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Ximena Hermoso, la mejor tenista que ha dado Puebla

Antonio Zamora por Antonio Zamora
5 febrero, 2022
en Deportes
Ximena Hermoso, la mejor tenista que ha dado Puebla
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Si hay una deportista poblana que ha sabi­do dejar el nombre del estado y el país en al­to, esa es Ximena Her­moso, quien durante su carre­ra como tenista fue de las mejo­res exponentes de México y aho­ra impulsa a niñas y adolescen­tes a trascender con la raqueta en la mano.

Su gusto por el llamado de­porte blanco fue inaudito en su familia, pero su calidad era na­ta, por eso desde muy pequeña decidió hacer las maletas e irse a desarrollar a Barcelona, don­de se potenció a tal grado de con­vertirse en una estrella del tenis nacional.

Tras un inesperado retiro cuando vivía su mejor momen­to, no pudo separar su vida del deporte, por lo que se convirtió en coach con el anhelo de que el tenis mexicano pueda evolucio­nar y tener muchos más repre­sentantes en los primeros pla­nos, aunque su objetivo prin­cipal es dotar a los jóvenes de herramientas para que, a tra­vés del deporte, puedan crecer personalmente.

“NUNCA VI MI VIDA SIN EL TENIS”

Son pocos los recuerdos que Xi­mena tiene antes de conocer el tenis, pues desde los cinco años de edad ella pedía practicar ese deporte de la raqueta.

“Yo empiezo porque mis pa­pás siempre fueron pro deportes, siempre quisieron que además de los estudios tuviéramos una vida activa, así que nos llevaron al Club Britania Zavaleta, yo ten­go dos hermanos y también em­pezaron en algún momento, vi­mos todos los deportes en el cur­so de verano y nos dijeron que escogeríamos el que nos gustara para seguirle, yo tenía como cin­co o seis años y decía que quería el de la raqueta, no sabía ni có­mo se llamaba, pero me llamó la atención”, comentó.

Fue una elección que causó extrañeza en su familia, pues no había referencias de este deporte en su núcleo más cercano, pero debido al empeño e interés que le puso, sus papás le brindaron el apoyo desde un principio.

“Es curioso porque nadie de mi familia juega tenis, mi papá jugaba squash y siempre lo mo­lestaba porque tenía golpes muy particulares, que hacía dejadi­tas y así. Me empezaron a meter a cursos, me fui metiendo más y más, la verdad que no lo qui­se dejar, ya cuando tenía como nueve años, me llamaron para el equipo y desde ese momento decidí que quería ser profesio­nal, por su puesto se burlaron de mí, todos pensaban que iba a ser una emoción que se me iba a pasar, pero nunca lo dejé, nun­ca vi mi vida sin el tenis”, indicó.

A LOS 14 AÑOS SE FUE A BARCELONA

Desde muy pequeña, el tenis de­jó de ser un simple juego para convertirse en la actividad de to­da su vida.

“Marco Osorio fue el que me empezó a meter a los torneos es­tatales, regionales, seccionales, nacionales. Empecé a tener bue­nos resultados, de repente me te­nía que subir de categoría, fui compitiendo hasta que a los 13 años hubo una oportunidad de ir a Barcelona, la academia se llamaba Excelent Center, y creo que mis papás dijeron que des­pués de ver eso se me iban a qui­tar las ganas de entrenar, así que empecé a hacer doble turno todo el verano y para su sorpresa de­cidí que sí era lo que quería, me encantó poder hacer lo que que­ría todo el día y decía que eso era un sueño, mi mayor responsabi­lidad era esforzarme, era lo que me exigían realmente, tenemos familia en Francia, así que el pre­texto era de ir a ver a la familia, pero realmente íbamos a que yo entrenara los veranos en Barce­lona”, dijo.

Pero lo que empezó como un simple curso de verano se con­virtió en una estadía por cerca de 10 años.

“Empecé a entrenar allá, te­nía la posibilidad de entrenar en dos categorías diferentes al mismo tiempo, así que jugaba el mismo torneo en sub 14 y 16, jugaba muchos partidos y pa­ra cuando cumplí 14, el entre­nador de Barcelona me ofreció quedarme internada en la aca­demia, fue una decisión de fa­milia ya que había que sacrifi­car muchas cosas. Primero me fui por seis meses, mi mamá es­tuvo conmigo por algunos meses y para los 15 me quedé sola con una familia en un tipo housing, básicamente me adoptaron, vi­ví con ellos cerca de 10 años, me quedé en España a los 14 y a los 23 que regresé”, recordó.

