Daniel Aguilar / Twitter: @Danny_aguilarm
Nos empezamos a adentrar en agosto, las Grandes Ligas ya resistieron los brotes de Marlines y Cardenales, los Astros ya han recibido su merecido, aunque todo parece indicar que no acabará pronto y la pelota que hemos visto hasta el momento está cumpliendo con el objetivo que todos los fanáticos queremos: Dodgers y Yankees en el Clásico de Otoño.
Lo platicaba a inicio de semana con mi amigo, y también jefe, Rames Alle: los equipos que han tenido un inicio fuerte y contendientes al título son los que también fueron protagonistas el año pasado; entre ellos los Dodgers y los Yankees. Este par de equipos, obligados a jugar en octubre porque sus fanáticos, su nómina y, sobre todo, su historia se los exigen.
El inicio de los Dodgers fue sorpresivo porque ni los mismo Gigantes imaginaban sacarle un par de juegos de la Serie inaugural, pero haciendo los ajustes urgentes debido a lo corta que es la temporada, la novena de Los Ángeles empezó a reclamar lo que le ha pertenecido en los últimos años: la cima del Oeste.
Un equipo que vio partir a Maeda y Ryu hoy tiene una rotación llena de juventud, con la experiencia de Clayton al mando, sin embargo, llegando a octubre no va a importar quién esté arriba, sólo deben ganar el partido que tanto se les ha negado.
Tristemente, los Dodgers tienen al enemigo en casa; aún más triste, en su propia cueva; y, lo peor, al frente de las decisiones en el terreno de juego. Perdiendo una vez más en la postemporada, Dave Roberts pasaría a la historia como el peor manager en el banquillo azul… y tal vez de todas las Mayores.
La poderosa ofensiva de los Yankees, por su parte, se ha colocado al frente del Este de la Americana, con Aaron Judge como líder, aunque es precisamente esa artillería la que se puede terminar convirtiendo en el Talón de Aquiles de los Bombarderos del Bronx. Porque en octubre, ves mejores lanzadores que en este preciso momento, exceptuando a la sensación Gerrit Cole, los neoyorquinos no tienen.
Pero me gusta, la alegría de Fordy, el compromiso de Volt y el colombiano, lo clutch de DJ, lo natural de Hicks, lo verdadero yankee de Gardy, lo moustrosos que pueden ser Stanton y el Juez con sólo pararse en el plato y lo que veo en Gleyber, ya después se los contaré (pero veo algo que indirectamente se le exigió a Didi y nunca lo tuvo; en fin, él no es culpable).
LA PELOTA: ELEGANTE Y CAPRICHOSA
Lo dije al inicio, no puedes faltarle al respeto al beisbol, la pelota te lo va a cobrar y peor. Para cuando estoy escribiendo la presente columna, José Altuve batea para .143 y su manager ha decidido removerlo de la alineación por tan pobre inicio.
Empieza el debate, pero primero los señalamientos y las burlas, “sin que te avisen” será distinto. El pequeño gigante se convirtió, para mí, en la cara del beisbol, pero recordaba que, en el Clásico Mundial, con su natal Venezuela, no pasó gran cosa. Y sí, otra vez “sin que te avisen”.
No, no voy a compadecerme de Altuve, para mí no volverá a ser ídolo, aunque los números estén. Y sí, también cabe la posibilidad de que, aunque me avisen, yo no le daría a Chapman. Sin embargo, parte de la estrategia en la pelota es el robo de señas, donde estoy totalmente de acuerdo, pero lo que hicieron es espionaje; un delito.
YO VI EL 756
Y hablando de casos polémicos, esta semana se cumplió un aniversario más de aquella noche mágica e histórica en el Rey de los Deportes. Cuando Barry Bonds superaba el récord de cuadrangulares de todos los tiempos, los 755 de Hank Aaron, una marca que parecía insuperable, sobre todo cuando en 2005 Bonds sólo jugó 14 partidos.
Señalado y a la fecha relegado de la inmortalidad del Salón de la Fama, Barry representa el debate más grande de los fanáticos de la pelota. Sé que existe Pete Rose, pero el exjardinero de los Gigantes posee los récords que todos soñamos, cuando niños nos paramos a tomar un turno al bate. Ser el que más cuadrangulares tiene, en una campaña y en la historia.
Superó lo hecho por Mark McGwire, quien también está sumido en la polémica. Y dejó una buena brecha entre lo hecho por Aaron y sus números finales, luego de su retiro en 2007.
Lo recuerdo bien, el homerun del récord, ya era tarde aquí en México. Él estaba en la bahía y todos lo esperábamos, así como el 715 donde dejaba atrás al gran Sultán del Bate, Babe Ruth. Salió el batazo por el central, luego del swing, Bonds alzó los brazos, al fin podría descansar, sus detractores se levantaron a aplaudirle, era histórico, dudo que se repita ese momento, más cuando Rodríguez Navarro se fue por la puerta de atrás. Y entonces, ¿Bonds también recibió ayuda como los Astros?


