Asael Nuche González – Director de Riesgos de Etellekt
Por semanas, se ha visto al Presidente López Obrador, mostrar desdeño hacia las medidas sanitarias indicadas por su propio gabinete, mientras intenta continuar con una agenda propia, a pesar de que todos los jefes de Estado en el mundo están liderando a sus países contra la pandemia; a esto hay que sumar que la comunicación oficial está divorciada de los medios porque el Ejecutivo federal los considera adversarios de su proyecto de transformación. López Obrador está en una cuarentena política infranqueable por su incapacidad para entender que los medios de comunicación condicionan el discurso político que moldea a la opinión pública.
A lo anterior, se suma la resistencia de AMLO para procesar que la crisis del Covid-19, no sólo modificó de manera radical las perspectivas económicas de su gobierno, pues él había calculado que este año se habría de recuperar el crecimiento económico, una vez que el elefante reumático, como él se refiere al aparato burocrático, acelerara su marcha, sino por ensimismarse y pelear con todo aquel que le advierte que es necesario que revire en medio de la tormenta.
Aun cuando López Obrador siempre ha sido favorable al uso de las “benditas redes sociales”, ante la avalancha de críticas ahí alojadas, ahora las acusa de estar llenas de contenido manipulado y fake news. El Presidente no sólo se nota tenso en el manejo de esta crisis, sino frustrado, porque mientras él quisiera seguir hablando de los cachitos del avión, de los avances de Dos Bocas o el Tren Maya, la pandemia lo ha rebasado en todos sentidos. Sólo dos miembros de su equipo están sacando a flote al gobierno, porque si asumieran la actitud del Presidente, todo su aparato se habría derrumbado.
En medio de la tormenta, AMLO ha defendido sus giras y eventos públicos argumentando que en política no hay vacíos, pero no se da cuenta que él creó el vacío al dejar pasar tiempo en la respuesta a la pandemia, y al ver cómo la iniciativa le era arrebatada por gobernadores, empresas y ciudadanía. Precisamente por esta actitud, sus niveles de aprobación han comenzado a cobrar factura ante su inacción. Tuvo que ceder la vocería del gabinete de crisis al Doctor Hugo López-Gatell, quien prácticamente se ha convertido en su álter ego nocturno, para darle voz a un gobierno que se niega a admitir que el escenario económico podría descarrilar varios proyectos, a los cuales está atado el liderazgo del Presidente, y junto con ellos, ve caer aún más su aprobación, que según varias encuestas, ya está por debajo del 50%. La caída de más de 11 puntos en la aprobación presidencial, desde febrero del 2019, debería llevar a un cambio total en su equipo de comunicación.
La pandemia del Sars-Cov-2 le ha significado a López Obrador un adelantado fin al sueño transformador y un banderazo de salida para los presidenciables. Por un lado, la distancia que tomó la propia Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, para gestionar la crisis en la Ciudad de México, anunciando medidas que se han visto más contundentes que las que ha adoptado el gobierno federal. Mientras el Presidente frenéticamente entra en confrontación directa con los medios de comunicación, casi de manera cotidiana, y los acusa de intentar un golpe de Estado desde la opinión pública, la Jefa de Gobierno permitió que un periodista, de esos que López
Obrador acusa de chayoteros, suba a un helicóptero de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, para que escriba un reportaje. ¿Coincidencia?
Por otro, lado el Doctor Hugo López-Gatell quien de facto es el secretario de Salud y se ha apropiado de un espacio privilegiado, también ha entendido que su mensaje no puede prescindir de los medios de comunicación para lograr su cometido. De igual manera, a contra corriente de lo que hace López Obrador, que es aislarse en su conferencia matutina, a diario atropellando la sana distancia, López-Gatell ha sido entrevistado por periodistas de importantes medios de comunicación, que fungen como caja de resonancia para las palabras del doctor.
Desde la oposición, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, también adoptó decisiones por delante del gobierno federal y lo confronta directamente por bloquear la llegada de 20,000 pruebas rápidas para coronavirus que solicitó su gobierno, nuevamente, antes de que lo hiciera el elefante reumático de López Obrador.
Desde luego, Marcelo Ebrard, otro de los pretendientes de la candidatura, ha tomado lugar en la conferencia vespertina a lado de López-Gatell, con la finalidad de evitar que el médico pueda tomar una ventaja que pueda ser determinante en el futuro. En su comparecencia ante el Senado de la República en diciembre del año pasado, fue criticado por extralimitarse en sus funciones, a lo que respondió, “tenemos mucho presidente y no necesitamos vicepresidente.” ¿Por qué ahora nadie de la oposición cuestiona al Canciller por asumir una vicepresidencia de facto?
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