinentes en su cimentación, que propician otra naturaleza de apreciación, entendimiento y aproximación con los lugares y los objetos”, escribió en aquella investigación de nombre “Orgánica, mapeando la naturaleza urbana”.
Y así comenzó su segunda etapa artística: una nueva perspectiva para mapear, recolectar y redescubrir residuos de la naturaleza urbana.
“Roberto era una persona muy relajada, pero podía ser muy irónico. Por ejemplo, tiene una colección de basura color verde –el verde siempre fue uno de sus motivos–, que es una pieza que simboliza la antropología de nuestros tiempos. Creo que en ese sentido podía tener un humor bastante ácido”, recuerda Ramírez.
SEMBLANZA
Roberto Rugerio Guerrero
(Puebla, Pue. 1972-2017)
Fue licenciado en Artes Plásticas por la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda, y maestro en Artes Plásticas por la Universidad del Arte, UNARTE. Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla en 1997, 2002 y 2006, recibió diferentes reconocimientos y distinciones, entre los que destacan: Apoyo a la Producción Artística del Estado de Puebla (2009) para la publicación del libro Orgánica, mapeando la naturaleza urbana; premio en la 6ª Bienal Puebla de los Ángeles (2006); obra seleccionada en la 5ª Bienal de Pintura y Grabado «Alfredo Zalce» (2005); mención honorífica en X Bienal de Dibujo y Estampa «Diego Rivera» (2002); primer premio en el 2o Encuentro Estatal de Arte Contemporáneo, y obra seleccionada en el XIII Encuentro Nacional de Arte Joven (1993).
En su trayectoria artística cuenta con 16 exposiciones individuales y con más de 70 colectivas. Su obra se encuentra en diferentes colecciones públicas y privadas, entre las que destacan: Fondo de la Plástica Poblana Secretaria de Cultura de Puebla, Museo Erasto Cortés y, Colección de arte de la Universidad Iberoamericana Puebla, Colección de Arte de la Universidad de las Américas Puebla y Colección UNARTE.




