ES RELATIVO
Guillermo Pacheco Pulido
“No se puede pensar sin existir”, señaló René Descartes cuando dijo la frase cogito ergo sum (pienso; luego, existo), el gran sentido de la comunicación.
Para pensar, Descartes se comunicaba con él mismo a través de lo que la ciencia llama introspección: las actitudes para dialogar en el interior del ser espiritual, para valorar pensamientos, sentimientos, determinar actitudes, hechos; para interpretarse y tomar decisiones.
Freud decía que esta comunicación es la más importante actividad del ser humano para razonar.
Observemos que se habló de comunicación en el inicio de los tiempos: “Conócete a ti mismo” es una frase inscrita a la entrada de un santuario de Delfos en la Grecia antigua, difundida por Sócrates.
Esto significa entablar comunicación interior para saber, entre otras cosas, si estamos actuando bien hacia nuestro exterior y tomar decisiones correctas.
El hecho de la comunicación hacia nuestro interior –coloquialmente diríamos “con nuestro otro yo”– es el principio de la noción de que el ser humano, por el hecho de existir, necesita comunicarse empezando consigo mismo.
En consecuencia, la comunicación es vital para la existencia humana individual y colectiva.
La Biblia nos habla de un sistema de comunicación, la parábola, que usaba Cristo para comunicarse con la gente. Le preguntaron por qué lo hacía y dijo (más o menos) que su meta era que la gente comprendiera su mensaje, porque viendo no ven, oyendo no oyen, teniendo boca no hablan.
La parábola usa la comunicación colectiva para narrar un suceso fingido del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.
La necesaria comunicación entre los seres humanos empezó con gruñidos y gritos hasta llegar a la palabra hablada y después a la escrita con jeroglíficos, pintura, la oralidad, señas, signos, mímica, gestos y, ya avanzados, evolucionó a discursos, cátedra, poesía, sermón y miles de formas que están en la inteligencia artificial.
Aquí entra una observación: el ser humano utiliza la comunicación para vivir, trabajar, ocultar, mentir, engañar, profanar, y una cadena inmensa de verbos que se utilizan para socializar y existir.
En este universo, mucha de la comunicación sirve para triunfar o para ser derrotado, para aprender o ser engañado, para entender o confundirnos, para que se nos oriente o se nos desvirtúe.
La comunicación es un gran mundo, destinado a una persona o a múltiples. Es la más trascendental función del ser humano.
Sin ella no había sociedad y, si existiera sólo una media comunicación, estaríamos siempre a la orilla del precipicio como seres humanos y como colectividad.
Después de esta exagerada síntesis, muy deficiente de mi parte y muy atrevida, me referiré al maestro Javier Sánchez Galicia, quien tiene múltiples estudios y reconocimientos en comunicación.
Es un valioso intelectual poblano, maestro en Ciencias Políticas y Gestión Pública y doctorante en Investigación de la Comunicación. Sus libros dedicados a la comunicación contienen profundas cátedras; como dijo un amigo, son libros que no sólo piensan en ti, sino que a ti también te hacen pensar.
Confieso que, lamentablemente, de los cerca de 15 libros escritos por Sánchez Galicia he leído sólo dos; espero seguir con el más reciente: El acto de comunicar el gobierno.
Entiendo que un problema que impide a un gobierno desarrollarse y que lastra el crecimiento ordenado de una familia, de un grupo humano, es la ausencia de comunicación con los integrantes de una colectividad, sea pública o privada.
Bien explica el autor en este libro que “en su carácter político”, la comunicación es una actitud de vital importancia para el buen funcionamiento de la sociedad. Es posible conducir en ella varias formas de interacción social.
Estos libros se hacen indispensables para todos aquellos que tengan que ver con la comunicación en los campos electorales, del periodismo, de las ciencias que convergen en esta fundamental, y todo suspirante y aspirante a andar en los caminos de la ciencia política. También son clave para toda persona que se interese en conocer esos espacios.
Los libros de Javier Sánchez Galicia son para tiempos de hoy y de un largo futuro.
