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Visión progresista y plural para BUAP: Grajales y Porras

Crónica Puebla por Crónica Puebla
26 julio, 2021
en Metrópolis
Visión progresista y plural para BUAP: Grajales y Porras

Foto: Hilda Ríos / Agencia Enfoque

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Felipe Flores Nuñez

No hay duda que la maestra Guadalupe Grajales y Porras es proclive a ser primera en todo.

Ya es la primera mujer que ocupa la Secretaría General de la Universidad Autónoma de Puebla, cargo que ostenta desde hace año y medio, tras una vasta y reconocida carrera académica.

Ahora aspira también a ser la primera mujer que ocupe la rectoría en la historia de la máxima casa de estudios de la entidad.

Por lo pronto y también antes que nadie, es la primera entre los posibles candidatos y candidatas en levantar la mano públicamente para expresar que tiene ese alto objetivo.

¿Aunque, como dicen, no sea la favorita del actual rector?, le pregunta Crónica Puebla.

“No lo sé, pero puedo volverme la favorita”, dice con buen humor y entona parte de la canción “La favorita de mi profesor”, que Julissa hizo popular a finales de los años 60.

Asienta que en realidad lo que quiere es ser la favorita de los universitarios, “porque tengo propuestas, tengo la experiencia, una amplia trayectoria y también un gran deseo de servir”.

Lo más importante, enfatiza, es que en el proceso de sucesión rectoral participe toda la comunidad universitaria, “y que no dejemos que la pandemia o que una campaña que probablemente será virtual lo impida. Lo relevante es no dejar que alguien más decida por nosotros; que sean los universitarios los que participen y definan el rumbo de la universidad”.

—¿Por qué declarar abiertamente su interés por llegar a la rectoría, esa no ha sido la costumbre…?

—Me lo han preguntado y es por la convicción de que si se tiene la voluntad política de representar a una universidad como la nuestra, entonces debe decirse, se debe mostrar esa convicción por dirigir a la institución.

“Pero además, porque es una forma de decirle también a los universitarios que la política más genuina es aquella que se hace de manera abierta y no entre grupúsculos, entre facciones al interior de la Universidad; si uno aspira a dirigir a una universidad como ésta, la política debe ser abierta”.

—¿Pediría también a los que aspiran al cargo que hicieran lo mismo, que se “abrieran”?

—Sí, claro. —responde sin titubeo —porque tengo la apreciación de que de algunos años para acá existe un proceso “despolitizador” dentro de la universidad que me parece dañino; al contrario, una de las funciones de la universidad es formar a ciudadanos críticos, plurales, participativos, interesados en todos los procesos.

“Y eso no es posible si no se hace política de manera abierta, que incluye la información, el derecho a saber y a conocer las distintas opciones”.

Y va más allá al asentar que las personas no pueden tomar una decisión respecto al voto que van a emitir si no tienen esta información. “Y lo que uno quiere es que todos participen; las y los estudiantes y profesores conozcan los distintos planes de trabajo y a las personas y su trayectoria, para que puedan tomar una mejor decisión”.

Con el bagaje de sus 50 años en la institución, donde se inició como maestra fundadora de la Escuela Popular –ahora Emiliano Zapata– incluso sin recibir remuneración y como apoyo social, atribuye la “despolitización” a un modelo universitario que se implantó un tanto alejado de las viejas tradiciones y de la historia institucional.

“Esta era una universidad que siempre había estado presente en todos los movimientos sociales del estado y del país; eso se ha perdido”.

Cree que no estaría mal evaluar cuál fue el impacto de esas políticas públicas, “sobre todo las educativas, en el ámbito de nuestra universidad, para saber qué nos trajo de benéfico y qué no, porque pienso que se dio una visión distinta a la de nuestra universidad, al menos a la que a mí me tocó, respecto a sus rasgos de crítica y plural, que de alguna manera se abandonaron”.

—¿Pugnaría, de ser rectora, por retomar esos valores?

—Sí. Y es que todos hablan, y no me refiero sólo a la actual administración federal, también las anteriores, de la pertinencia social de los programas educativos y nadie está en contra de eso; todos coinciden que los programas educativos tengan que ver con los problemas sociales. Yo veo que esa pertinencia social no se cumplió en varios años, aunque ahora sí hay un acento en ese propósito.

Sobre la circunstancia inédita que haya dos mujeres en la disputa por la rectoría, aclara que son las personas las que se pueden postular, no necesariamente hombres o mujeres, “son las personas y su trayectoria”.

“Pero sí es singular. No sólo nunca ha habido rectoras, sino que ni siquiera mujeres que se postularan, que figuraran entre los posibles de llegar al puesto. Ahora no y eso me parece muy bueno, reconociendo que es resultado de un trabajo de las mujeres en general”.

