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¡…Cinismo e hipocresía: otros tiempos…!

Crónica Puebla por Crónica Puebla
8 febrero, 2022
en Opinión
¡…Cinismo e hipocresía: otros tiempos…!
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Por: Lic. Guillermo Pacheco Pulido
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 Nuestra mente está hecha de palabras. Por eso, como señalara Octavio Paz: “Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema , y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro”.

 

También siempre será difícil conocer toda la gramática de un idioma. Ello nos lleva a discusiones, derivado todo ello del significado que le queremos dar o tienen las palabras. Por ejemplo, si se pronuncia la palabra “perro”, entendemos que se re­fiere a un animal; si nos referimos a la pa­labra “cínico”, es que se está señalando a una persona que no respeta o no guar­da una conducta ética en su forma de vi­da privada o social. Ambas palabras, “pe­rro” y “cínico’’, con el tiempo, el uso y las circunstancias van modificando su sig­nificado.

Así, la palabra o concepto de cínico tiene connotaciones, significados o inter­pretaciones distintas. Podríamos equivo­carnos porque el concepto de cínico sur­ge a flota dentro de las primeras escue­las de la filosofía griega. La palabra CÍNI­CO viene de la palabra griega KYNIKOS que significa: “como un perro”, no tiene el significado de hoy en el que CÍNICO es: “aquel que menosprecia las motivaciones del otro”; antes KYNIKOS se entendía co­mo vivir en la más absoluta de las liber­tades, no depender ni obedecer a otro, tal como lo es un “perro callejero”. Todo ello son palabras que se modifican con el paso del tiempo y el uso normal; son sin embar­go significados metafóricos, tal es el caso de la palabra “perro” que se entendía co­mo “libertad plena” según concepto en la escuela filosófica de Diógenes de Sinope.

La escuela filosófica de los CÍNICOS se desarrolló durante la misma época de las escuelas de los ESCÉPTICOS (por más que se sepa, nunca se llega a conocer la ver­dad), los EPICUROS (que liberan al hom­bre de cualquier tipo de temor, no solo de la muerte sino de la vida misma, “la muerte no existe”) y los ESTOICOS: (acep­tar la vida y la muerte con la dignidad de la resignación).

El fundador de la escuela de los cínicos fue Antístenes, hombre rico que renun­ció a todas sus riquezas y vivía con hara­pos. Vivió en extrema pobreza proclaman­do la abolición de la riqueza; vivió con los demás pobres, demandó la abolición del gobierno, de la propiedad privada y de la religión oficial.

Diógenes de Sinope y sus seguidores no aceptaron vivir bajo regla alguna; anda­ban desnudos, se consideraban igual que todos los hombres diciendo “somos ciuda­danos del mundo”.

Los perros andaban en la calle, dor­mían y realizaban sus funciones biológi­cas en la calle en cualquier lugar a la vis­ta de todos, eso en lo que hacían los cíni­cos griegos.

Diógenes decía que le llamaban “pe­rro” porque “adulo a aquellos que me re­galan algo, aullo a los que no dan y muer­do a los timoratos”. Se vivía en absoluta libertad, en desapego a todo lo material. Habrá que estudiar esta época para com­penetrarse en la escuela del cinismo, muy alejado este concepto del significado que ahora tiene: falsedad, mentira, desver­güenza, etcétera.

Alejandro Magno hizo una visita a Diógenes, quien vivía en un barril, y acer­cándose le ofreció a Diógenes lo que nece­sitara y éste le dijo “sí, quítate del frente porque me estás tapando el sol”.

Alejandro dijo a los presentes: “En verdad os digo que si no fuera Alejandro, querría ser Diógenes”, es decir, pertene­cer a la escuela del cinismo y vivir sin su­jeción a nada.

Otra palabra con amplio sentido de in­terpretación es la de HIPÓCRITA.

Aquí surge el poeta Charles Pierre Baudelaire, padre de la modernidad poé­tica y heredero del romanticismo fran­cés y considerado con otros “poeta maldi­to”. Esto se señala en el libro de otro poe­ta maldito, Paul Verlaine, Los poetas mal­ditos. Esta etapa se conoce como el maldi­tismo pues rompió con todas las reglas de crear poesía, parecía no haber lógica en esa poesía; en lo que se escribía no había “actualidad”, solo existió ese tipo de poe­sía que se vinculó con el vicio, con las dro­gas, el alcohol y así lo calificaba la pobla­ción francesa cuando se le mencionaba a esos autores.

Baudelaire afirmaba que en la vida lo único válido era lo lúdico. Señalaba que en esa forma de vivir “aparté mi alma y la perdí con una indiferencia y una lige­reza heroica”.

Eran poetas malditos, no solo porque eran rechazados en su poesía por la so­ciedad de esa época, sino porque consi­deraban a la vida como un fracaso, una vida pletórica de amargura, de miseria y de hambre y, sobre todo, eran “incom­prendidos”.

Sin amigos reales, con derrotas en to­do, con engaños, decepciones y falseda­des y por ello se consideraban “maldeci­dos” y se denominaban “malditos”.

En su poesía, Baudelaire les denominó “Flores del Mal”.

Entre sus poesías hay una dedicada AL LECTOR, con una terminología co­mo necedad, error, pecado, tacañería, re­mordimientos, mendigar, miseria: “Nues­tros pecados son testarudos, muestras de arrepentimientos cobardes… creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas”.

Baudelaire nos habla del TEDIO, y nos hace ver que de una u otra forma todos los seres humanos hemos vivido con ese tér­mino, luchando contra él, que significa angustia existencial, aburrimiento, fas­tidio, hastío, molestia, monotonía y re­pugnancia.

EL TEDIO, parece decirnos Baudelaire, forma parte de toda persona, y esta pala­bra no podemos, ni debemos negarla; si está en nuestra vida, es parte de la condi­ción humana; si la negamos, caeríamos en una actitud hipócrita.

Por eso en el poema AL LECTOR, Bau­delaire, quien siempre usó la metáfora, nos dijo metafóricamente: HIPÓCRITA LECTOR, mi semejante, mi hermano.

Y como dijo Octavio Paz: “ya las pala­bras las traemos adentro como humanos que somos y no podemos huir a nuestra condición humana, eso no nos aleja de las sentencias bíblicas”. Esto no sanciona sólo a los poetas, sino a todos los que rom­pemos la normatividad moral imperante.

¡…Ay de vosotros, lectores hipócritas…! (La Biblia).

Etiquetas: BaudelairelecturasOctavio Paz

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