Adolfo Flores Fragoso / [email protected]
“Cambia a Parler: WhatsApp te vigila”. “WhatsApp revelará tu información de Facebook. Bloquéalos”. “WhatsApp te sigue: date de baja”.
Estos fueron los mensajes divulgados por el grupo extremista estadounidense de derecha QAnon, desde el 6 de noviembre de 2020, después de que las tendencias de las elecciones de los tres días anteriores no favorecieran a Donald Trump.
Conscientes de que serían bloqueadas sus noticias falsas y sus cuentas alarmistas en WhatsApp y Facebook, las agrupaciones ultra conservadoras estadounidenses anticiparon estos mensajes para generar incertidumbre entre los 75 millones de electores que votaron a favor de Trump. Pero permearon tanto sus mensajes en las redes mundiales que, surge la duda, ¿por qué también en México en semanas recientes?
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Confiesa @ariehkovler (Arieh Kovler, analista político y comunicador consultor independiente) que después de ver las noticias matutinas del 19 de diciembre de 2020 tuvo la intuición que algo extraño sucedería y publicó en su cuenta de Twitter: “Los foros pro-Trump están muy entusiasmados con el llamado (de Trump) a una protesta masiva en DC el día que el Congreso cuente los votos del Colegio Electoral. Muchos lo ven como el llamado a una movilización que muchos están esperando”.
Tenaz lector y analista de la letra chiquita, Kovler se ‘desmañanó’ el 21 de diciembre de 2020 para escribir en Twitter: “El 6 de enero, milicias ‘trumpistas’ armadas se manifestarán en DC, por orden de Trump. Es muy probable que intenten asaltar el Capitolio después de que sea certificada la victoria de Joe Biden. Es algo no asimilado todavía. Es gente enojada con los demócratas. Y están enojados (también) con el Partido Republicano por no poner un alto a la democracia. Odian a los medios de comunicación y muchos consideran que Whatsapp y la policía también están involucrados…” Este mensaje movió a la inteligencia interna de los Estados Unidos.
Lo detectaron. Pero no hicieron nada.
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Un vecino de la demócrata Nancy Pelosi, presidente de la Cámara de Representantes, pasó frente a su casa, cerca de las 2:00 de la mañana del viernes 1 de enero de 2021. Alarmado, reportó la cabeza de un cerdo y sangre en el jardín frontal de la senadora estadounidense. La investigación reportó que el animal era de hule y que la sangre era sólo pintura en aerosol.
Pero ahí había quedado el mensaje siciliano. Por “coincidencia”, en la madrugada próxima posterior a ese viernes –a la misma hora, dos de la mañana–, la fachada del senador republicano Mitch McConnell, líder de su mayoría, fue vandalizada en Louisville, Kentucky, reclamándole sus recientes decisiones anti-Trump. “Traidor. Cerdo. ¡Morirás!” Tiempo marcado (o timing terrorista, creo que es el anglicismo) es lo que los servicios secretos leyeron. E investigan hasta hoy.
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Ni el Departamento de Justicia, ni la Suprema Corte de los Estados Unidos hallaron base alguna para perseguir el
“fraude masivo” que alegaron los republicanos perdedores, comenzando por Donald Trump. El Colegio Electoral confirmó a Biden como presidente electo el lunes 4 de enero de 2021, y así quedaron a su favor los números.
El martes 5, el propio Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado (el republicano más poderoso del Capitolio), liberó el tiro de gracia reconociendo, por primera vez, la victoria del demócrata. Y solicitó al resto de senadores republicanos que no apoyaran intentos de rebelión, ni se sumasen a “ilusorias maniobras” de objeción a la ratificación de los resultados del 6 de enero en el Congreso.
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“Lo que Trump logró fue integrar y fortalecer una ‘coalición de descontentos’ y eso fue lo que le dio vigencia y fortaleza frente a sus opositores”, declaró el profesor e investigador en Ciencias Políticas, Christopher Browning. “¿Es Trump un líder fascista o un advenedizo improvisado pragmático? Eso no lo sabemos por el momento”, reconoció Browning. “No veo (a Trump) como un candidato independiente, sino como una alternativa futura de muchos estadounidenses descontentos radicales y defensores de nuestro país. Muchos, 75 millones de votos que obtuvo, estarán detrás de él. Eso preocupa”, advirtió.
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La toma del Congreso de los Estados Unidos, hoy, pasa a segundo término. ¿Qué sigue? Ya no es el comunismo, sino una derecha extrema que gana espacios en el mapa político global. Pero, ¿a cambio de qué? Una respuesta que pocos atreven solventar.
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“El ascenso del post-facismo se produce en un contexto profundamente distinto del que vio nacer al fascismo, en las décadas de los 20 y 30 del siglo XX. Surge en una época post-ideológica marcada por el hundimiento de las esperanzas del siglo XX y se encuentra limitado por una temporalidad ‘presencial’, que excluye todo ‘horizonte de expectativa’ más allá de las citas electorales”, advierte Enzo Traverso en su reciente libro Las Nuevas Caras de la derecha (2018). No es neofascismo.
Es post-facismo, habría que aclarar. Y Traverso va más allá para acuñar un concepto transicional (en transformación, pues), con la intención de señalar el comienzo de un fenómeno embrionario que todavía no está completamente delineado: movimientos políticos racistas, xenófobos y machistas, que han puesto en el debate público temas como la seguridad nacional, la defensa de una cultura identitaria y la protección de las soberanías nacionales y etcétera.
Temas que cotidianamente leemos también en México a través de fake news, memes, y bad post. Como si QAnon ya estuviera presente en nuestro país.
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Nuestra historia está al borde de una alcantarilla. Detrás de ella, las aguas negras de la ignorancia de las derechas. Igual en Estados Unidos. Igual en nuestro país. México.


