“Lamentamos profundamente la partida de la actriz y periodista Josefina Echánove, digna representante de la mujer mexicana dentro y fuera de los escenarios mexicanos”, con estas palabras inicia el mensaje de despedida que emitieron los hijos de la primera actriz, al dar a conocer la noticia de su muerte a los 92 años, este martes, sin dar a conocer la causa de su deceso.
“A todos nuestros amigos de los medios de comunicación, agradecemos sus muestras de cariño, el respeto, el espacio para la familia y amigos cercanos en estos momentos tan difíciles. Nos daremos un tiempo para recuperarnos de esta gran pérdida esperando pronto retomar nuestras actividades públicas. Agradeciendo siempre a Dios por sus oraciones y por la vida de la primera actriz Josefina Echánove”, añadió el texto firmado por sus hijos, la cantante María del Sol, la periodista Peggy Echánove y el actor Alonso Echánove.
La primera actriz nació el 21 de julio de 1928 en Nueva York, pero creció en Guanajuato donde en su juventud creó el grupo de Danza Contemporánea de la Universidad de Guanajuato y donde se inició como actriz en los entremeses cervantinos: “No es mi culpa haber nacido norteamericana, fue un accidente de mi mamá. Y por eso, a los 21 años renuncié a mi nacionalidad de origen y me hice mexicana, porque soy re-mexica… Soy azteca, azteca, azteca”, dijo en una ocasión.
Aunque profesó la actuación como su mayor pasión, tuvo un inicio de carrera tardío, “profesionalmente empecé muy tarde, porque yo estoy en el cine por una película que no hice, fue La choca, la que me ofreció Emilio ‘Indio’ Fernández, donde tenía que desnudarme”, dijo.
“No la hice, y no fue por religión, sino por pudor exclusivamente. El Indio me quería a mí por flaca, por plana de busto, que no me creció por ser bailarina desde muy chica. Así era la complexión de La choca, una mujer con escasísimos pechos. Y la encarnó Pila Pellicer, aún cuando ella tenía medida de brasier 34 B”, añadió en una antigua entrevista.
Fue gracias al cineasta Fernando Macotela que comenzó a actuar en el séptimo arte, en donde tuvo una trayectoria llena de coproducciones entre México y EU, gracias a que dominaba el idioma inglés, “trabajé al lado de Gregory Peck, y lo que recuerdo es que me besé pasiva e inocentemente con él, cuando se terminó de rodar el filme. Con Anthony Queen fui su esposa ficticia dos veces. También compartí créditos con Jane Fonda, Liza Minnelli, Burt Reynolds y Gene Hackman, por recordar algunos compañeros de set”, de quienes dijo que “no me significan nada… simplemente, qué padre que hice mi trabajo con ellos, y ya”.
Laboró en más de 30 largometrajes nacionales e internacionales, como Los hijos de Sánchez, de Hall Bartlett; Santitos, de Alejandro Springall; Perdita Durango, de Álex de la Iglesia; Cabeza de Vaca, de Nicolás Echevarría; Gringo viejo, de Luis Puenzo, y Estas ruinas que ves, de Julián Pastor. La actriz también intervino en alrededor de una veintena de telenovelas, entre ellas La gloria y el infierno, La fuerza del amor, La dueña, Rubí y Corazón salvaje, la cual fue su última aparición en un melodrama.
La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas destacó sus 50 apariciones en cine y televisión, además de su nominación a Mejor Actriz de Cuadro en dos ocasiones, en 1991, por su actuación en Por tu maldito amor y, en 1993, por Serpientes y escaleras.
Cabe decir que el mundo la concebía como primera actriz, pero ella prefería tener otra definición: “Una artesana de la actuación. No soy estrella ni primera actriz. Sólo me encanta actuar, y siento que lo hago bien”, dijo. Descanse en paz. (La Crónica de Hoy)


