El asesinato de defensores del agua agravia aún más a los campesinos saqueados por esta firma transnacional
Arturo Luna Silva
El tiroteo a quemarropa que arrebató la vida a los campesinos Jorge y Alberto Cortina Vázquez se suma a las múltiples e importantes implicaciones sociales, económicas, políticas y medioambientales de la operación de Granjas Carroll en los lindes de Puebla y Veracruz.
La periodista y activista ambiental Silvia Ribeiro ha documentado la resistencia de comunidades campesinas, vecinas del criadero de cerdos transnacional, contra la sobreexplotación del agua que las ha dejado sin cosechas por sequía.
Los agricultores fueron baleados por agentes de la Fuerza Civil, división de la policía estatal veracruzana.
Eran parte del Movimiento en Defensa del Agua en la Cuenca Libres-Oriental que el jueves 20 bloqueaba la carretera federal en protesta por la contaminación y las enfermedades que provoca la operación de Granjas Carrol.
La Fuerza Civil dispersó a los agricultores con gas lacrimógeno y disparos.
Ribeiro describe la extracción indiscriminada de agua, la contaminación que el criadero porcino genera y las enfermedades que provoca a la población.
El gobierno federal halló que en esta empresa se originó –por multiplicación de cepas– la pandemia de la llamada gripe A(H1N1), que tuvo al país en crisis sanitaria en 2009.
La compañía es propiedad de la firma china WH Group, que tiene como subsidiaria a la estadounidense Smithfield Foods.


