Si hay una deportista poblana que ha sabido dejar el nombre del estado y el país en alto, esa es Ximena Hermoso, quien durante su carrera como tenista fue de las mejores exponentes de México y ahora impulsa a niñas y adolescentes a trascender con la raqueta en la mano.
Su gusto por el llamado deporte blanco fue inaudito en su familia, pero su calidad era nata, por eso desde muy pequeña decidió hacer las maletas e irse a desarrollar a Barcelona, donde se potenció a tal grado de convertirse en una estrella del tenis nacional.
Tras un inesperado retiro cuando vivía su mejor momento, no pudo separar su vida del deporte, por lo que se convirtió en coach con el anhelo de que el tenis mexicano pueda evolucionar y tener muchos más representantes en los primeros planos, aunque su objetivo principal es dotar a los jóvenes de herramientas para que, a través del deporte, puedan crecer personalmente.
“NUNCA VI MI VIDA SIN EL TENIS”
Son pocos los recuerdos que Ximena tiene antes de conocer el tenis, pues desde los cinco años de edad ella pedía practicar ese deporte de la raqueta.
“Yo empiezo porque mis papás siempre fueron pro deportes, siempre quisieron que además de los estudios tuviéramos una vida activa, así que nos llevaron al Club Britania Zavaleta, yo tengo dos hermanos y también empezaron en algún momento, vimos todos los deportes en el curso de verano y nos dijeron que escogeríamos el que nos gustara para seguirle, yo tenía como cinco o seis años y decía que quería el de la raqueta, no sabía ni cómo se llamaba, pero me llamó la atención”, comentó.
Fue una elección que causó extrañeza en su familia, pues no había referencias de este deporte en su núcleo más cercano, pero debido al empeño e interés que le puso, sus papás le brindaron el apoyo desde un principio.
“Es curioso porque nadie de mi familia juega tenis, mi papá jugaba squash y siempre lo molestaba porque tenía golpes muy particulares, que hacía dejaditas y así. Me empezaron a meter a cursos, me fui metiendo más y más, la verdad que no lo quise dejar, ya cuando tenía como nueve años, me llamaron para el equipo y desde ese momento decidí que quería ser profesional, por su puesto se burlaron de mí, todos pensaban que iba a ser una emoción que se me iba a pasar, pero nunca lo dejé, nunca vi mi vida sin el tenis”, indicó.
A LOS 14 AÑOS SE FUE A BARCELONA
Desde muy pequeña, el tenis dejó de ser un simple juego para convertirse en la actividad de toda su vida.
“Marco Osorio fue el que me empezó a meter a los torneos estatales, regionales, seccionales, nacionales. Empecé a tener buenos resultados, de repente me tenía que subir de categoría, fui compitiendo hasta que a los 13 años hubo una oportunidad de ir a Barcelona, la academia se llamaba Excelent Center, y creo que mis papás dijeron que después de ver eso se me iban a quitar las ganas de entrenar, así que empecé a hacer doble turno todo el verano y para su sorpresa decidí que sí era lo que quería, me encantó poder hacer lo que quería todo el día y decía que eso era un sueño, mi mayor responsabilidad era esforzarme, era lo que me exigían realmente, tenemos familia en Francia, así que el pretexto era de ir a ver a la familia, pero realmente íbamos a que yo entrenara los veranos en Barcelona”, dijo.
Pero lo que empezó como un simple curso de verano se convirtió en una estadía por cerca de 10 años.
“Empecé a entrenar allá, tenía la posibilidad de entrenar en dos categorías diferentes al mismo tiempo, así que jugaba el mismo torneo en sub 14 y 16, jugaba muchos partidos y para cuando cumplí 14, el entrenador de Barcelona me ofreció quedarme internada en la academia, fue una decisión de familia ya que había que sacrificar muchas cosas. Primero me fui por seis meses, mi mamá estuvo conmigo por algunos meses y para los 15 me quedé sola con una familia en un tipo housing, básicamente me adoptaron, viví con ellos cerca de 10 años, me quedé en España a los 14 y a los 23 que regresé”, recordó.
La decisión fue dura, tuvo que hacerse cargo de sí misma a una edad muy corta, pero esto le abrió las puertas a competencias no solo en territorio español, sino en diferentes partes del mundo.
