Mariana Flores
La cifra de personas contagiadas por COVID-19 sin recuperarse, se triplicó en los últimos días al pasar de 79 a 259 casos en 23 municipios de la entidad, de acuerdo con la Secretaría de Salud del estado.
Los informes emitidos consideran a las personas que no han cursado 15 días de la enfermedad, o que no cuentan con una segunda prueba de detección de coronavirus con resultado negativo, como “casos activos”.
Para el reporte expuesto en conferencia de prensa matutina el 1 de julio, y que corresponde al día inmediato anterior, la cifra de casos activos de la enfermedad era de 79, que estaban distribuidos en 22 municipios.
Ayer, José Antonio Martínez García, titular de la Secretaría, reveló que en este rubro hay 259 personas portadoras del SARSCoV 2, con domicilio en 23 municipios de la entidad.
De las demarcaciones, la de mayor concentración de casos activos es la capital poblana con 167 casos, le siguen San Andrés Cholula con 23, San Martín Texmelucan con 13, Cuautlancingo con 10 y Atlixco con 9.
A la par, los nuevos casos positivos de la enfermedad también mostraron un incremento, pues mientras en junio el promedio diario de muestras de detección de COVID-19 que daban positivo era menor a 50, en la primera quincena de julio se mostró un promedio de 100 casos cada día.
Otro número que fue exponencialmente mayor, transcurridas las dos primeras semanas del séptimo mes, fue la de personas hospitalizadas en situación de gravedad, que requieren de ventilación asistida y se encuentran en terapia intensiva.
El informe del 1 de julio reveló 12 intubados, y el de ayer expuso 27.
El secretario de Salud del estado informó que concluyó la aplicación de primeras dosis al sector de población de 40 a 49 años de edad, así como segundas dosis a 50-59 años, en municipios de la Sierra Norte y Nororiental del estado, donde se logró hacer 62 mil 161 aplicaciones.
NO ES LO MISMO OÍR HISTORIAS QUE VIVIR EL CORONAVIRUS
A mi mamá le dio en mayo del 2020. A mí me dio en junio, un año después.
“A mi edad no creía posible que me diera. Ni cuando vi a mi mamá en cama con dolor, creí que me fuera a dar a mí, ya sabes, me sentí inmune porque estoy joven.
“Ya estando enfermo, pensé que si mi mamá la libró pues yo tenía más posibilidades.
“Claro que me asusté, no es lo mismo escuchar las historias de conocidos que vivirlo. Además, ya tenemos un año con esto y todos piensan: si no me dio el año pasado ya no me va a dar, pero no es verdad.
“No la pasé mal como mi mamá, no hubo necesidad de hospital afortunadamente. Sólo estuve en cama y aislado, deje de tener sentido del olfato y mi estómago se descompuso, pero no necesité oxigenación ni nada, la verdad es que agradecí que fuera así, leve”.
ENFERMEDAD Y TRAGEDIA EN VEZ DE AÑOS DE ORO
Zenaida vivió el dolor de perder a su esposo por COVID-19 y enfrentar ella misma gravedad hasta requerir oxígeno.
“No se lo deseo a nadie. Uno que ya lo vivió sabe lo que es estar ahí, que no te puedes levantar ni para ir al baño y ver a un familiar igual o peor que uno, es espantoso; tener que usar oxígeno, que nadie se nos pueda acercar, es algo horrible”.
Ella vivió 30 años en California, pero luego de retirarse del trabajo, decidió volver a su pueblo, Magdalena Tetela, en Acajete, en donde pensaba quedarse a vivir junto con su esposo Micky.
El virus los atacó. Ella pasó semanas en cama usando oxígeno, mientras que su esposo no resistió y perdió la vida por complicaciones de diabetes.
“Veníamos a quedarnos a vivir y al final solo lo vine a enterrar. Fueron momentos muy duros. Mi hijo se tuvo que venir desde Los Ángeles para cuidarnos, pero tenía que ser desde lejos; vio sufrir mucho a su papá”.
Su recuperación también ha sido lenta y si bien ya cuenta con el esquema completo de vacunación, sigue con los cuidados para evitar un nuevo contagio.
“Ya me dio, ya me vacuné y aún así trato de no salir, y si voy a la calle siempre con cubrebocas, si veo tumultos, mejor me alejo, aunque la verdad me preocupa mucho ver el transporte público, ahí ¿qué sana distancia puedes tener?, yo creo que deberían hacer algo las autoridades porque es un foco de infección importante”.
TEMOR A MORIR EN SOLEDAD
“Yo me contagié en las calles, por mi trabajo, porque tengo que salir todos los días.
“Afortunadamente, vivo solo y pude decirle a mi mamá que no iría a verla, como cada semana.
“Mis síntomas eran horribles: primero sí, es como una gripa fuerte, pero me dieron dolores de cabeza muy intensos, fiebre, pero la falta de aire… eso es la muerte.
Sí tuve miedo de morir, porque cada vez se siente como menos vida. “Me daba miedo por mi familia, porque ellos querían verme.
“Yo creo que lo más difícil es la soledad, me daba miedo morir solo, sin nadie, y más saber que mi cuerpo ni siquiera podría ser velado como se debe”.
“LOS 15 DÍAS MÁS LARGOS Y PESADOS DE MI VIDA”
“Fue justo en el pico de la pandemia, el año pasado, a mi esposo le detectaron primero COVID-19 y aunque fui al hospital a pedir ayuda, me mandaron a casa porque no estaba grave; no supe si era bueno o malo que no me internaran, pero obedecí y junto con mi esposo nos aislamos.
“Mis hijos tuvieron que irse a casa de mis papás, porque ellos no se contagiaron y yo no quería ponerlos en riesgo, fueron los 15 días más largos de mi vida, todo el día en cama, todo el día durmiendo, sin fuerzas.
“Ni siquiera podía hacer de comer; mi mamá nos dejaba comida en la puerta.
“Me dijeron en el hospital que si me ponía peor, regresara; pero no fue así.
“Me daba terror imaginarme en una cama con otros enfermos, me daba miedo no salir de ahí. Ahora que ya pasó tiempo creo que fue mejor que me diera en ese momento y no ahorita con tantas variantes del virus”.
MIEDO Y CULPA, DOS ENEMIGOS
“En el trabajo, tuve la oportunidad de confinamiento. Pero justo cuando regresamos a trabajar en esquema escalonado, como a la semana yo comencé a tener síntomas.
“Un día, regresé a casa después de haber ido a correr y me dio un dolor muy intenso de espalda; así seguí una semana más y cada vez era peor.
“Los síntomas a mí me duraron justamente una semana; cuando se me quitaron, mi pareja comenzó a sentirse mal.
“Eso me hizo sentir muy culpable, porque ella se complicó. “Nosotros gastamos como 12 mil pesos, y eso que ninguno de los dos requirió hospitalización. Ese dinero lo ocupamos en comidas y medicinas, porque los dos nos confinamos.
Así que si no tienes esa lana, mejor ni te expongas.
“Yo creo que lo más difícil de esta enfermedad es el miedo y la culpa: miedo de contagiar a tus seres queridos y la culpa si los contagias”.


