Es relativo
Lic. Guillermo Pacheco Pulido
Por regla general, querer cruzar una frontera sin autorización constituye o genera un fenómeno trascendente.
A ellos se le puede denominar como migración, independientemente que está palabra tenga posiblemente la misma o parecida connotación como: inmigración ilegal, exilio, diáspora, la emigración forzada, voluntaria o refugiado.
Una palabra en lo aplicable puede ser destierro, que significa la expulsión de una persona a algún territorio temporal o en forma permanente.
Las demás palabras como diáspora, que significa dispersión (salida voluntaria de una población); exilio, que es la salida de una población en sentido voluntario por razones de conflictos políticos; refugiados, personas que salen de su país por conflictos y persecuciones, y en la que él y su familia corren peligro, incluyendo su libertad.
Todas estas y otras palabras tienen sustentos históricos ancestrales, es decir, han sucedido en el desarrollo de la humanidad.
En las fechas actuales se dice que la migración es la expulsión de personas que por voluntad salen de su país, porque este no les ofrece sanas o prósperas condiciones de vida.
En otros aspectos se les puede conocer como refugiados.
Estos fenómenos, como ya señalamos, se han dado en todos los tiempos. Vivir estos fenómenos, aún ahora, es enfrentarse a demasiados problemas, peligros, hasta una serie de violaciones a los derechos humanos.
Desde sus inicios históricos, la migración en cualquiera de sus formas se puede considerar un destierro, es perder la patria o la tierra de los padres, esto reconocido desde las épocas primarias de los griegos. Se perdía todo. Fustel de Coulanges nos dice que la patria de cada hombre era parte del terreno que su religión doméstica nacional había santificado; la tierra donde reposaban los huesos de sus antepasados, tierra ocupada por las almas de sus difuntos.
“Tierra sagrada de la patria”, decían los griegos, un amplio recinto sagrado que también abandonaban los migrantes. Es decir, la persona que salía de su país por razones migratorias perdía todo. Generalmente arribaba a tierras desconocidas.
Alguien dijo al respecto: “Mi patria es donde están mis cunas y mis tumbas”.
Al perder la patria se perdía todo. Platón dijo: “La patria nos engendra, nos sustenta”; y Sócrates agregó: “La patria nos conserva vivos”.
La patria no era una frase sin sentido, no era una abstracción, “como entre las modernas”.
La patria representa realmente un conjunto de divinidades locales con culto cotidiano y creencias arraigadas en el alma. “Sólo en la patria encuentra la dignidad el hombre y sus deberes”.
El que salía de su patria se desterraba, al dejar a su patria dejaba a sus dioses, fuera de ella ya no sentía ninguna providencia que velase por él, se le arrebataba la dicha de orar.
Por eso decimos ahora, que se tiene que sufrir mucho cuando por cualquier motivo se sale o abandona la patria.
A la patria es preciso amarla en sus actos bienhechores, es preciso amarla preciosa de oscuridad, próspera o desgraciada, amarla en su riqueza. Es preciso saber morir por ella.
Llegarán nuevas épocas que transformen muchas costumbres, pero el ser humano sigue con sus sentimientos de amar a sus dioses, sus costumbres, su suelo, sus padres, su familia, su patria, su religión y su cultura.
Por ello debemos dar la mano y dar la bienvenida a los que han cruzado sus fronteras, alejándose de su esencia humana, sea cual fuere el motivo.
El fenómeno mundial de la migración en México, nos debe alejar de los egoísmos y pensar y actuar a favor de los demás que han dejado su patria.
La palabra es dicha de todos, dolor de todos y cielo para todos.
Séneca decía que: “Ninguno ama a su patria por ser grande, sino por ser suya”.
Debemos estar al lado de los que aman a su patria y al abandonarla le dejaron el amoroso mensaje de sus lágrimas.
Hay, entre otros, dos poemas de León Felipe que valen la pena recordar: Qué lástima y ¡Vencidos! (sólo transcribiré parte de los mismos).
QUÉ LÁSTIMA
Lástima que ya no tenga una patria.
¡Qué lástima!
Que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de mi abuelo
que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero,
ni una mesa, ni una espada
y soy un paria que apenas tiene una capa…
venga forzado a cantar, cosas de poca importancia.
¡VENCIDOS!
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.
¡Cuántas veces, don Quijote,
por esa misma llanura,
en horas de desaliento, así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: “Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado,
hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado de amargura y no puedo batallar.
Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo
y llévame a ser contigo pastor”.
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de don Quijote pasar.
Perderlo todo, es convertir tu soledad en río de lágrimas.