“A partir de ese momento va
riamos los torneos a nivel nacional de España, así como a nivel internacional, empecé a jugar IFT Juniors, a la vez jugaba torneos internacionales de la categoría más baja y me empezó a ir bien, empecé a ganar partidos, tuve ranking muy joven y seguí compitiendo”.
El dejar el país tan joven no significó el olvidarse de sus raíces, pues siempre ponderó el darse a conocer con su gente.
“Conforme pasó el tiempo intentaba más en México para darme a conocer porque la gente no me ubicaba, así que hacíamos giras a mitad de año en Europa y veníamos al país cuando era el Abierto de Acapulco y de Monterrey, también hacíamos gira en Colombia y ya el resto del año buscábamos torneos en Europa que era mi base”, señaló.
EL 2012, UN AÑO LLENO DE EMOCIONES
Tantos sacrificios y esfuerzo le trajeron frutos en 2012, pues con 22 años de edad y un bagaje importante, alcanzó su mejor posición en el ranking de la Women´s Tennis Association (WTA), el lugar 331 en singles.
“Profesionalmente fue mi mejor año, mis mejores resultados, encontré un equilibrio bastante bueno entre poder disfrutar del tenis y pode retener buenos resultados, mi entrenador en ese momento me educó, él me enseñó a competir, a que no importaba que no se viera bonito sino ganar, de hecho, partidos que me acuerde que jugué bien podría recordar dos”, comentó.
Pero lo que la dejó marcada fue su actuación en el Abierto de Acapulco que hizo ilusionar al país llegando a octavos de final.
“A nivel emocional y personal pues sí fueron momentos de mucha emoción, el ranking influía, yo sabía que en ciertos torneos yo iba a subir más, pero puedo decir que el abierto de Acapulco de 2012 fue de los más emocionantes porque estaban mis papás conmigo, le pedí al director del torneo que fuera en el estadio, era algo como que importante, no a muchos les gusta jugar en ese estadio porque es impactante, es un lugar grande y la gente te apoya a ti, fuera de ser emocionante también es precioso, te sientes obligada a demostrar que todo el entrenamiento vale la pena, que estas al nivel de las jugadoras que van a ese tipo del torneo, me tocó jugar con la 14 del mundo y la verdad es una experiencia diferente”, declaró.
UN RETIRO SORPRESIVO
Sin embargo, el ajetreo y lo extenuante de las exigencias que tiene la carrera profesional de un deportista fueron mermando su gusto e incluso sus ganas por seguir compitiendo.
“Fue algo como que muy repentino, tenía 23 años cuando jugué mi último torneo, estaba un poco quemada, fue demasiada presión, demasiados torneos, tuve una relación tóxica, empezaba a querer estabilidad, regresé a México y todavía jugué unos dos años más o menos, casi no viajé, tuve una lesión incómoda en la espalda a finales de 2013, volví y mantuve mi ranking, jugué todo 2014, tenía planes de irme a Florida”, comentó.
Cuando tenía su staff listo para viajar a Florida y retomar su andar, en las últimas semanas de 2014 falleció su papá, quien había sido su gran impulsor y respaldo económico.
“Ya tenía a mi equipo definido, estábamos por viajar, ya tenía mi plan, pero falleció mi papá, era mi apoyo aparte de emocional, era mi apoyo económico, el mundo se nos vino encima. Fue duro, no sabíamos cómo reaccionar, regresé a Puebla y tratamos de sobrevivir porque nos veíamos perdidos, pedí apoyo a la Federación, hablé en febrero de 2015 para pedir apoyo económico, pedía sólo los viajes, me sacrificaba al no tener un equipo de trabajo como estaba acostumbrada, y no sé quién era el que tomaba las decisiones en la Federación, pero me dijeron que ya estaba muy grande y que no podía recibir apoyos, fue una gran desmotivación”, confesó.
Esto la orilló a tomar una decisión dolorosa, el dejar de competir profesionalmente.
