A las labores de trabajo frente a grupo se suman tareas de planeación, calificación, contacto con padres, capacitaciones y trámites administrativos
Claudia Espinoza
En Puebla, el estrés laboral docente se ha consolidado como un fenómeno persistente que atraviesa más de una década de registros. Desde 2014, la Secretaría de Educación Pública federal documenta que al menos 42 % de los maestros presentan síntomas de ansiedad y depresión, con consecuencias físicas como problemas cardiovasculares y musculoesqueléticos.
Para 2026, las estimaciones señalan que la prevalencia alcanza 48 %, lo que refleja un crecimiento sostenido en el tiempo.
La docencia en México se caracteriza por una carga laboral que excede las horas frente a grupo. Los maestros de escuelas públicas enseñan en promedio mil siete horas al año, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, pero a ello se suman tareas de planeación, calificación, contacto con padres, capacitaciones y trámites administrativos. Estas exigencias han sido identificadas como factores que incrementan el desgaste emocional y físico.
El contexto regional muestra diferencias entre municipios. En Puebla capital la prevalencia de estrés docente alcanza 48 %, en Tehuacán 44 % y en San Martín Texmelucan 42 %. Municipios como Cholula y Atlixco registran niveles intermedios, mientras que en Cuetzalan y Acatlán los porcentajes son menores, aunque persisten retos de infraestructura y acceso a programas de bienestar.
El impacto del estrés docente se observa en tres dimensiones: salud mental, con aumento de burnout, ansiedad y depresión; salud física, con mayor prevalencia de enfermedades crónicas; y educación, con reducción en la calidad de enseñanza y aumento en la rotación de personal.
A nivel nacional, 75 % de los trabajadores reportan algún nivel de estrés laboral, lo que coloca al sector educativo dentro de los más afectados.
El especialista en educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Alejandro Ramírez, señaló que el fenómeno debe analizarse como un problema estructural.
“El estrés docente no es únicamente resultado de la carga de trabajo frente a grupo, sino de un sistema que ha delegado en los maestros funciones administrativas, sociales y emocionales que exceden su rol pedagógico. La evidencia muestra que, sin políticas de bienestar laboral y simplificación administrativa, la tendencia seguirá en aumento hacia 2030”, dijo.


