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Guillermo Pacheco Pulido
Henry Alfred Kissinger fue un diplomático y politólogo estadounidense que se desempeñó como secretario de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica y asesor de Seguridad Nacional.
Es considerado uno de los mejores o más destacados estadistas y políticos de todo su tiempo. Obtuvo el premio Nobel de la Paz en diciembre de 1973.
En esa época, Estados Unidos se encontraba en pérdida de imagen política y fue Henry Alfred Kissinger quien apoyó la política exterior, aportando beneficios a todos los sectores y logrando garantizar la estabilidad internacional, un logro trascendental.
Creó la denominada “Realpolitik”, con enfoques pragmáticos de la geopolítica. Todo un estadista actuando con sentido realista (Realpolitik es actuar con base en la realidad, fuera de principios ideológicos o políticos. Ser pragmático).
“Sí, decía, nuestra gente va a morir, pero cuando se establezca el nuevo orden mundial, será un mundo nuevo, mundo mejor para los que sobrevivan”.
Escribió numerosos libros y en el último, titulado “Genesis”, señaló que las maquinarias se convertirán en nuestros colaboradores activos por la inteligencia artificial; otro libro sobre China que se considera una cátedra sobre política internacional.
El libro que hoy señalamos lo tituló “Liderazgo”, que contiene seis estudios sobre estrategia mundial y nos habla de Konrad Adenauer, la estrategia de la humanidad; habla de Charles de Gaulle, la estrategia de la voluntad; nos habla de Richard Nixon, la estrategia del equilibrio; nos habla de Anwar Sadat, la estrategia de la trascendencia; nos habla de Lee Kuan Yew, la estrategia de la excelencia, y nos habla de Margaret Thatcher, la estratega de la convicción.
Comenta al principio de su libro y nos señala que para desarrollar una colectividad cualquiera que sea -Estado, ejército, religión, empresas, escuelas, asociaciones, etcétera- se necesita un liderazgo. Sin liderazgo, las instituciones pierden rumbo, las naciones se exponen a una irrelevancia cada vez mayor y, en última instancia, al desastre; se necesita un líder.
Los buenos líderes despiertan en el pueblo el deseo de caminar a su lado.
“Las características de un líder son tener atributos vitales como la valentía, el carácter; reflexiones para elegir una dirección entre diversas opciones complejas y difíciles; su carácter refuerza la fidelidad a los valores durante un periodo prolongado”.
“Si quieren los líderes llegar a su destino, deben además poco a poco adecuar los medios de los fines y el propósito a las circunstancias”.
Hay circunstancias en las que el líder debe resolver con urgencia un problema; se requiere una respuesta inmediata y ya no hay espera. En realidad, cualquier persona que sea dirigente o líder tiene en sí grandes responsabilidades.
Cuando se está al frente de una nación se dice que lo único importante de un hombre de Estado son sus decisiones. No su agilidad física, ni su carisma, ni su simpatía, ni su popularidad.
Por ejemplo. La gloria del acto expropiatorio radica en la intuición y el valor del presidente que la realizó. Quienes gobiernan administran lo ajeno y resuelven acerca de los destinos de los demás. Si no aportan sus propios riesgos, ¿qué dan entonces a su pueblo? Entonces no es líder.
Otra forma de ser líder. Se dice, que sea honesto. Eso es un indispensable punto de partida, más no la condición determinante. Lo que más importa es que sea reiteradamente un líder, que prescinda del paternalismo y renuncie a los placeres del autoritarismo.
En general, en el libro mencionado se señala que los líderes deben tener estrategias que inspiren a la sociedad. Tienen que ser didácticos, comunicar los objetivos, mitigar las dudas y movilizar apoyos.
Si quieren llegar a su destino, los líderes deben adecuar poco a poco los medios a los fines y el propósito a las circunstancias. No perder de vista que siempre le faltará tiempo, siempre habrá exceso de trabajo, siempre habrá escasez de presupuesto.
Los líderes en todos los campos son visionarios, estadistas, gestores y hasta profetas. No le pueden fallar a su tiempo, a su gente, a las instituciones o a sí mismo.
Al final, Henry Alfred Kissinger nos habla del liderazgo, del orden mundial y del futuro del liderazgo. Nos señala que la comunicación instantánea y la revolución tecnológica dan un nuevo significado y urgencia sobre la seguridad nacional y la coexistencia internacional pacífica.
La revolución tecnológica ha ido acompañada de una transformación política. Aquí, la necesidad de líderes de nuevos tiempos, con carácter, intelecto y la fortaleza necesaria para encarar los desafíos a los que se enfrenta el orden mundial y nacional.
Hace mucho, el filósofo estoico Epicteto escribió: “No podemos elegir nuestras circunstancias externas, pero siempre podemos elegir cómo responder a ellas”.
Todo eso y más es un líder. Todo eso como jefe de familia, como maestro, como director de una empresa. También para el que tramite aspectos políticos o religiosos.
En todo se debe ser un líder.
La función del líder es ayudar a guiar esa elección e inspirar a su gente durante su ejecución.
El líder es un hombre polifacético, porque en el ejercicio de su función son múltiples los desafíos, así como las decisiones; además, el líder debe atender a sus seguidores con paciencia, con humildad, con gentileza y crear esperanza.
En el líder, la visión es determinante.
La calma es necesaria.
La sensatez es vital.
La decisión es lógica.
El riesgo del resultado es mucho.
El triunfar será su esperanza.
No debe olvidar que trata con y para seres humanos, a los que debe orientar y dirigir con sabiduría.
En fin, con su palabra y su conducta debe construir un liderazgo sólido y confiable.
Debe aceptar su responsabilidad para ser el primero en decir “va mi espada en prenda”, y la gente lo sigue y lo convierte en su líder.
La historia no perdona tardanza ni dilaciones; reto mayor.


