Claudia Espinoza
La intoxicación por plomo en niños se ha consolidado como un grave problema de salud pública en México, con millones de menores afectados.
Datos del Instituto Nacional de Salud Pública indican que más de 3 millones de niños presentan niveles elevados de plomo en la sangre.
Puebla encabeza la lista de entidades con mayor proporción de menores intoxicados, seguida por San Luis Potosí y Tlaxcala.
La principal fuente de exposición es el uso de barro vidriado para la preparación de alimentos, una práctica cultural ampliamente extendida.
El plomo provoca daños irreversibles en el desarrollo cognitivo, el aprendizaje y la salud general de la infancia.
La mayoría de las familias afectadas desconoce la presencia del contaminante y no recibe información ni atención médica oportuna.
La problemática se agrava en comunidades indígenas y marginadas, donde confluyen la desnutrición y la falta de alternativas seguras.
Especialistas advierten que la intoxicación por plomo perpetúa la desigualdad sanitaria y limita las oportunidades de desarrollo a largo plazo.
Ante este panorama, se subraya la urgencia de implementar políticas públicas integrales que sustituyan el barro vidriado y prioricen la prevención como eje central de la agenda nacional de salud.


