En domicilios con menor ingreso, el tiempo dedicado a este trabajo no remunerado puede duplicarse o triplicarse
Claudia Espinoza
Las adolescentes mexicanas destinan en promedio más de tres horas diarias a labores domésticas y de cuidado, una diferencia de 80 minutos respecto a los varones, lo que impacta en su derecho a la educación, el descanso y la recreación.
El estudio de Unicef “Niñas adolescentes: trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en América Latina y el Caribe” advierte que en los hogares de menores ingresos esta carga puede duplicarse o triplicarse, profundizando las desigualdades.
En Puebla, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale al 30.6 % del PIB estatal, según el Inegi. De esa cifra, el 23.8 % lo aportan mujeres y solo el 6.8 % hombres, reflejando una brecha marcada en la distribución de responsabilidades.
Las poblanas dedican en promedio 40.7 horas semanales a estas actividades, mientras los hombres apenas 12.7. La preparación de alimentos absorbe casi un tercio de este tiempo, seguida de la limpieza y el cuidado de personas dependientes.
El informe señala que las adolescentes enfrentan limitaciones para acceder a oportunidades educativas y de desarrollo debido a la sobrecarga de trabajo no remunerado, un fenómeno vinculado a normas culturales y patrones intergeneracionales que asignan estas tareas a las mujeres.
La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2019 documenta que las mujeres en Puebla trabajan siete horas más que los hombres cada semana, al considerar tanto las labores remuneradas como las domésticas, lo que reduce sus posibilidades de desarrollo personal, profesional y académico.
Investigaciones recientes muestran que incluso en espacios universitarios las estudiantes asumen más tareas de cuidado que los varones, afectando su rendimiento y bienestar.
En contextos de precariedad económica, estas responsabilidades se vuelven una estrategia de supervivencia familiar.


