Manuel Lapuente, orgullo eterno del balompié poblano
El futbol mexicano perdió a una de sus figuras más queridas: Manuel Lapuente Díaz, símbolo de una era dorada y referente indiscutible del Club Puebla.
Su fallecimiento ha dejado un vacío profundo en la afición poblana y en el deporte nacional.
A lo largo de su carrera, Lapuente fue más que un técnico exitoso: fue un hombre que impregnó a sus equipos de disciplina, táctica y orgullo.
En Puebla, su nombre quedó grabado como el del estratega que llevó a La Franja a sus mayores glorias.
Bajo su dirección, el equipo conquistó dos títulos de Liga, una Copa México y un Campeón de Campeones. Aquella escuadra de finales de los ochenta y principios de los noventa aún es recordada por su garra y su orden, reflejo fiel de la personalidad de su entrenador.
Además de su éxito con Puebla, Lapuente alcanzó la cima internacional al dirigir a la Selección Mexicana que ganó la Copa Confederaciones de 1999, un logro histórico que siempre recordó con modestia.
Su vínculo con Puebla trascendió lo profesional. Tras retirarse en 2013, decidió establecerse en Atlixco, donde encontró tranquilidad y un entorno que reflejaba su amor por el futbol y por la vida. Su casa, llena de recuerdos y trofeos, se convirtió en un testimonio silencioso de su legado.
Quienes lo conocieron destacan su humildad y serenidad. En sus palabras se percibía un hombre consciente de su historia, pero más orgulloso del cariño que despertó en la gente. “El legado lo mide la afición”, decía con convicción.
Hoy, Puebla lo llora como a un hijo adoptivo. A través de homenajes y propuestas para dar su nombre al Estadio Cuauhtémoc, su memoria permanece viva.
Manuel Lapuente será siempre recordado como el estratega que hizo de La Franja un símbolo de pasión, trabajo y amor por el futbol.


