NOTAS PARA UNA DEFENSA DE EMERGENCIA
Silvino Vergara Nava
Estamos configurando una sociedad de puntuaciones, rankings, calificaciones (ratings), impactos, indicadores, likes, estrellas, tasas… Vivimos en el régimen de la omnimetría, donde todo puede medirse y nada se valora con objetividad sin las cantidades. Hay una permanente medición y valoración de cosas, personas, profesiones e instituciones
Daniel Innerarity
Este año serán elegidos –a decir de los datos oficiales del Instituto Nacional Electoral– 20 mil 286 cargos públicos.
Para esa multitud de cargos públicos, de candidatos, y de paso para los partidos políticos que los proponen, está dirigida esta carta, divida en secciones de aquí al domingo de las elecciones, si las condiciones lo permiten:
A todos los candidatos de los 20 mil 286 cargos de elección popular:
Decía Joseph Gobbels (1897-1945), ministro de propaganda del régimen nazi, que “una mentira repetida mil veces hace una verdad”.
Éste es un pendiente que está colgando para las próximas elecciones, pues muchos candidatos ya se ven sentados en sus sillas como diputados, senadores, presidentes municipales y gobernadores, debido a que en esta ocasión –más que nunca– se han multiplicado las encuestas por doquier.
En éstas, los candidatos, particularmente los del partido oficial, parece que juegan en los buenos tiempos de la Selección Mexicana de futbol contra alguna selección del Caribe, pues los resultados les dan ventajas abrumadoras.
Sin embargo, bien lo sostenía aquel ministro –quien implementó una serie de mecanismos a favor de su partido y después de su gobierno en Alemania–: pudiera ser una mentira.
Y es que, sin meternos en lo que saben los expertos en términos de encuestas, por el simple sentido común y lo que ha sucedido en otros países, los datos de las encuestas son meros datos estadísticos.
Eso no significa que sean la verdad absoluta, sobre todo si ahora estamos viviendo en los tiempos de la posverdad.
Somos muchos los ciudadanos de a pie que no recibimos una llamada o que no somos encuestados en las calles; por ende, habría que ver cuál es el universo encuestado.
Además, muchos de los encuestados, para salir del apuro, sostienen cualquier respuesta. Esto sin perder de vista que habría que saber qué se pregunta y, sobre todo, cómo se pregunta.
Por eso, esto de las encuestas no es algo muy seguro. Así que, ¡cuidado!
La prueba ya la dio el pueblo argentino que, estando harto de gobiernos de izquierda y al no saber de qué forma parar la inflación, lo que hizo fue votar por el candidato de derecha.
Desde luego que con esos índices inflacionarios ya no había más que perder y así lo hizo el pueblo argentino.
Por eso, independientemente de las encuestas y de toda la serie de distractores que hay, lo cierto es que el ciudadano de a pie debe defender su derecho a votar, simplemente porque los derechos como éste son luchas permanentes de las sociedades ante el Estado.
Más allá de que los derechos fundamentales se traten de un invento del Estado o bien de un descubrimiento de la naturaleza de los seres humanos, en realidad son una lucha permanente de la sociedad ante su gobierno.
Por eso es que hay que luchar permanentemente por esos derechos, como el acudir a votar.
El problema que tenemos es que no miramos hacia atrás; es decir, en la historia de nuestro país, en donde fue hasta la década de los 50 del siglo XX cuando la mujer pudo acudir a votar.
¿Podemos pensar en la frustración de las mujeres de no poder gozar de ese derecho en aquellos tiempos?
Y ahora resulta que hay miles de mujeres que están pensado no ir a votar, cuando ese derecho se ha ganado por la lucha de nuestras generaciones pasadas.
Pero eso no es todo. En el siglo XIX, en México solamente votaban los hombres mayores de 21 años, que supieran leer y escribir y, es más, que tuvieran solvencia económica.
¿Podemos pensar en los miles de ciudadanos que estaban frustrados porque no cumplían con esos requisitos para poder acudir a sufragar?
Y ahora contamos con miles que sostienen que están pensando no ir a votar.
En aquellos tiempos del siglo XIX, cuando gobernaba Benito Juárez, el embajador de Estados Unidos de América sostenía que acudía a las casillas y veía cómo nadie se acercaba a éstas.
Desde luego que el universo de votantes era mínimo.
Hoy, en pleno siglo XXI, es una lucha ganada que pretendemos perder.
Por eso, está más que comprobado que los derechos fundamentales no son un invento, menos aun un descubrimiento.
Son victorias de la sociedad que las generaciones actuales deben proteger permanentemente.
Después será demasiado tarde.


