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¿A quién beneficia el “súper peso”?

Crónica Puebla por Crónica Puebla
6 febrero, 2023
en Opinión
maquila peso

Foto: Cuartoscuro

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Notas para una defensa de emergencia

Silvino Vergara Nava / correo: [email protected] web: parmenasradio.org 

El mercado, la producción, el capital y la tecnología conocen cada vez menos
fronteras nacionales. ¿Una economía global ilimitada no constituye un avance
respecto a la economía nacionalmente limitada, de forma análoga a como ésta lo
fue en su día respecto a la economía local o regional?
Hans Küng

S e ha hablado mucho del valor del peso ante el dólar y, desde luego, ante el euro; sin embargo, los análisis se  centran en México en simples razones políticas: en el mérito del gobierno mexicano y sus planes  gubernamentales.

Los que están a favor de este argumento lo comparan con lo sucedido en otros gobiernos que fueron un fracaso, sobre todo al final de cada sexenio, con devaluaciones impresionantes.

Por su parte, los que están en contra de este gobierno federal sostienen que es algo que no tiene que ver con las políticas del gobierno, si es que las hubiera, pues al parecer está todo a la deriva, sobre todo en la parte  económica, y la prueba fehaciente es que nunca hubo ayuda del gobierno federal ante la COVID-19; por el contrario, cada quien quedó a su suerte.

Otras de las razones del valor del peso, para sostener el mote de “súper peso”, es económica, pero no desde la  economía local, sino desde el ámbito global.

En principio, la guerra económica entre Estados Unidos de América y China, que ha ocasionado que la industria  norteamericana dé una vuelta y pretenda que los procesos de producción regresen a su propio territorio o, por lo menos, a lugares más cercanos que la india y China, que durante algún tiempo han sido las grandes  maquiladoras del mundo.

Por ello es que parte de la producción que alguna vez estuvo en aquellos países asiáticos se ha instalado en  México y países cercanos a Estados Unidos, a lo que se le ha denominado como nearshoring, lo que ha  provocado que el peso se encuentre en los precios en que ahora oscila.

Lo que no se dice respecto al valor del peso, por el que se denomina “súper peso”, es la razón jurídica que tarde o temprano revolucionará a nuestra nación, tal y como sucedió con el mundo después de la caída de las torres  gemelas el 11 de septiembre de 2001; simplemente, el mundo jurídico se transformó. Fue la justificación de la  permanente vigilancia que se instaló en los sistemas jurídicos de las naciones del mundo occidental a los  ciudadanos. Hoy, cada ciudadano es vigilado por sistemas tecnológicos, para que cuando se requiera tener a la  mano esa información y hacer uso de ella, se tenga a la brevedad posible, y que ha provocado el gran  consumismo de todo el conocimiento de la tecnología de la información.

Así como esta modificación jurídica se sucedió en el mundo, lo mismo pasó en México con el primer Tratado de  Llibre Comercio entre México, Estados Unidos de América y Canadá a partir de 1994, pues la economía mexicana  se modificó para convertirse en lo que enfatizó el pasado 29 de enero de 2020 el presidente Donald Trump, en el  sentido de que México pasó a ser la maquila de aquellos países. En otras palabras, la economía mexicana se  convirtió en un monopsonio, pues las empresas, fábricas, talleres y oficinas trabajaban y contaban –como sucede  hasta el momento– con un solo cliente o muy pocos clientes para procesar productos y marcas extranjeras.

Atendiendo a esos ejemplos de esos cambios, la razón jurídica que se puede vislumbrar por la que el peso se encuentra con ese mote de “súper peso” es el nuevo tratado internacional de libre comercio, documento jurídico  que ha sustituido al anterior tratado de libre comercio y que entró en vigor el 1 de julio de 2020, que se ha  sostenido por el gobierno federal de Estados Unidos de América desde aquel icónico discurso de su presidente el 29 de enero de 2020, quien dijo que este tratado internacional sería verdaderamente un tratado de libre  comercio y no de subcontratación.

Por ello es que se ha puesto en México por decreto el aumento del salario mínimo, con incrementos nunca antes  vistos, o bien la reforma de las outsourcing, la reforma de las vacaciones dignas, la reforma que extingue a las  juntas de conciliación, las reformas sindicales; todo ello, para dejar atrás ese sistema de maquila, con la finalidad  de que México no represente interés a las empresas norteamericanas, para mantener las maquilas, procesos de
producción y mano de obra en este país.

La propuesta actual es que en mediano plazo se nivelen los salarios de México con los países del norte, o por lo  menos que la zanja no sea tan amplia entre estos salarios; por ende, el complemento para todas estas medidas  nace de un documento jurídico, como lo es el nuevo tratado de libre comercio, para evitar que el valor del peso  sea tan inferior como lo ven los norteamericanos en relación con el dólar, lo que convirtió por muchos años a  México en un lugar atractivo para instalar plantas procesadoras de mercancías, los denominados call-center que  aún funcionan en nuestro país, y para contratar mano de obra para servicios de maquila, todo ello debido al  atractivo de los salarios bajos, mínimas prestaciones laborales (outsourcing) y el valor del dólar ante el peso.

La propuesta con este nuevo tratado de libre comercio es acabar con eso, y esa es la razón por la cual el peso  cuenta con ese valor, pues si el interés fuera otro, el valor más alto de nuestra moneda convendría para la  industria mexicana maquiladora, que está atravesando una crisis aguda, o bien para los familiares de tantos  millones de migrantes que cada mes rompen récord en envío de dinero.

Si esos dólares tuvieran un valor más alto, desde luego que beneficiaría tanto a la industria maquiladora mexicana, que es la gran parte de la industria mexicana, como a los millones de mexicanos que se benefician con las remesas.

Por ello es que la respuesta a la pregunta ¿a quién beneficia el “súper peso”? es jurídica.

México se está transformando con este nuevo tratado, y no lo queremos ver, menos aun reconocer.

Para prueba, el “súper peso”.

Etiquetas: economiaMéxicoopinionpesoPuebla

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