La comida y las emociones se encuentran íntimamente ligadas; ante el estrés, la ansiedad, el miedo e incluso el fastidio generados durante el confinamiento obligado por la pandemia de COVID-19, cambió la relación con los alimentos: hubo personas que se sobrealimentaron, otras disminuyeron la ingesta.
Indicó lo anterior Mónica Murillo Fey, especialista en obesidad y trastornos de la conducta alimentaria, quien explicó que anorexia, bulimia y trastorno por atracón son las tres principales alteraciones consideradas en el manual diagnóstico y estadístico de trastornos de la conducta alimentaria de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.
Murillo Fey sostuvo que, si bien en México no hay estudios que midan los trastornos durante el aislamiento sanitario, sí se observó en la consulta privada un aumento de pacientes con problemas de alimentación.
La especialista sostuvo que, sobrepasadas por la crisis de vivir en un mundo con una enfermedad letal, hay quienes comenzaron a comer de forma anormal, aunque no todos los casos derivaron en un trastorno alimenticio.
Atribuyó los desórdenes de evitar la comida e ingerir alimento y vomitarlo a los estándares de belleza irreales y poco saludables difundidos en la sociedad y el prejuicio que hay hacia la gente con sobrepeso.
En promedio, cada 15 días se atendió a un paciente por trastornos de conducta alimentaria en hospitales del estado de Puebla. De enero al 7 de noviembre fueron atendidas 35 personas con anorexia o bulimia.
De acuerdo con el Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud, hubo más casos de mujeres (89%, 28) que de hombres (20%, 7).
El mayor número de pacientes con trastornos alimentarios se registró en Estado de México (350); le siguieron Chihuahua (269), Jalisco (202); Ciudad de México (179) y Nuevo León (161).


