Por: Daniel Aguilar/ Twitter: @Danny_aguilarm
2, 2 y 2
Una de las notas sobre pelota que más retumbó en las últimas horas, fue la separación de Jennifer López y Alex Rodríguez. Pero no, no hablaré de esa situación.
Alexander Emmanuel Rodríguez Navarro es un chico de Nueva York que tuvo en sus manos cambiar el mundo del beisbol, fue considerado el mejor pelotero del planeta y según las estadísticas y los expertos: el récord de Hank Aaron lo despedazaría de manera titánica. Creo, y sin temor a equivocarme, que el destino ya tenía contemplado a Rodríguez para muchos hechos históricos del Rey de los Deportes.
No era casualidad su carrera, su manera de pararse en la caja, la elegancia a la defensiva y que pudiera hacer todo. Tiene hechos únicos en su carrera, el primer desafío de repetición instantánea en la historia de MLB es uno de sus batazos, al igual que en la Serie Mundial de 2009. Insisto, el destino quería que su nombre nunca fuera olvidado. Se convirtió en el pelotero mejor pagado, con un equipo que no iba a ningún lado. Ken Griffey Jr. le cedió el puesto como elegido luego de las lesiones y Barry Bonds (tras batir el récord de Aarón) lo reconoció como su igual o mejor debido a la juventud que tenía.
Portaba el enigmático 3 en la espalda y estuvo a nada de llegar a los Medias Rojas en un cambio que haría que Manny Ramírez se convirtiera en texano… Pero no sucedió. Como escrito está ya en el guión de Star Wars. El Imperio del Mal logró conseguir la firma perfecta, la combinación que todos queríamos: el mejor jugador con el mejor equipo, la historia los obligaba.
Según la profecía de la estelar saga del cine, llegaría el elegido para dar el equilibrio luego de los días oscuros. En la pelota, el beisbol se veía manchado por una ola de jugadores relacionados con el uso de sustancias prohibidas, entre ellos, nombres de quienes levantaron emociones de propios y extraños. Barry Bonds y Mark McGwire, por mencionar dos, se burlaron de todos nosotros. Los aplausos hoy duelen, porque siempre supieron que hacían trampa.
Ahí era donde el gran Anakin entraba a escena. Pero como se dijo también: la profecía mal interpretada podría estar. No empezaba bien la llegada de Alex a los poderosos Yankees. El campo corto número uno del mundo tenía que elegir otro número en el dorsal y sobretodo (ahí no hubo elección, sólo una orden) pasar a la esquina caliente. Ya he explicado aquí el por qué de todo y que es buen momento para volver a ver el filme. E
n el Spring Training de 2004 una bola impactó el rostro de Alex muy cerca de ojo. Su debut con el smoking del beisbol no parecía ser lo que ambas partes soñaron. Algo empezaba mal. Con todo y sus cinco herramientas, sueldo y tablazos, Rodríguez Navarro no pudo quitarle el trono a Derek Jeter.
El capitán de los Yankees fue inamovible dentro y fuera del terreno de juego, pues en el corazón de los fanáticos siempre vivirá el número dos. Y sí, malinterpretado fue, pronto Alex sintió la presión del contrato y se unió a aquel grupo que debía dejar en el olvido, no unirse a él y ser un estandarte. Sumado a sus pobres actuaciones en postemporada que se intensificaban con la presión que de por sí tiene del equipo.
Históricamente también recibió el castigo más grande de la pelota. Volvió en forma y en lugar de buscar el récord que pudiera salvar su carrera, decidió decir “no voy más, se acabó”. Alex Rodríguez se despidió por la puerta de atrás. Coqueteando los 700 cuadrangulares y dejando el récord de Barry a salvo. Golpeado y señalado por lanzadores rivales en sus últimos juegos… Ese es su legado. Hoy Alex tiene más seguidores en redes sociales que cualquier jugador en activo, sigue siendo mediático.
La nota de su separación volcó a los internautas, su vida se convirtió en eso. El elegido de la profecía nunca fue y es por eso que los fanáticos sólo tienen lugar para un héroe. Y cuando me preguntan por él siempre digo: fue un short stop que se cambió a la tercera base en tiempos de Derek Jeter.


