Escrito por Mario Riestra, el libro Leyendas enfranjadas retrata 100 figuras históricas del Club Puebla. El autor comparte algunas de ellas en estas páginas cada semana
Toda historia tiene un comienzo y la del Puebla estará unida por siempre a Joaquín Díaz Loredo, Don Joaco, uno de sus fundadores y su primer presidente.
Nacido en Asturias, España, Don Joaquín llega a México a los 17 años. Aunque lo mandaron a trabajar, él busca dedicarse al futbol, que practica con pasión desde la infancia. Lo consigue y milita en el España de Pachuca (sale campeón), en el España de México, en el Excélsior y en el Asturias, estos dos últimos de Puebla. Sin embargo, en aquellos años era imposible vivir del futbol, por lo que Don Joaquín compagina su pasión con múltiples trabajos en fábricas textiles.
Un día, de camino a ver un partido en Ciudad de México, se detiene en Río Frío a echar una cascarita con los amigos, igual de entusiastas, y surge la idea de fundar un equipo para Puebla, el cual nace oficialmente el 7 de mayo de 1944. Se forma la directiva y Don Joaquín es electo como primer presidente. Lo primero es decidir el uniforme; don Joaquín propone que sea como el del Gijón, pero el Guadalajara ya porta uno similar, así que recurre a su equipo internacional favorito, el River Plate, del que toma la franja pero la invierte –correrá de derecha a izquierda– y le cambia el color a azul en homenaje a la talavera poblana. El escudo puede ir entonces en la playera a la altura del corazón, por lo que pide permiso al Ayuntamiento para usar el emblema de la ciudad y suscitar así el mayor apego posible (en los años 80 cambió a la versión actual).
Los inicios del club son fulgurantes y están marcados por episodios épicos, como en 1949, cuando un gran terremoto azota Ecuador y La Franja es convocada, en su calidad de mejor equipo de México, a disputar algunos partidos para recaudar fondos para las víctimas. En agradecimiento, Eva Perón envía al club un balón muy especial.
La Franja desaparece por casi diez años, pero renace de sus cenizas y Don Joaquín se mantiene muy cerca del club, ayudándolo a reclutar jugadores (mexicanos y extranjeros), a subir a primera división (en 1970), a planificar y supervisar la construcción del Estadio Cuauhtémoc y a promover la pasión futbolera y la afición por la escuadra camotera.
El 8 de octubre de 1974, El Rey Pelé visita Puebla para dar una clínica ante 30 mil estudiantes en el Cuauhtémoc. Más tarde, se organiza una comida en su honor, a la que asiste Don Joaquín. El encuentro entre ambas figuras queda inmortalizado en una fotografía en la que ambos posan sonrientes. La alegría permanecerá con Don Joaquín hasta su fallecimiento, unas horas después de conocer a su ídolo, el 9 de octubre.
La obra, el legado y la pasión de Don Joaco han acompañado los primeros 80 años de historia del club. No sólo participó en su creación y posterior renacimiento, además de darle dos elementos torales de su identidad –la franja y el escudo–, imprimió en la genética de la institución la garra, el empuje y el ir siempre hacia adelante. El Puebla y su afición estarán siempre agradecidos con la leyenda entre las leyendas enfranjadas.


