Alejandro Montiel Bonilla / Segunda Parte
Conocí a la doctora Stella María González Cicero hace más de 21 años. Sin duda, una de las personas que me han causado una de las mayores impresiones, por la meridiana exposición en la claridad de sus conceptos, su visión sobre el patrimonio documental de México y su implacable método de trabajo. Las conversaciones con ella, durante varios años, no eran sencillas, sus altas expectativas sobre los resultados que siempre se deben lograr ponen a prueba a todos los equipos humanos. Si los gobiernos, dentro de sus equipos de trabajo, tuvieran al menos a una persona como la doctora González Cicero, podrían resolver fácilmente muchas de sus tareas.
Y, last but not least, mi querido amigo, el maestro Jorge Garibay. Jorge es un formador nato de investigadores, pero mucho más allá de formar solo el intelecto, Jorge es un formador de espíritus intelectuales, a través de lo que él denomina su “pastoral cultural”. Nunca terminaré de agradecerle todos los consejos, observaciones y comentarios que tuve la fortuna de recibir de él. Estoy seguro que cientos de personas en México y en el mundo escribirían algo similar.
Jorge me enseñó la gran importancia que tiene la obra civilizatoria de la Iglesia en el patrimonio mexicano. Jorge contagia el gran amor que tiene por el libro antiguo, Jorge logra con palabras, siempre amorosas, llevar a buen puerto cualquier proyecto que se proponga. Pero lo más importante para mí, Jorge me regaló su amistad que
siempre llevaré en el corazón.
Por supuesto que Adabi (Asociación de Archivos y Bibliotecas) consta de muchas personas, todas valiosas, a las que también les doy mi reconocimiento y agradecimiento por conservar el patrimonio mexicano.
En este espacio, sólo quise hablar del núcleo inicial de Adabi, del que yo conocí.
Muchas obras por delante tiene Adabi, su influencia se extiende ahora por varios continentes, sin embargo, me preocupa su futuro, como el futuro de todas las instituciones culturales del país, tanto públicas como privadas, ojalá el gobierno federal pusiera en un rol central a fundaciones como Adabi, cuando se toman las decisiones sobre el patrimonio mexicano. Los gobiernos deben comprender que su rol como dueños absolutos del patrimonio ha terminado; ahora, más que nunca, su legitimidad solo será reconocida en la medida en que tengan capacidad para incluir a las asociaciones civiles dentro de sus procesos de decisiones.
Solo el camino que lleva a la colaboración profunda entre asociaciones como Adabi y gobiernos podrá lograr que el patrimonio de México deje de estar en grave peligro.
¡FELICIDADES Y LARGA VIDA A ADABI!