“Me dicen que soy la primera mujer que es secretaria general y estoy orgullosa de serlo; pero no es un logro meramente personal, creo que hemos avanzado en esa lucha por lograr la igualdad y la equidad entre mujeres y hombres. Pienso que esa línea de despegue de las mujeres fuera y dentro de la universidad hay que fortalecerla, alimentarla, contribuir en ello”.

—¿Por qué cree que usted puede ser rectora?

—Para empezar, tengo los requisitos y defiendo la posición de respetar las normas; para ser secretaria general tenía que cubrir los requisitos para rector por la eventualidad de una suplencia. “Y tengo también la trayectoria, que significa el camino que se ha recorrido, el trabajo desempeñado, el comportamiento y cómo se ha respondido en momentos en que la institución ha requerido de la participación”.

En la víspera de que se publique la convocatoria para la sucesión rectoral, dice estar muy orgullosa en que la mayoría de los puestos que ha ocupado han sido de elección, como consejera universitaria, de unidad, de gobierno y en la coordinación de los colegios de Filosofía y de Ciencias del Lenguaje.

“He logrado consensar con mis compañeros en torno a mis funciones porque he tenido una visión progresista y plural donde he transitado”.

Foto: Hilda Ríos / Agencia Enfoque

—¿Visión progresista y plural que tendría para la BUAP?

—Sí, desde luego. Hemos visto crecer la universidad también gracias a ese pluralismo, no solo académico, en el que la universidad es ejemplar, sino también en el político, que le ha permitido crecer y que debemos cultivar más para lograr que los universitarios participan ampliamente en las decisiones centrales que definen nuestro destino. Tenemos la estructura para hacerlo, todos los universitarios estamos representados en los organismos colegiados de gobierno de manera paritaria; nos gustaría que hubiera más discusión en algunos casos.

—Tiene experiencia académica y administrativa; ¿política?
—Alguien que piense dirigir a una universidad como ésta debe tener la capacidad de consensar, además de otras condiciones que se pueda diferenciar entre los distintos grupos políticos.

Agrega que los grandes objetivos de la universidad los comparte la comunidad, “todos quieren que crezca, se consolide y genere mejores condiciones para los estudiantes y el profesorado, el punto es cómo lo logras”.

Para eso, “debes lograr la unificación al interior: que los universitarios te reconozcan con el liderazgo necesario. Es cuestión de voluntad, pero también de experiencia y capacidad probada”.

Uno se hace en la universidad, afirma. “Es como el gran salón de clases de los políticos; tenemos aquí muchos años ha ciendo política, que es una de las tantas cosas que la universidad nos ha enseñado a hacer”.

Plantea, por ejemplo precisar el tipo de docente ideal para cada profesión, que implica más maestros de tiempo completo en algunas licenciaturas y condiciones distintas en las llamadas “áreas profesionalizantes”, como medicina, ingeniería y otras, donde los mentores también ejercen su profesión.

Reconoce que la pandemia de COVID-19 exigirá al menos a corto plazo una adecuación en los modelos educativos y profundizar en los sistemas abiertos, donde ya hay algunos avances.

No obstante, defiende la posibilidad de mantener las clases presenciales hasta donde sea posible y con grupos reducidos, para lo cual habría que implantar criterios muy específicos y diversos en cada licenciatura, explorando también, como se hace en Europa, en los modelos híbridos.

Grajales habla también sobre los asuntos torales de la vida universitaria. Refiere del “orgullo BUAP” que debería  acrecentarse, de los pasos importantes con la regionalización para atender las necesidades de cada zona, proyecto que debería ampliarse, y del valor de la autonomía más allá de lo que dicta el precepto constitucional “por la importancia que implica gozar libertades, como de financiamiento, de cátedra y, desde luego, de elegir a sus directivos”.

También refiere la proclividad que tiene la universidad a los cambios, a su capacidad de adaptarse a nuevas dinámicas sociales y educativas, aunque advierte que “el chiste no es saber mover la máquina, sino cómo hacer que ese movimiento no nos disgregue, distancie y nos pueda volver extraños unos con otros. Somos los jefes de las máquinas y no al revés”, asienta.

El tema de la relación de la universidad con el gobierno no le incomoda. Acepta que no siempre ha sido en los mejores términos, pero define que, para ser buena, debería sustentarse siempre en el respeto mutuo.

“Finalmente los objetivos de un gobierno y de una universidad no son distintos: ofrecer oportunidades de estudio, ofrecer educación de buena calidad, oportunidades de insertarse en un mercado laboral en las mejores condiciones; es evidente que se comparten esos objetivos”.

Con una relación de respeto, indica, “lo demás se va a dar por añadidura; respeto y colaboración; participar de la mano de los gobiernos municipal y estatal para resolver juntos los problemas de la comunidad a nivel local y regional”, concluye.

Etiquetas: BUAPeducacionGuadalupe Grajales y PorrasmetropolisMéxicoPuebla

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