Por: Dulce Liz Moreno
Sí, tenemos que hablar de funerales. De cremación. A eso nos obliga la peste que toca la puerta de casa. “De eso no se habla”, “toco madera, “¡la boca se te haga chicharrón!” deben dar paso a nuestros peores temores.
Pero, dicen los expertos, también a nuestros propios deseos de qué queremos que ocurra con nuestras cosas queridas, nuestras posesiones, nuestros recuerdos y, durante esas charlas, decir a quienes nos oyen cuánto amamos los momentos buenos, qué difíciles han sido los malos y cuánto lamentamos los más amargos.
Y, así, vivir. Vivir diciendo ¡cuánto gusto me da verte!, por si la ruleta rusa nos impide saber cuándo pronunciar: “adiós”.









