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¿Claudia o Marcelo? La hora de las definiciones

Crónica Puebla por Crónica Puebla
24 septiembre, 2021
en Opinión
¿Claudia o Marcelo? La hora de las definiciones
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Por: Ramsés Ancira @ramsesancira
Historias para armar la Historia

Si le hiciéramos caso a sus detractores, Andrés Manuel López Obrador podría ser un pésimo presidente. No lo es, pero si así fuera, los partidos de oposición en México y sus líderes son tan pobres intelectualmente, tan carentes de propuestas, tan miserables como los Thernardier, pero mucho más que Javert (al fin y al cabo, este era sólo era un policía que deseaba cumplir con su deber). Por todo esto llegó la hora de definir quién será el próximo jefe del Ejecutivo en México: Ebrard o Sheinbaum.

Votar por el PRI: una razón para no ha­cerlo. Ese es el partido que gobierna el Es­tado de México. Cuando lo encabezó Eru­viel Ávila, hizo uso del sistema penal para deshacerse de sus críticos, uno de ellos fue el licenciado Humbertus, quien hoy enca­beza el mayor movimiento en el País con­tra la fabricación de expedientes y culpa­bles. En el gobierno de Alfredo del Mazo, la entidad continúa en el primer lugar na­cional de abusos contra personas privadas de su libertad.

Votar por el PAN: igualmente una ra­zón para no hacerlo. El fraude electoral mediante el cual llegó a la presidencia Felipe Calderón, tuvo un costo de más de 100 mil vidas por su guerra contra el narcotráfico. Con su apoyo, Genaro Gar­cía Luna se convirtió en ejemplo paradig­mático de la estupidez policiaca, al no po­der investigar un solo caso de secuestro sin recurrir a la tortura.

Más partidos no hay. La última opción independiente en México data del siglo pasado, con Alternativa, que encabeza­ba Patricia Mercado. Entre la soberbia de Andrés Manuel López Obrador y las luchas internas entre dizque campesi­nos, dizque socialdemócratas y feminis­tas, acabaron con esa opción que no se alineaba con otros partidos y se negaba a ser satélite de otros; el Partido Verde, por ejemplo, siempre está dispuesto a prosti­tuirse con el mejor postor.

Así que la opción es Morena, nos gus­te o no. Esta es la mula con la que tendre­mos que arar.

Pero faltan tres años y por lo mismo hay que tener cuidado. Muchos de los candidatos palomeados por Mario Del­gado para competir por cargos de elec­ción popular vienen de partidos que sa­quearon las finanzas públicas en sus enti­dades, heredando endeudamiento, como es el caso comprobable de muchos muni­cipios de la frontera norte de Coahuila.

Hoy, muchos de los que se apuntan para las elecciones estatales tienen pasa­dos muy cuestionables, o francos víncu­los con el crimen organizado; de tal ma­nera que si López Obrador quiere pasar a la historia y conservar la viabilidad de la cuarta transformación, tiene que delegar en la Secretaría de Gobernación y la Se­cretaría de Seguridad Pública y Protec­ción ciudadana. Sus titulares tienen que estar muy pendientes de los candidatos que elijan, porque de no ser así, a More­na se lo llevará la trampa.

Entonces, ¿se convertirá Claudia Sheinbaum en la primera mujer presiden­ta de México? O ¿por edad y lealtad pri­mero le toca cosechar triunfos a Marce­lo Ebrard? El ahora canciller por sus éxi­tos para conseguir las vacunas para Mé­xico y mantener la política exterior mexi­cana sin excluir a nadie: ni a Cuba, ni a Venezuela, ni a Palestina, le ha devuelto al país la dignidad que nuestro país ha­bía perdido, por ejemplo, cuando el can­ciller Videgaray le otorgó por puro nego­cio la condecoración del Águila Azteca al rey saudita, mundialmente reconoci­do como represor y asesino, de periodis­tas entre otros.

(Por cierto, Israel se ha convertido en un refugio seguro para presuntos delin­cuentes mexicanos. La razón de fondo de que no haya un tratado de extradición en­tre ambos países, es que el nuestro se nie­ga a la política permanente de genocidio y despojo de territorios palestinos).