La decisión fue dura, tuvo que hacerse cargo de sí misma a una edad muy corta, pero es­to le abrió las puertas a compe­tencias no solo en territorio es­pañol, sino en diferentes partes del mundo.

“A partir de ese momento va

riamos los torneos a nivel nacio­nal de España, así como a nivel internacional, empecé a jugar IFT Juniors, a la vez jugaba tor­neos internacionales de la cate­goría más baja y me empezó a ir bien, empecé a ganar partidos, tuve ranking muy joven y seguí compitiendo”.

El dejar el país tan joven no significó el olvidarse de sus raí­ces, pues siempre ponderó el darse a conocer con su gente.

“Conforme pasó el tiempo in­tentaba más en México para dar­me a conocer porque la gente no me ubicaba, así que hacíamos giras a mitad de año en Europa y veníamos al país cuando era el Abierto de Acapulco y de Mon­terrey, también hacíamos gira en Colombia y ya el resto del año buscábamos torneos en Europa que era mi base”, señaló.

EL 2012, UN AÑO LLENO DE EMOCIONES

Tantos sacrificios y esfuerzo le trajeron frutos en 2012, pues con 22 años de edad y un baga­je importante, alcanzó su me­jor posición en el ranking de la Women´s Tennis Association (WTA), el lugar 331 en singles.

“Profesionalmente fue mi mejor año, mis mejores resulta­dos, encontré un equilibrio bas­tante bueno entre poder disfru­tar del tenis y pode retener bue­nos resultados, mi entrenador en ese momento me educó, él me enseñó a competir, a que no im­portaba que no se viera bonito sino ganar, de hecho, partidos que me acuerde que jugué bien podría recordar dos”, comentó.

Pero lo que la dejó marcada fue su actuación en el Abierto de Acapulco que hizo ilusionar al país llegando a octavos de final.

“A nivel emocional y personal pues sí fueron momentos de mu­cha emoción, el ranking influía, yo sabía que en ciertos torneos yo iba a subir más, pero puedo decir que el abierto de Acapul­co de 2012 fue de los más emo­cionantes porque estaban mis papás conmigo, le pedí al direc­tor del torneo que fuera en el es­tadio, era algo como que impor­tante, no a muchos les gusta ju­gar en ese estadio porque es im­pactante, es un lugar grande y la gente te apoya a ti, fuera de ser emocionante también es precio­so, te sientes obligada a demos­trar que todo el entrenamiento vale la pena, que estas al nivel de las jugadoras que van a ese tipo del torneo, me tocó jugar con la 14 del mundo y la verdad es una experiencia diferente”, declaró.

UN RETIRO SORPRESIVO

Sin embargo, el ajetreo y lo exte­nuante de las exigencias que tie­ne la carrera profesional de un deportista fueron mermando su gusto e incluso sus ganas por se­guir compitiendo.

“Fue algo como que muy re­pentino, tenía 23 años cuando jugué mi último torneo, estaba un poco quemada, fue demasia­da presión, demasiados torneos, tuve una relación tóxica, empe­zaba a querer estabilidad, regre­sé a México y todavía jugué unos dos años más o menos, casi no viajé, tuve una lesión incómoda en la espalda a finales de 2013, volví y mantuve mi ranking, ju­gué todo 2014, tenía planes de irme a Florida”, comentó.

Cuando tenía su staff listo pa­ra viajar a Florida y retomar su andar, en las últimas semanas de 2014 falleció su papá, quien había sido su gran impulsor y respaldo económico.

“Ya tenía a mi equipo defini­do, estábamos por viajar, ya te­nía mi plan, pero falleció mi pa­pá, era mi apoyo aparte de emo­cional, era mi apoyo económi­co, el mundo se nos vino enci­ma. Fue duro, no sabíamos có­mo reaccionar, regresé a Puebla y tratamos de sobrevivir porque nos veíamos perdidos, pedí apo­yo a la Federación, hablé en fe­brero de 2015 para pedir apoyo económico, pedía sólo los via­jes, me sacrificaba al no tener un equipo de trabajo como estaba acostumbrada, y no sé quién era el que tomaba las decisiones en la Federación, pero me dijeron que ya estaba muy grande y que no podía recibir apoyos, fue una gran desmotivación”, confesó.

Esto la orilló a tomar una de­cisión dolorosa, el dejar de com­petir profesionalmente.

