Rafael comenzó su pasión por el arbitraje a los 15 años, inspirado por su papá y su tío, quienes también son árbitros de futbol amateur.
Desde entonces, ha recorrido diversos niveles, desde el profesionalismo hasta ligas locales.
Los domingos son intensos para él, ya que debe arbitrar hasta tres partidos en distintas localidades de Puebla y Tlaxcala, demostrando su compromiso y amor por el deporte.
Rafa asegura que su motivación principal es impartir justicia, enseñar las reglas y mantener el orden en el campo, pese a ser criticado constantemente por aficionados y jugadores.
Su desempeño lo ha llevado a ser considerado por la Comisión de Arbitraje de la Federación Mexicana de Futbol, combinando labores en la Tercera División Profesional con el arbitraje amateur.
Durante la pandemia, Rafael enfrentó dificultades económicas, ya que el arbitraje era su principal fuente de ingresos, sufriendo pérdidas significativas mientras los partidos estaban suspendidos.
A pesar de los retos, ha recuperado ritmo y volumen de trabajo, arbitra más partidos y continúa enseñando las reglas del futbol a los jugadores, mientras mantiene la disciplina y el orden en cada encuentro.
Para él, cada silbatazo representa pasión, adrenalina y responsabilidad; su objetivo es guiar los partidos con justicia y profesionalismo, mientras su familia lo apoya y comparte los frutos de su esfuerzo.


