Hace tres décadas abrió al público la Zona Arqueológica de Cantona, en Puebla, constituida por 25 hectáreas, de las cuales se encuentran abiertas casi el 2 por ciento de la máxima extensión que tuvo esta ciudad prehispánica.
Su acrópolis y sus terrazas de carácter habitacional y agrícola ofrecen un acercamiento al complejo urbanismo que alcanzó entre los años 600 y 800 d.C.
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y del Centro INAH Puebla, organizó el programa “Piedra y memoria: El legado ancestral de Cantona”.
Este encuentro será el próximo fin de seamana en el kilómetro 7.5 de la carretera Tepeyahualco-Xonacatlán, municipio de Tepeyahualco de Hidalgo.
Investigadores que estudian este lugar patrimonial ofrecerán conferencias y ponencias magistrales en las que abordarán los avances y retos de los estudios que, en gran medida, dan continuidad a los aportes que hizo el arqueólogo Ángel García Cook (1937-2017), a quien se rendirá tributo en estas jornadas.
Gracias a las labores del Proyecto Especial Cantona, el cual estuvo a su cargo por varios años, fue posible excavar y consolidar 54 unidades habitacionales populares, nueve unidades habitacionales de la elite y una mixta (de elite y cívico-religiosa).
Además se ubicaron terrazas intermedias y la parte baja del asentamiento, así como 32 conjuntos arquitectónicos en la parte alta, donde se localiza el centro cívico-religioso principal de la ciudad.
Como resaltó García Cook, Cantona, asentada en un malpaís o campo de lava, es única en su género respecto a sus unidades habitacionales.
Toda la población, salvo los altos dignatarios, vivió en unidades habitacionales cerradas por muros periféricos y delimitadas por accidentes topográficos, adaptados con muros de contención para tal fin.
La programación también reconocerá los 30 años de servicio de custodios que han resguardado la integridad del sitio.