La política de hoy en todas sus manifestaciones requiere de la comunicación; por ello recordamos y recomendamos estos libros –amplían el conocimiento de la sociología, del derecho, de la filosofía, ética y moral– que deben estudiarse porque la vida es comunicación.
El arte de comunicar el gobierno no es resultado de una experiencia simple y sencilla, sino de más de 30 años de observación objetiva, de intervención directa del autor con el ejercicio del poder; de estudios y análisis del funcionamiento de las áreas de comunicación de diversas instituciones públicas.
Este ejemplar es guía para ejercer la comunicación desde una administración pública con el fin, como dice el autor, de alcanzar una auténtica comunicación institucional.
Todos los libros del autor se alejan de las hipótesis para surgir de las realidades producto de una comunicación viva; pletóricos de conocimiento, contienen una vital y esencial experiencia que se convierte en texto científico, porque la real y efectiva comunicación se estructura ejerciéndola. Si esto último faltara, sería una lectura intrascendente.
Aquí es válida la palabra sabiduría: estos textos han sido construidos por el que sabe, sin alejarse de la prudencia ni de la humildad, como señala la filosofía griega.
Muchísimo se puede comentar de la profesión de Javier Sánchez Galicia, pues sus obras van más allá del mundo político. Se aplican también en la vida de todos los que forman la naturaleza humana.
La naturaleza humana, en todo, orienta y desorienta; nos convierte en fichas de ajedrez o dominó y juega con cuantos puede. Para que esto último no suceda hay que estudiar en los libros de este politólogo, quien deberá crear una institución educativa de alto grado para los tiempos de hoy, que ya no son para improvisados.
La comunicación humana está regida por normas que despiertan o controlan emociones que nos hacen ver detrás de las máscaras.
Los libros de Sánchez Galicia en todos sus contenidos tienen desde luego sabias enseñanzas para utilizar la comunicación con sabiduría. Por ello, mi felicitación y reconocimiento.
En uno de muchos temas, el autor nos dice: “Ante todo, estrategia”. Porque en cualquier escenario o circunstancia, todos deben tener bien claro que las acciones de comunicación siempre están subordinadas a la estrategia.
La estrategia es un método rumbo al marco de referencia, discurso en un conjunto organizado de acción y deserción; es perspectiva, prospectiva y visión.
Es amplísimo el tema de la comunicación; estos me recuerdan lo que decía un maestro: con ellos, aprendemos porque aprendemos; no queda otra.
La comunicación está vinculada al ser humano y su historia, es lo que da a mujeres y hombres presencia en la colectividad. Ha estado presente en todas las épocas, en todos los momentos.
“Los antiguos”, que no teníamos los libros de este experto, leíamos a Pericles para aprender algo en Oración a los atenienses caídos en la guerra del Peloponeso, a Alejandro Magno en su Discurso a las tropas, a Cicerón en sus Catilinarias, a Sócrates con su sistema mayéutica, el discurso de Martin Luther King “Tengo un sueño”.
También buscábamos conocimiento en Indira Gandhi, Maximilien Robespierre, Belisario Domínguez, Thomas Jefferson, José María Morelos y Pavón, en los Constituyentes de México en 1824, 1857 y 1917, que publicaban sus ideas en la prensa escrita y unos pocos libros.
Estos autores y otros más, atrevidamente señalo, están implícitos en los libros de Sánchez Galicia.
Se señalaba que la comunicación es “la gran anciana consejera y orientadora”, “producto del diálogo”.
La comunicación dio vida al Renacimiento a través de la Educación política; se dice fue su autor Maquiavelo. Montesquieu, Tocqueville y Locke la reconocen como eje vital del desarrollo de los pueblos.
La comunicación hace penetrar en la mente todos los signos, simbolismos, palabras, hechos y actos que mantienen viva a una comunidad.
La comunicación está fortalecida hoy con la bibliografía del maestro Javier Sánchez Galicia, quien por su atinada orientación y su moderna visión en el mundo técnico le imprime utilidad vital.