“Nunca hice un comunicado, nunca dije que iba a dejar el tenis, me parecía doloroso, en algún momento dejé de jugar sin hacerlo público, unos meses en lo que me ordenaba, la verdad es que el tema motivacional fue de lo más importante fuera del fallecimiento y el tema económico, pensé en que ya llevaba diez años compitiendo y no había conseguido lo que buscaba, pensaba estar en el top 100, jugar el Grand Slam, el sueño que tenía de joven no se había cumplido, eso me sobrepasó, ya no estaba dispuesta a hacer lo que hacía antes, hacer yoga, comer bien, entrenar tantas horas, dejar tantas cosas de mi vida personal”, reconoció.
AHORA ES COACH Y ENTRENA A 200 NIÑOS
Aunque ya se había alejado de la alta competencia y no entrenaba como estaba acostumbrada, en 2015 todavía participó en Challenger en Tamaulipas.
“Empecé a disfrutar más ser coach que jugadora, yo pensaba que podía transmitirle muchas cosas a las niñas que somos más difíciles de entrenar porque somos muy emocionales, más pasionales, somos diferentes a los hombres. Mi último partido profesional fue en 2015 en Tamaulipas en un Challenger, lo jugué por que una de mis alumnas lo estaba jugando, me pidieron que les echara el mano jugado, y a pesar de no haber entrenado, para mi sorpresa no me fue nada mal, llegué a la final y perdí con Marcela Zacarías”, apuntó.
Esa transición de jugadora a coach la tiene ahora trabajando en una academia donde instruye alrededor de 200 niños, a quienes impulsa a no darse por vencidos.
“Yo trabajo en Ciudad de México, empezamos con 30 niños y a pesar que tenemos muchos límites, hoy tenemos 200 niños en la academia y 10 están empezando a jugar ITF. Les enseño que hay que superar obstáculos, el económico es uno de esos, más allá del apoyo o no de la Federación, tampoco hay patrocinios, a mí, aun siendo la número uno de México, me negaban los apoyos. Ahora veo a dos tres ni
ñas campeonas nacionales y que afortunadamente tienen apoyo de diferentes marcas, pienso que está bien que los motiven, pero cuando más gastas no es cuando tienes 10 años, es cuando eres profesional”, explicó.
Para seguir con su labor de mentora, se ha apoyado de otra extenista destacada del país, Marcela Arroyo, con quien trabaja desde 2019 y con quien ha empalmado varias ideas para potenciar a tenistas jóvenes.
“Después de abrir mi escuela en Monterrey, que era algo chiquito, tenía 10 jugadores, me habló Marcela Arroyo, tiene un proyecto de academia con su nombre ‘Marcela Arroyo Tenis Academy’, estamos en Ciudad de México en el Racquet club Sayavedra, llevo aquí desde 2019. Con Marcela coincido en muchas ideas, sabemos que no es una academia de alto rendimiento, pero queremos crear esa base de muchos niños tenistas, que mantengan el tenis por el resto de su vida, y que lo puedan ocupar para conseguir becas universitarias”, explicó.
“HAY QUE MASIFICAR EL TENIS”
La experiencia como una tenista destacada y ahora como una coach, le da el panorama de qué le hace falta al tenis mexicano para trascender.
“No es un problema en particular, no es que nosotros seamos menos que otros países, el tema de los torneos es importantísimo, alguna vez me contestaron que no había muchos torneos, pero teníamos dos de los más importantes de Latinoamérica, está padrísimo, pero cómo vas hacer para que lleguen a eso, sino eres un 200 ó 300 del mundo no puedes acceder, en vez de hacer tres enormes de un millón de dólares, haz 20 de 10 mil, que haya cantidad, hay que masificar el tenis y dar acceso más fácil a que se pueda jugar”, deseó.
ME GUSTARÍA HACER MÁS POR PUEBLA
Ximena Hermoso es un orgullo para el deporte en Puebla y con el paso de los años ha generado una sensación de necesidad de ayudar a su estado ahora en su labor de coach.
“Me gustaría hacer un poco más con Puebla, me desconecté muy chica y cuando quise regresar no sentí que me recibieran, yo fui socia del Zavaleta toda la vida y de repente vendí mi acción porque pasó lo de mi papá, cuando quise volver no podía entrar, sentí un rechazo. Me siento un poco externa porque hice mi vida fuera, pero en el momento en el que llegaran a ofrecerme algo, yo feliz”, concluyó.



