En 1906, cerca de 6 mil 800 obreros de la industria textil de Puebla, Orizaba, Tlaxcala y el entonces Distrito Federal estallaron la huelga.
Un trabajador describió las condiciones de su gremio: “13 horas diarias de la más ruda tarea, con retribución mala y trato nada benévolo, ¿quién las soporta?”
En un día como hoy, el arzobispo Ramón Ibarra González se ofreció a mediar entre huelguistas y dueños de las fábricas.


