La presión social, la violencia familiar y la precariedad económica son factores que inciden en el deterioro emocional de los infantes, señala académico de la Ibero Puebla
Claudia Espinoza
En Puebla, uno de cada cuatro suicidios registrados en lo que va del año corresponde a menores de edad; la tasa estatal se mantiene por debajo del promedio nacional, pero con una proporción infantil superior a la media.
Entre enero y julio de 2025, Puebla ha documentado 123 casos de suicidio, de los cuales 32 corresponden a niñas, niños y adolescentes, con base en los datos del Centro Poblano de Salud Mental Integral para Niñas, Niños y Adolescentes (Ceposami).
La cifra representa 25 % del total estatal en lo que va del año, proporción que supera el promedio nacional para este grupo etario.
La Secretaría de Salud estatal indicó el histórico de suicidios en Puebla durante los últimos cinco años, incluyendo el periodo de pandemia. En 2020 se registraron 336 casos, en 2021, 351; en 2022, 291; en 2023, 370, y en 2024, 354. La tendencia muestra fluctuaciones, con un incremento sostenido desde 2022.
A nivel nacional, el Inegi reportó 8 mil 856 suicidios en 2024, lo que equivale a una tasa de 6.8 por cada 100 mil habitantes.
Las entidades con mayores tasas fueron Chihuahua (16.4), Yucatán (16.2) y Aguascalientes (14.3). Puebla se mantiene por debajo de estos niveles, pero el porcentaje de suicidios en menores de edad es más elevado que el promedio nacional.
En cuanto a atención especializada, de enero a julio de este año se han brindado servicios de paidopsiquiatría a 992 menores por ansiedad y depresión, lo que equivale a un promedio de 124 casos mensuales.
Los trastornos más frecuentes en niñas, niños y adolescentes incluyen condiciones del neurodesarrollo como el autismo y el retraso mental leve, así como trastornos afectivos como la distimia, episodios depresivos y ansiedad.
Mariana Ríos Ortega, investigadora en psicología clínica de la Universidad Iberoamericana Puebla, señaló que el incremento en suicidios infantiles refleja una falla estructural en la detección temprana de trastornos afectivos.
Según Ríos, la saturación de servicios de salud mental y la escasa capacitación en entornos escolares dificultan la intervención oportuna.
Por su parte, el sociólogo Javier Torres Meneses, también académico de la Ibero Puebla, advirtió que el fenómeno debe analizarse desde una perspectiva comunitaria.
Afirmó que la presión social, la violencia familiar y la precariedad económica son factores que inciden en el deterioro emocional de los menores.
Torres subrayó que las políticas públicas deben incorporar estrategias de prevención con enfoque territorial y participación comunitaria, más allá de la atención médica especializada.


