El estadio Cuauhtémoc será una fiesta el domingo en el partido entre Puebla y Chivas dentro del repechaje de la Liga MX, pero hoy está de celebración porque se cumplen 54 años de su fundación, lapso en el que se ha colocado como uno de los históricos en el mundo al ser de los pocos que ha recibido dos mundiales y unos Juegos Olímpicos.
Desde que la Angelópolis fue nombrada en 1965 como una de las sedes del mundial de México 70, se inició la construcción del recinto a cargo del arquitecto Pedro Ramírez, que estuvo financiada en gran parte por la cervecera Cuauhtémoc-Moctezuma, por lo que de ahí tomó el nombre.
Tras tres años de obras, fue el 6 de octubre de 1968 cuando se inauguró, como parte de la preapertura de las Olimpiadas que el país iba a recibir, y la apertura se dio con dos partidos, primero el Puebla, que por entonces jugaba en Segunda División, se midió al América, y posteriormente, la Selección Mexicana se enfrentó a Checoslovaquia.
El día de su inauguración, desde las 05:30 de la mañana se hicieron las filas alrededor del coloso poblano, la emoción invadía a los aficionados por conocer su nueva casa, y una de las que estuvo ahí fue María Elena Judith Lara Martínez, mejor conocida como Doña Male, quien, a sus más de 80 años de edad, ve y siente al Cuauhtémoc como algo suyo.
“El estadio Cuauhtémoc es como si fuera mi casa, cuando no dejaban entrar por la pandemia lo extrañé mucho, bueno extrañé todo, el equipo, los colores, los jugadores, porque somos una familia. Primero Dios me dé más fuerzas y otro poquito de vida para seguir viéndolos”.
El inmueble de la colonia Maravillas ha recibido eventos sobre los cuales el planeta ha puesto sus ojos como los Juegos Olímpicos de 1968, en los que México derrotó 2 a 0 a España, o los duelos de Uruguay en el Mundial del 70 con figuras como Ladislao Mazurkiewicz o Luis Cubilla.
En ese mismo 1970, se convirtió en la casa del Puebla de la Franja en su aventura por la Primera División del Futbol Mexicano, siendo escenario de los dos títulos de Liga que el club ha obtenido hasta el momento, la final de 1983 que le ganó en penales a Chivas, y la de 1990 cuando doblegó a Leones Negros.
En medio de los dos campeonatos de los camoteros, el Cuauhtémoc se convirtió en dos veces mundialista recibiendo cinco partidos del México 86, dos del grupo A, uno de cuartos de final, destacando la presentación del argentino Diego Armando Maradona con actuaciones excelsas, y el duelo por el tercer lugar entre Francia y Bélgica.
“Para mí fue impresionante entrar al estadio, una experiencia indescriptible, hoy día lo cuento, lo imagino y veo esa imagen dentro de mi cabeza, recuerdo haber visto por dentro que el estadio estaba gigantesco, eso tal vez es el recuerdo más bello que tengo hasta ahora en mi vida, era como un sueño”, dice Óscar Amitt, un ferviente aficionado del Puebla quien por muchos años viajaba entre ida y vuelta hasta cuatro horas desde Tecamachalco, municipio ubicado a 70 kilómetros de la ciudad de Puebla.
Y uno que vivió en carne propia el rugido del estadio fue Arturo Cañas, miembro de ese Puebla campeonísimo que en la temporada 1989-1990 logró el título de Copa y de Liga, este último luego de ganar la final ante Leones Negros que tuvo su vuelta en el inmueble poblano que hizo un recibimiento inolvidable a sus jugadores.
“En la final de ida obtuvimos un buen resultado y ya en Puebla recuerdo que salimos del hotel cerca de las 5 de la tarde, el partido era a las 8, y cuando llegamos al estadio Cuauhtémoc estaba a reventar, la gente ya esperando con ansias y nosotros también para jugar la final. Cuando se nos dio el triunfo fue algo muy padre, recuerdo cuando Bonifacio (Núñez) agarró el balón y dio el silbatazo final, comenzamos a festejar, soltaron los fuegos pirotécnicos, dimos la vuelta olímpica, el estadio se volvió loco, esa noche no durmió Puebla, y es algo que todavía lo vivimos, lo tenemos aquí en la mente”.
Cabe resaltar el par de remodelaciones que ha vivido en toda su historia, la primera en 1985 pasando de un aforo de 34 mil personas a 43 mil con la construcción de las ‘rampas’, y la segunda en el 2015 cuando completó su capacidad hasta los 51 mil espectadores.
Toda esta historia vuelve al estadio Cuauhtémoc un inmueble de trascendencia nacional e internacional, al ser de los pocos en el mundo que han sido sede de dos mundiales y unos Juegos Olímpicos, poniéndose a la altura de escenarios emblemáticos como el estadio Azteca, el Jalisco, el de la UNAM, el Maracaná en Brasil, el Olímpico de Berlín o el de Roma.


