El escultor francés Georges Gardet irrumpió el siglo XX con sus obras gigantescas. Se especializó en animales y selló sus creaciones con la elaboración de detalles.
Aquí se le ve en su taller, en la recta final de la elaboración del escudo de México, el águila devorador, menester en que lo recomendó su paisano Emile Bérnard.
El alma es de acero y cobre.
En 1910 se proyectó para coronar el Palacio Legislativo porfirista, qué ahora es el Monumento de la Revolución.
Fue colocada sobre la pirámide del Monumento a la Raza que Lázaro Cárdenas inauguró en 1940.
Fotografía: Cortesía Fundación Elena Poniatowska Amor


