Adolfo Flores Fragoso / [email protected]
Manhattan suele ser a veces más fría que una carta en blanco. O un mensaje, sin tal. Un café en el Tap Haus 33 (de la Calle 33, obvio) alivió la espera y lo helado de aquella tarde de 2019.
Los curiosos son vulnerables a la certeza que ignoran. Los reporteros somos muy vulnerables a las bajas temperaturas que puedan cancelar alguna cita trascendente.
“Lo sé y lo sabemos: mataron a tu gobernador”, dijo un abrigado George arribando y sin preámbulo, mientras yo intentaba una buena fotografía del Empire State sin nubes, con sol, con viento helado, misma que logré desde un incómodo banquito, con cielo azul, tan frío y despejado. Tan invernalmente neoyorkino.
“Ya inició febrero y la nieve viene en camino. Cambiemos de lugar”, propuso. A la vuelta está el Bonchon, un restaurante de alimentos asiáticos de muy extraña procedencia, pero recurrente para los turistas snobs. Prefiero los panes rellenos con queso cremoso y los sándwiches gourmet y el café de la Panera, que está cruzando sobre esa franja turística enfrente de la acera sur del Empire. Pero dependía del ánimo y protocolos locales de George.
“¿Y qué ganas con saber cómo mataron a ‘tu’ gobernador?”, insistió, mientras albergaba en sus manos el primer gin Bombay. “Es interesante saberlo”, le respondí, mientras lograba otra buena fotografía del Empire para mi muro de Facebook.
Ya con hambre, terminamos merendando en el Jongro, no tan malo, pero –según insiste otro tipo de turistas– con la mejor barbacoa coreana de Nueva York.
Cada quien su gusto.
¿Por qué recorrer aquellos rincones del Midtown de Manhattan? Sólo George lo sabe y por algo lo sabrá, como buen informante que ha sido siempre. Especialmente en aquel febrero de 2019.
“¡Muy buena la ensalada!”, fue el primer buen razonamiento a su favor, asunto que confirmé cuando comí mi porción.
“No tengo fotografías del rostro de ese Rafael del que hablas, pero sí de su esposa”, dijo mientras ponía cuatro imágenes impresas frente a mi vista.
Cercanos a la avenida Broadway, propuse salir a caminar.
Caímos en el hotel Ace, en su bar tan nativo como sus pinturas del inicio del siglo XX, y su coctelería cercana a lo exquisito.
“No tengo más información que estas fotografías y el reporte de la caída atípica del helicóptero de Rafa (Moreno Valle Rosas).
Una caída inducida. Provocada. Atípica…
Una caída atípica”, insistió mientras bebíamos otro Bombay.
Abrió una cuartilla maltratada con la mitad superior en blanco, con nombres y números telefónicos de las fuentes en su parte inferior, que confirmaría en días posteriores.
Caminar el Madison Square Park relaja los malos y los buenos ánimos. De la calle 26 a la 23 (lugar donde una tarde-noche, hace ya más de un par de décadas –por cierto–, conocí a una afromexicana de inteligencia fuera de serie. Pero eso es otro escrito débilmente olvidable).
La tarde-noche de aquel 2019 fue una helada bocanada de información.
Un intento de conocer la verdad de dos muertes tan extrañas, que terminó por ser una bocanada de más dudas.
Una bocanada de mucho dinero vigente para campañas en este 2021. Manque no tanto, como lo esperado.
Bocanadas de muertos para vivos.
Esos “vivos” que viven en este 2021 hasta de bienes inmobiliarios y mobiliarios, como llaman también a su “maquinaria” de dudosas sociedades y procedencias.
Bocanadas para ciertos “vivos”, hoy en campaña en Puebla.


