Durante 2020 y 2021, la pandemia de COVID-19 redujo drásticamente la movilidad, lo que provocó que sólo 20 mil regresaran en la temporada decembrina
Claudia Espinoza
Cada diciembre, miles de migrantes poblanos regresan a sus comunidades para reunirse con sus familias. Las estimaciones oficiales del Instituto Nacional de Migración (INM) señalan que entre 45 mil y 50 mil personas provenientes principalmente de Estados Unidos llegan a Puebla en el periodo comprendido entre el 12 de diciembre y el 6 de enero.
Este flujo se concentra en regiones como la Mixteca, el Valle de Atlixco, la Sierra Norte y la zona metropolitana de Puebla, donde la migración ha sido históricamente significativa.
El fenómeno se ha mantenido constante en la última década, aunque con variaciones derivadas de factores externos. Entre 2015 y 2019 las cifras se mantuvieron cercanas a los 50 mil retornos, impulsadas por la estabilidad laboral en Estados Unidos y la organización de caravanas que brindaban seguridad en el trayecto.
Sin embargo, durante 2020 y 2021 la pandemia de COVID-19 redujo drásticamente la movilidad, lo que provocó que muchas familias recurrieron a medios virtuales para mantener contacto y sólo 20 mil decidieron regresar en la temporada.
En 2022 y 2023 se observó una recuperación gradual del retorno, con cifras que nuevamente rondaron los niveles previos a la
pandemia.
Para 2024 y 2025 las autoridades y organizaciones civiles estiman que el número de migrantes que regresen se mantendrá en el rango de 45 mil a 50 mil.
Jorge Martínez, investigador en temas de migración de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que este retorno temporal no debe interpretarse como un abandono de los proyectos migratorios en Estados Unidos.
Señaló que la mayoría de los poblanos que regresan lo hacen por motivos familiares y culturales, y que después de las celebraciones vuelven a sus lugares de residencia en el extranjero.
Según el especialista, este patrón refleja la persistencia de la migración circular, que ha caracterizado a las comunidades poblanas desde hace varias décadas.
Martínez subrayó que el impacto económico del retorno es inmediato en las comunidades receptoras. El consumo en mercados, transporte y servicios se incrementa de manera notable, lo que genera un dinamismo temporal en las economías locales.
Sin embargo, advirtió que este efecto es pasajero y no sustituye la necesidad de políticas públicas que atiendan las condiciones estructurales de las regiones expulsoras de migrantes.
El investigador también destacó que las caravanas organizadas desde Estados Unidos, como la Caravana Migrante de Invierno, han sido un mecanismo de protección frente a los riesgos del trayecto.
Estas iniciativas, afirmó, muestran la capacidad de organización de los migrantes y la importancia de la solidaridad comunitaria en contextos de vulnerabilidad.
Al mismo tiempo, plantea que las autoridades mexicanas deben fortalecer la coordinación para garantizar seguridad en las carreteras durante estas fechas.
En las comunidades poblanas, el retorno de migrantes se traduce en una mayor participación en fiestas patronales y celebraciones familiares.
Este fenómeno refuerza la cohesión social y cultural, aunque también implica retos para los servicios públicos y la movilidad urbana, debido al incremento de personas y vehículos en un corto periodo.
El investigador Jorge Martínez enfatizó que el retorno decembrino es un recordatorio de la profunda conexión que mantienen los migrantes con sus comunidades de origen.
A pesar de las dificultades que enfrentan en Estados Unidos, la identidad cultural y los vínculos familiares siguen siendo elementos centrales en sus vidas.
Para el especialista de la UNAM, este aspecto debe ser considerado en el diseño de políticas de apoyo a migrantes, tanto en el país de destino como en el de origen.
La migración poblana hacia Estados Unidos ha sido constante desde mediados del siglo XX, y el retorno en diciembre se ha convertido en una tradición que marca el calendario comunitario.


