Por: Daniel Aguilar Twitter: @Danny_aguilarm
2, 2 y 2
Este fin de semana llegó la noticia esperada desde que el poblano César Vargas maniata a sus rivales cada que se sube a la loma de pitcheo, en la liga independiente de Japón.
Vargas forma parte de la lista que irá a Juegos Olímpicos representando a México en la pelota caliente. Varios temas detrás de esta selección, pero como lo he dicho en este espacio y en Contacto Deportivo Extrainnigs: era momento de resolver y actuar, los lamentos ya no te llevaban a nada.
Lo platiqué con él hace unos días, para mí, que ignoro por completo los procesos de los selectivos, se me hacía bastante lógico y fácil que si él estaba allá sólo era cuestión de alcanzar a la selección. No es tan fácil, al parecer, pero algo es cierto, el estar allá y su gran temporada hicieron que lo voltearan a ver. Conocí a César en el lejano 2003, cuando militábamos en la novena de Vochos de la Liga Zaragoza, bajo el mando de don Rafael Castelán.
Siempre diré que él llegó a ocupar un lugar privilegiado en los jardines, aunque bastó con verlo jugar un par de ocasiones para saber por qué estaba allí, gran pelotero. “¿En la infantil nunca lanzó?”, es la pregunta que muchos me hacen. ¿Qué tal era? Realmente no lo sé, era un gran jardinero central, pero como responsable en la loma lo vi hasta las sucursales de los Yankees.
Como todo, el tiempo pasó y poco supe de él hasta su firma histórica, ahora era parte de la organización más importante del beisbol a nivel mundial. Y un día cualquiera nos volvimos a encontrar en el lugar donde nos conocimos, la Liga Zaragoza. Él no me reconoció, aunque educadamente diga que más o menos.
De allí, recuerdo haberle dicho (robando una página del libro de anécdotas de Luis Alfredo Álvarez) que un día nos volveríamos a encontrar en un campo de beisbol, pero sería de manera profesional. Y así fue, años después nos reencontramos en el Parque Hermanos Serdán, sólo que yo con el micrófono de Televisa en mano para entrevistarlo y él lanzando para los Sultanes de Monterrey.
Lo empecé a seguir de cerca, desde la academia de los Yankees en República Dominicana, donde impuso un récord de ponches en una temporada, hasta el día de su debut en el gran circo. Siempre lo he molestado, porque esa es la palabra correcta, a la hora menos conveniente, su educación y nuestra amistad lo han hecho responderme cada pregunta, platicamos de muchas cosas y entre esas ni siquiera hablamos de pelota.
Aún le debo una apuesta de un partido entre el Toluca y el América, otras veces platicamos de funkos y su colección.
EL GRAN SHOW
Luego de su salida con los Yankees vino la oportunidad con la organización de los Padres de San Diego, venía algo especial, era un equipo hecho para el momento. Vino a la México Series y todo se estaba dando, arrancó la temporada y fue… a los Missions de San Antonio, sucursal AA del equipo. Salida a salida el objetivo era claro: llegar a las Mayores.
Solía preguntarle con regularidad cuándo tendría actuación. Iniciando la semana me dijo que no sabía, porque la salida que le correspondía la habían recorrido y no estaba lesionado como para que se diera esa situación, recuerdo haberle dicho que probablemente era por algo bueno. El viernes por la tarde llegué a casa, dejé el celular y platicaba con mi mamá.
Cuando volví a tomar mi teléfono tenía un mensaje de él, decía “Hola” y venía adjuntada una foto. Qué raro, pensé, nunca nos saludamos así. Cuando abrí la conversación lo supe. Era la fotografía de su locker con los Padres de San Diego, sus uniformes, gorras, guante y demás con el apellido VARGAS en la parte superior. Lo había logrado, el sueño de todos los que saltamos al campo de los sueños, lo hizo y venía lo mejor.
EL THUNDER
Recuerdo que cuando fue llamado a los Estados Unidos desde la academia en República Dominicana, le dije que uno de mis escudos favoritos de toda la vida era el del Trenton Thunder, sucursal AA de los Yankees.
Fue entonces que me atreví a pedirle una gorra del equipo, él me dijo que s, que cuando llegara sería lo primero que haría. Estuvo mucho tiempo en la sucursal de los River Dogs de Charleston, y cuando fue llamado por el Thunder tuvo una gran campaña, platicamos muy seguido sobre quiénes eran sus compañeros, sobre cuando le tocaba convivir con ligamayoristas que estaban en rehabilitación con Teixeira, Gardner, Chamberlain, entre otros. Y fue el final de campaña que me dijo que vendría a Puebla.
Me mandó una foto de los tres gorras del equipo, la de local normal con lo referente al equipo mayor de los Yankees, la de visita con la visera en gris y la alternativa con los vivos en azul cielo; una joya. Y sí, efectivamente lo vi en la Liga de Zaragoza unos días después, me extendió la mano y me dijo “mira”, eran las tres gorras del equipo, lo recuerdo, las vi y la alternativa me enamoró desde un inicio, pero le dije “seamos sinceros, la tradicional con los colores del equipo grande es la que importa”, al entregarle las dos de vuelta me dijo que no, las tres eran para mí, ese gran gesto de humildad nunca lo voy a olvidar.
Hoy, como todos saben, a razón de que pase una catástrofe, formará parte del selectivo que buscará el oro en Tokio, el premio al esfuerzo, la recompensa de lo que está haciendo; no me sorprende, al final es una noticia que todos esperábamos.


