Fueron reportados 399 casos de abuso, 306 de violación, 191 de acoso y 29 de hostigamiento
Claudia Espinoza
Entre enero y mayo de este año, en el estado de Puebla se denunciaron mil 641 delitos de carácter sexual, según datos de la Fiscalía General del Estado.
El promedio diario alcanza los 10 casos, manteniendo una tendencia similar a la observada en 2024, cuando se reportaron 3 mil 865 delitos de este tipo en todo el año.
El abuso sexual figura como el ilícito más frecuente durante los primeros cinco meses del año, con 399 denuncias.
Le siguen la violación simple, con 196 casos; el acoso sexual, con 191; violación equiparada, con 115, y el hostigamiento sexual, con 29 reportes.
Se registraron otros 711 delitos vinculados a la libertad y seguridad sexual que no fueron específicamente tipificados.
Marzo fue el mes con mayor número de denuncias, con 200. Febrero, abril y mayo reportaron cifras similares, con 190, 188 y 187 delitos, respectivamente. Enero presentó la cifra más baja, con 165 casos.
La capital del estado concentra una parte significativa de esta incidencia. En la ciudad de Puebla se registraron 702 denuncias por delitos sexuales entre enero y mayo, siendo el abuso sexual el más común con 157 casos.
Las cifras de 2024 mostraron un patrón, al ser mil denuncias por abuso sexual, 458 por acoso, 419 por violación simple, 286 por violación equiparada, 82 por hostigamiento y mil 620 correspondientes a otras conductas que atentaron contra la libertad y seguridad sexual.
Nancy Granados Reyes, del Centro de Estudios de Género de la BUAP, ha expresado en distintos espacios académicos y de divulgación que la violencia sexual no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino como parte de una estructura social que reproduce desigualdades históricas.
En una presentación del libro “Resistencia y autoafirmación de las mujeres”, Granados sub-
rayó que es urgente construir alianzas entre mujeres desde todos los ámbitos para erradicar la violencia y la discriminación.
Según la especialista, la normalización de la violencia en sus múltiples formas –psicológica, física, sexual, económica– ha generado una cultura de tolerancia que debe ser desmontada desde la raíz.
Para ello, consideró fundamental el papel de la educación con perspectiva de género, así como la transformación de los discursos institucionales que muchas veces perpetúan estereotipos y silencios.


