Por: Mariana Flores
De manos mixtecas nace un árbol de barro policromado. En las ramas, lugar para velas, y en los tradicionales, al centro Adán y Eva, la serpiente del pecado y la manzana de la discordia. Es el árbol de la vida”, que acompaña en el sur de Puebla a los recién casados.
Es el augurio de fertilidad y abundancia. Desde hace unos 20 años ha desaparecido de las mesas donde juntan los paquetes coronados con moños en las bodas. Hoy se usa más de adorno. Ha perdido los elementos originales y la necesidad de atraer compradores turistas ha modificado sus componentes. El más complejo y grande cuesta hasta 100 mil pesos.
Los artesanos modelan el barro todos los días, durante dos semanas, para trabajar una pieza complicada. Son piezas únicas, sin réplicas. El pintado a mano lleva la visión del mundo que tiene su creador. El origen del árbol de la vida se disputa entre el municipio de Izúcar de Matamoros en el estado de Puebla y Metepec en el Estado de México.

Un par de manos gruesas y ásperas desde hace más de 20 años moldean la tierra mojada que da vida a esta artesanía y enseñan a una nueva generación los secretos de sobar, hidratar, amasar, y aplicar herramientas en la arcilla fría.
Celestino Hernández trabajó en una empresa de marketing y, aunque los secretos de la segmentación del mercado y la comunicación lo ocuparon de tiempo completo, su corazón volvió a la tierra humedecida. De otro maestro artesano aprendió el trabajo de barro policromado. Ya no quiso otra cosa en la vida.
Decidió volverlo el único sustento de su familia. Su taller familiar, “Cellarte”, da empleos a jóvenes que no se quieren despegar de la tierra vuelta belleza. Pero los compradores se han ausentado desde hace unos años. Y la crisis económica acentuada por COVID-19, dejó a Cellarte sin ventas de marzo a mayo. En julio hubo algunas piezas colocadas, pero fue imposible que los talleres mantuvieran los empleos.
Hernández tiene fe en sus árboles. El barrro en estas miniesculturas son su herencia para los hijos; quiere Celestino contagiarlos de la sensación placentera de tener las manos metidas en el barro y crear vida y belleza. Y que la tradición no muera.
MARIPOSAS Y FLORES DE BARRO FINO El rasgo que distingue a estas piezas es la saturación de color y grecas mixtecas. Las mismas aplaudidas por siglos en Mitla, Oaxaca, dan base al pincel de los artesanos de Izúcar






