Ataques de ansiedad, depresión, obstrucción en el proceso de socialización e incluso tendencias a episodios suicidas, padecen niños de prescolar y primaria a un año de no ir a clases.
Juan Martín Pérez García, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim),así lo indicó, con base en las mediciones y entrevistas que se han realizado en el país.
Consideró urgente que los menores de edad regresen a las escuelas lo más pronto posible de una manera ordenada, gradual y segura, puesto que los perjuicios del aislamiento aún pueden ser reversibles.
Pérez García sostuvo que la necesidad de retornar a las aulas va más allá de las clases o del proceso educativo, puesto que la escuela es un lugar seguro para quienes padecen violencia y abusos en su familia.
El ideal de l as aulas consiste en que los menores puedan desarrollarse de manera plena, cumplan con sus procesos cognitivos y de socialización, además de que en estos sitios haya espacio suficiente para hacer ejercicio y convivir protegidos.
“En estos espacios, los maestros pueden darse cuenta de situaciones graves, como el maltrato; se puede ayudar a frenar algún tipo de violencia que estén sufriendo e intervenir antes de que sea demasiado tarde”, afirmó el defensor de derechos.
Resaltó que estudios realizados en México y otros países han demostrado que las afectaciones que acarrea la alta de clases presenciales son graves.
Los niños más pequeños han perdido capacidades sociales, como interactuar con otras personas, generar vínculos; incluso hay párvulos que perdieron el control de esfínteres y restaron vocabulario, agregó.
Con los adolescentes, la falta de interacción presencial les obstruye el ejercicio de gestionar la respuesta de los demás en tiempo real –en contraste con la inmediatez del mundo digital preproducido en videojuegos, por ejemplo– , estrechar lazos y aprender a establecer relaciones afectivas, eje de su desarrollo en la vida.
Episodios de ansiedad, depresión y tendencias suicidas ocurren ahora mismo en menores de edad que tenían como equilibrio o escape el desplazamiento a la escuela y su estancia ahí.
Sin escuela presencial, se intensificaron sus problemas, dijo.
Las medidas de prevención de contagio de COVID-19 son obligación para garantizar los derechos de los niños a tener un lugar seguro para educarse y desarrollar todas sus capacidades y tener herramientas para la vida.


