Esta carencia en la capital poblana va ligada a la capacidad económica de las zonas: entre más poder adquisitivo, mayor disponibilidad de vegetación, explican académicos
Claudia Espinoza
El déficit de áreas verdes en Puebla ha ido en aumento. Con apenas 2.4 metros cuadrados de vegetación por habitante –muy por debajo del estándar internacional de entre 9 y 15 metros–, la capital poblana enfrenta una distribución profundamente inequitativa de sus espacios naturales.
Esta carencia no sólo afecta la calidad del aire y la temperatura urbana, sino que incide directamente en la salud, la movilidad y el bienestar de miles de personas, especialmente en las colonias con menor poder adquisitivo.
Así lo consideró Antonio Ferrer Martínez, coordinador de la iniciativa Árboles Patrimoniales de Puebla, quien advirtió que la vegetación urbana está íntimamente ligada a la capacidad económica de las zonas.
“Generalmente, a mayor poder adquisitivo existe una mayor disponibilidad de áreas verdes, y a menor poder adquisitivo, menor disponibilidad”, señala.
Desde la Universidad Nacional Autónoma de México, el investigador Ricardo Sánchez Ulloa ha documentado fenómenos similares en otras ciudades del país. En su análisis sobre la alcaldía Álvaro Obregón en Ciudad de México, encontró que las zonas con mayor vulnerabilidad social son las que menos cobertura vegetal tienen.
“La vegetación urbana no puede seguir siendo un privilegio de las élites. Es un derecho colectivo que debe ser garantizado con criterios de justicia espacial”, afirmó.
Para Sánchez Ulloa, la sostenibilidad urbana sólo es posible si se corrigen las asimetrías territoriales que marginan a ciertos sectores del acceso a la naturaleza.
Ferrer consideró que “no existe un plan de manejo con perspectiva de 15, 20 o 30 años. Todo es inmediato y eso lleva a decisiones deficientes”. A esto se suma la presión del crecimiento urbano, muchas veces definido por intereses inmobiliarios que priorizan el aprovechamiento del suelo sobre la creación de espacios verdes.
Frente a este panorama, Ferrer propuso recuperar parte del espacio vehicular para instalar jardineras en esquinas y centros de manzana, una medida que permitiría acercar vegetación a zonas marginadas sin requerir grandes obras.
Subrayó la importancia de la participación ciudadana en el cuidado de parques y camellones, siempre que esté acompañada de orientación técnica, pues plantar sin conocimiento puede ser contraproducente.
Ambos especialistas coincidieron en que el espacio urbano debe pensarse desde una perspectiva inclusiva. No se trata sólo de sembrar árboles, sino de garantizar que cada habitante, sin importar su nivel socioeconómico, tenga acceso a un entorno saludable, seguro y digno.