También es posible que ni Claudia ni Marcelo sean candidatos de Morena. López Obrador puede tener “caballos ne­gros”. Lo demostró al nombrar a su ami­go Adán como titular de la Secretaría de Gobernación. Recordemos también que tiene como jefe de asesores, trabajando sin reflectores, a Lázaro Cárdenas Batel. Para un país con memoria histórica, un nuevo Cárdenas en la Presidencia sería un platillo suculento en el menú de can­didatos presidenciables.

Y otra cosa tiene a su favor: sin bañar de sangre el Estado de Michoacán, Cár­denas Batel supo mantener a raya al nar­cotráfico, asunto en el que el PRD fraca­só olímpicamente.

Pero por ahora centrémonos en Clau­dia y Marcelo, la primera hizo un magní­fico segundo piso, gratuito, que durante más de 10 años ha mantenido la fluidez de los distribuidores viales en el sur de la Ciudad de México; el segundo le dio con­cesiones a OHL, con el mismo propósi­to; y todavía no queda claro quién es res­ponsable en el uso de materiales de terce­ra calidad en la parte elevada de la línea 12 del metro.

Cuando Manuel Camacho Solís fue je­fe de gobierno de la Ciudad de México, se prohibieron las grúas particulares y la ex­torsión de automovilistas, cuando Ebrard ocupó el mismo cargo de su ex maestro y ex jefe político regresó la corrupción.

Con Marcelo Ebrard y Mancera, Ar­mando Quintero y otros personajes de muy dudosa reputación robaron millones de pesos. La Secretaría de Transporte y

Vialidad, se convirtió en un negocio mag­nífico para dar concesiones del Metrobús, del Metro y a organizaciones de taxistas.

Quintero ha hecho de una fracción del mapa de la Ciudad de México, la que co­rresponde a la alcaldía Iztacalco, un feu­do que ha encabezado durante casi tres décadas. Quintero, en una noticia que ha desaparecido de las redes sociales, llegó a denunciar un robo en su domicilio parti­cular por muchos millones de pesos, en efectivo y en bienes materiales, más pro­pios de un marajá que de un alcalde de izquierda.

Como cereza del pastel, entre Ebrard y Mancera crearon un organismo de extor­sión y chantaje llamado Instituto de Veri­ficación Administrativa (INVEA) una ca­ja chica de incalculable valor.

Claudia Sheinbaum rescató del desa­parecido partido Alternativa a Andrés La­jous Loaeza, lo hizo secretario de Movili­dad, y aunque ha sido víctima de ataques, como le ocurre a todo funcionario públi­co, a diferencia de sus predecesores nadie le ha tildado de ladrón. Con él a cargo se creó el Cablebús, se ampliaron las líneas de Metrobús y crecieron ciclovías en la Ciudad de México. Se ha hecho más con mucho menos.

Sheinbaum no ha podido acabar con las obras de destrucción masiva que auto­rizaron sus predecesores, entre estas la to­rre Mitikah, cuyos trabajos han atentado contra el pueblo originario de Xoco. Sin embargo, lo que sí hizo Claudia fue per­mitir que abrieran centenares de restau­rantes y comercios en la Ciudad de Méxi­co. Gracias a ella, el desempleo que provo­có la COVID-19, no hizo aumentar la de­lincuencia en la capital. No solo pagó los gastos de entierro de todos los que murie­ron por la pandemia en esta ciudad, sino que ofreció alternativas de trabajo a mi­les de personas, quienes pudieron estable­cer negocios para trabajar por su cuenta.

Ahora el INVEA promueve el empleo, la vacunación y hasta concursos de par­ticipación ciudadana. Clausura las obras que autorizaron violando las leyes de uso de suelo y frena la construcción de con­dominios que fueron edificados en terre­nos comprados por centavos a personas venidas a menos, para ser vendidos en millones (de dólares) por fraccionadores.

Por cierto, este también ha sido nego­cio de Dolores Padierna y René Bejara­no. Con el apoyo del Registro Público de la Propiedad y del Registro Civil, identifi­caban terrenos intestados, se apoderaban de ellos, y construían edificios de departa­mentos para sus aliados políticos.

Sheinbaum, también está trabajando para que el Instituto de Vivienda deje de ser negocio de gestores, y se den los crédi­tos directamente a las personas que más lo necesitan, entre ellos los que no tienen trabajo formal y por lo tanto no tienen las prestaciones del Infonavit. Aun así, carga con sospechas de sobreprecio en el arren­damiento de patrullas que sería más fácil y barato comprarlas que rentarlas.

Etiquetas: Andrés Manuel López ObradorEbrardSheinbaum

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