“Nunca hice un comunicado, nunca dije que iba a dejar el te­nis, me parecía doloroso, en al­gún momento dejé de jugar sin hacerlo público, unos meses en lo que me ordenaba, la verdad es que el tema motivacional fue de lo más importante fuera del fallecimiento y el tema econó­mico, pensé en que ya llevaba diez años compitiendo y no ha­bía conseguido lo que buscaba, pensaba estar en el top 100, ju­gar el Grand Slam, el sueño que tenía de joven no se había cum­plido, eso me sobrepasó, ya no estaba dispuesta a hacer lo que hacía antes, hacer yoga, comer bien, entrenar tantas horas, de­jar tantas cosas de mi vida perso­nal”, reconoció.

AHORA ES COACH Y ENTRENA A 200 NIÑOS

Aunque ya se había alejado de la alta competencia y no entre­naba como estaba acostumbra­da, en 2015 todavía participó en Challenger en Tamaulipas.

“Empecé a disfrutar más ser coach que jugadora, yo pensaba que podía transmitirle muchas cosas a las niñas que somos más difíciles de entrenar porque so­mos muy emocionales, más pa­sionales, somos diferentes a los hombres. Mi último partido pro­fesional fue en 2015 en Tamau­lipas en un Challenger, lo jugué por que una de mis alumnas lo estaba jugando, me pidieron que les echara el mano jugado, y a pesar de no haber entrenado, pa­ra mi sorpresa no me fue nada mal, llegué a la final y perdí con Marcela Zacarías”, apuntó.

Esa transición de jugadora a coach la tiene ahora trabajan­do en una academia donde ins­truye alrededor de 200 niños, a quienes impulsa a no darse por vencidos.

“Yo trabajo en Ciudad de Mé­xico, empezamos con 30 niños y a pesar que tenemos muchos límites, hoy tenemos 200 niños en la academia y 10 están em­pezando a jugar ITF. Les enseño que hay que superar obstácu­los, el económico es uno de esos, más allá del apoyo o no de la Fe­deración, tampoco hay patroci­nios, a mí, aun siendo la número uno de México, me negaban los apoyos. Ahora veo a dos tres ni­

ñas campeonas nacionales y que afortunadamente tienen apoyo de diferentes marcas, pienso que está bien que los motiven, pero cuando más gastas no es cuando tienes 10 años, es cuando eres profesional”, explicó.

Para seguir con su labor de mentora, se ha apoyado de otra extenista destacada del país, Marcela Arroyo, con quien tra­baja desde 2019 y con quien ha empalmado varias ideas para potenciar a tenistas jóvenes.

“Después de abrir mi escue­la en Monterrey, que era al­go chiquito, tenía 10 jugado­res, me habló Marcela Arroyo, tiene un proyecto de academia con su nombre ‘Marcela Arro­yo Tenis Academy’, estamos en Ciudad de México en el Racquet club Sayavedra, llevo aquí des­de 2019. Con Marcela coincido en muchas ideas, sabemos que no es una academia de alto ren­dimiento, pero queremos crear esa base de muchos niños tenis­tas, que mantengan el tenis por el resto de su vida, y que lo pue­dan ocupar para conseguir be­cas universitarias”, explicó.

“HAY QUE MASIFICAR EL TENIS”

La experiencia como una tenis­ta destacada y ahora como una coach, le da el panorama de qué le hace falta al tenis mexicano para trascender.

“No es un problema en parti­cular, no es que nosotros seamos menos que otros países, el tema de los torneos es importantísi­mo, alguna vez me contestaron que no había muchos torneos, pero teníamos dos de los más im­portantes de Latinoamérica, es­tá padrísimo, pero cómo vas ha­cer para que lleguen a eso, sino eres un 200 ó 300 del mundo no puedes acceder, en vez de hacer tres enormes de un millón de dó­lares, haz 20 de 10 mil, que ha­ya cantidad, hay que masificar el tenis y dar acceso más fácil a que se pueda jugar”, deseó.

ME GUSTARÍA HACER MÁS POR PUEBLA

Ximena Hermoso es un orgullo para el deporte en Puebla y con el paso de los años ha generado una sensación de necesidad de ayudar a su estado ahora en su labor de coach.

“Me gustaría hacer un poco más con Puebla, me desconecté muy chica y cuando quise regre­sar no sentí que me recibieran, yo fui socia del Zavaleta toda la vida y de repente vendí mi ac­ción porque pasó lo de mi papá, cuando quise volver no podía en­trar, sentí un rechazo. Me siento un poco externa porque hice mi vida fuera, pero en el momento en el que llegaran a ofrecerme algo, yo feliz”, concluyó.

 

Etiquetas: Club Britania ZavaletaMéxicoXimena Her­moso

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