Es relativo
Lic. Guillermo Pacheco Pulido
Se nos ha señalado que la filosofía en general ayuda al ser humano a comprender y profundizar conceptos de la vida diaria como la realidad, el conocimiento, la propia existencia humana y principios de moralidad.
La filosofía nos hace crecer como personas, nos enseña a pensar, nos prepara para la vida y para todos los tiempos de nuestra existencia; a tratar a las demás personas, a entendernos nosotros mismos.
Nos ayuda a comprender problemas complejos.
Hay autores de libros que en realidad tocan temas de la vida diaria sujetos a aspectos filosóficos, los que no nos enseñan filosofía.
Hay un autor, dentro de este campo, cuyos libros nos hacen filosofar en relación con nuestra propia vida, tal es Albert Camus, novelistas, dramaturgo y ensayista de origen argelino, quien nos dejó algunas obras sobre ese tema.
Entre su producción literaria están los libros titulados “Bodas”, “El hombre rebelde”, “El extranjero”, “El mito de Sísifo”, “El revés y el derecho”, “La peste”, “La caída”, “El malentendido, “Calígula”.
Estimo que es interesante conocer su discurso cuando se le entregó el Premio Nobel de Literatura en 1957.
Su filosofía se conoce como lo absurdo, de contenido trascendente para la vida humana. Se entiende por absurdo lo contrario y lo opuesto a la razón.
Es lo que no tiene sentido; contrario a la lógica y al buen sentido. Es decir, lo absurdo es aquello que no se puede explicar con la razón.
Al respecto, dijo Albert Camus: “La vida carece de sentido o propósito”; dijo, además “bienaventurado el corazón que puede doblarse porque no se romperá”.
La razón es la pregunta que parte de una proposición conocida para describir otra que no se conoce. Razonar es reflexionar para llegar a una conclusión, lo que no acontece con lo absurdo.
No puede ser razonable el disparate, el desatino, la incoherencia. Ese es el gran choque con la filosofía de lo absurdo.
Decía Camus: “El hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es”.
“El absurdo surge de la confrontación entre la búsqueda del ser humano y el silencio irracional del mundo”
“¿Qué es un rebelde? “Un hombre que dice no.”
“No camines delante de mí, puede que no te siga; camina junto a mí y sé mi amigo”.
“Ellos mandan hoy, porque tú obedeces”.
“El éxito es fácil de obtener, lo difícil es merecerlo”.
“Nada es más despreciable que el respeto basado en la sumisión”.
“La vida es absurda”.
“No ser amado es una simple desventura; la verdadera desgracia es no saber amar”.
Camus ganó el premio Nobel con el libro “El extranjero”, que era un hombre llamado Meursault, incapaz de participar en las pasiones de los hombres y que vive su propia desgracia desde una indiferencia absoluta.
Este hombre vivía en Argelia. Le avisaron que su madre había muerto; después la novia que él amaba lo abandonó. Más adelante, sin proponérselo, en una playa mató a un hombre, por lo que fue sentenciado fundamentalmente porque no lloró al morir su madre como lo hace todo mundo.
No se puso triste cuando lo abandonó la mujer que quería, como hacen todas las personas. No se afectó su mente al haber matado a un ser humano.
Es decir, por no ser como todas las personas se le consideraba “un extranjero”.
Cabe señalar que, en su discurso al recibir el premio Nobel, entre otros conceptos, señaló:
“Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha: vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y a la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.”
¿Quién, después de eso, podrá esperar que él presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral?
La verdad es misteriosa, huidiza y siempre hay que tratar de conquistarla.
La libertad es peligrosa, tan dura de vivir, como exultante.
Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino.
¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse orgulloso apóstol de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido.
Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente ella me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad, y por la esperanza de volverlos a vivir.
Lo anterior recuerdo a Jean Paul Sartre, existencialista que rechazó el Premio Nobel y que en el libro “La náusea” dijo: “antes de nacer no somos nada, después de nacer no somos nada; la vida es un intermedio entre la vida y la nada”.
Hay dos géneros literarios:
1 La ficción utópica, que se refiere a la utopía, término utilizado para designar un mundo ideal donde todos es perfecto.
2 La distopía, que hace pensar en una situación que tiene muchos defectos. En esta última podría encuadrar la palabra absurdo, que significa “lo que no es”.
Sería muy interesante que supiéramos distinguir la utopía de la distopía: a lo mejor ahí está el camino de nuestras vidas.


