Por: Ramsés Ancira @ramsesancira
Historias para armar la Historia
Si le hiciéramos caso a sus detractores, Andrés Manuel López Obrador podría ser un pésimo presidente. No lo es, pero si así fuera, los partidos de oposición en México y sus líderes son tan pobres intelectualmente, tan carentes de propuestas, tan miserables como los Thernardier, pero mucho más que Javert (al fin y al cabo, este era sólo era un policía que deseaba cumplir con su deber). Por todo esto llegó la hora de definir quién será el próximo jefe del Ejecutivo en México: Ebrard o Sheinbaum.
Votar por el PRI: una razón para no hacerlo. Ese es el partido que gobierna el Estado de México. Cuando lo encabezó Eruviel Ávila, hizo uso del sistema penal para deshacerse de sus críticos, uno de ellos fue el licenciado Humbertus, quien hoy encabeza el mayor movimiento en el País contra la fabricación de expedientes y culpables. En el gobierno de Alfredo del Mazo, la entidad continúa en el primer lugar nacional de abusos contra personas privadas de su libertad.
Votar por el PAN: igualmente una razón para no hacerlo. El fraude electoral mediante el cual llegó a la presidencia Felipe Calderón, tuvo un costo de más de 100 mil vidas por su guerra contra el narcotráfico. Con su apoyo, Genaro García Luna se convirtió en ejemplo paradigmático de la estupidez policiaca, al no poder investigar un solo caso de secuestro sin recurrir a la tortura.
Más partidos no hay. La última opción independiente en México data del siglo pasado, con Alternativa, que encabezaba Patricia Mercado. Entre la soberbia de Andrés Manuel López Obrador y las luchas internas entre dizque campesinos, dizque socialdemócratas y feministas, acabaron con esa opción que no se alineaba con otros partidos y se negaba a ser satélite de otros; el Partido Verde, por ejemplo, siempre está dispuesto a prostituirse con el mejor postor.
Así que la opción es Morena, nos guste o no. Esta es la mula con la que tendremos que arar.
Pero faltan tres años y por lo mismo hay que tener cuidado. Muchos de los candidatos palomeados por Mario Delgado para competir por cargos de elección popular vienen de partidos que saquearon las finanzas públicas en sus entidades, heredando endeudamiento, como es el caso comprobable de muchos municipios de la frontera norte de Coahuila.
Hoy, muchos de los que se apuntan para las elecciones estatales tienen pasados muy cuestionables, o francos vínculos con el crimen organizado; de tal manera que si López Obrador quiere pasar a la historia y conservar la viabilidad de la cuarta transformación, tiene que delegar en la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Seguridad Pública y Protección ciudadana. Sus titulares tienen que estar muy pendientes de los candidatos que elijan, porque de no ser así, a Morena se lo llevará la trampa.
Entonces, ¿se convertirá Claudia Sheinbaum en la primera mujer presidenta de México? O ¿por edad y lealtad primero le toca cosechar triunfos a Marcelo Ebrard? El ahora canciller por sus éxitos para conseguir las vacunas para México y mantener la política exterior mexicana sin excluir a nadie: ni a Cuba, ni a Venezuela, ni a Palestina, le ha devuelto al país la dignidad que nuestro país había perdido, por ejemplo, cuando el canciller Videgaray le otorgó por puro negocio la condecoración del Águila Azteca al rey saudita, mundialmente reconocido como represor y asesino, de periodistas entre otros.
(Por cierto, Israel se ha convertido en un refugio seguro para presuntos delincuentes mexicanos. La razón de fondo de que no haya un tratado de extradición entre ambos países, es que el nuestro se niega a la política permanente de genocidio y despojo de territorios palestinos).
También es posible que ni Claudia ni Marcelo sean candidatos de Morena. López Obrador puede tener “caballos negros”. Lo demostró al nombrar a su amigo Adán como titular de la Secretaría de Gobernación. Recordemos también que tiene como jefe de asesores, trabajando sin reflectores, a Lázaro Cárdenas Batel. Para un país con memoria histórica, un nuevo Cárdenas en la Presidencia sería un platillo suculento en el menú de candidatos presidenciables.
Y otra cosa tiene a su favor: sin bañar de sangre el Estado de Michoacán, Cárdenas Batel supo mantener a raya al narcotráfico, asunto en el que el PRD fracasó olímpicamente.
Pero por ahora centrémonos en Claudia y Marcelo, la primera hizo un magnífico segundo piso, gratuito, que durante más de 10 años ha mantenido la fluidez de los distribuidores viales en el sur de la Ciudad de México; el segundo le dio concesiones a OHL, con el mismo propósito; y todavía no queda claro quién es responsable en el uso de materiales de tercera calidad en la parte elevada de la línea 12 del metro.
Cuando Manuel Camacho Solís fue jefe de gobierno de la Ciudad de México, se prohibieron las grúas particulares y la extorsión de automovilistas, cuando Ebrard ocupó el mismo cargo de su ex maestro y ex jefe político regresó la corrupción.
Con Marcelo Ebrard y Mancera, Armando Quintero y otros personajes de muy dudosa reputación robaron millones de pesos. La Secretaría de Transporte y
Vialidad, se convirtió en un negocio magnífico para dar concesiones del Metrobús, del Metro y a organizaciones de taxistas.
Quintero ha hecho de una fracción del mapa de la Ciudad de México, la que corresponde a la alcaldía Iztacalco, un feudo que ha encabezado durante casi tres décadas. Quintero, en una noticia que ha desaparecido de las redes sociales, llegó a denunciar un robo en su domicilio particular por muchos millones de pesos, en efectivo y en bienes materiales, más propios de un marajá que de un alcalde de izquierda.
Como cereza del pastel, entre Ebrard y Mancera crearon un organismo de extorsión y chantaje llamado Instituto de Verificación Administrativa (INVEA) una caja chica de incalculable valor.
Claudia Sheinbaum rescató del desaparecido partido Alternativa a Andrés Lajous Loaeza, lo hizo secretario de Movilidad, y aunque ha sido víctima de ataques, como le ocurre a todo funcionario público, a diferencia de sus predecesores nadie le ha tildado de ladrón. Con él a cargo se creó el Cablebús, se ampliaron las líneas de Metrobús y crecieron ciclovías en la Ciudad de México. Se ha hecho más con mucho menos.
Sheinbaum no ha podido acabar con las obras de destrucción masiva que autorizaron sus predecesores, entre estas la torre Mitikah, cuyos trabajos han atentado contra el pueblo originario de Xoco. Sin embargo, lo que sí hizo Claudia fue permitir que abrieran centenares de restaurantes y comercios en la Ciudad de México. Gracias a ella, el desempleo que provocó la COVID-19, no hizo aumentar la delincuencia en la capital. No solo pagó los gastos de entierro de todos los que murieron por la pandemia en esta ciudad, sino que ofreció alternativas de trabajo a miles de personas, quienes pudieron establecer negocios para trabajar por su cuenta.
Ahora el INVEA promueve el empleo, la vacunación y hasta concursos de participación ciudadana. Clausura las obras que autorizaron violando las leyes de uso de suelo y frena la construcción de condominios que fueron edificados en terrenos comprados por centavos a personas venidas a menos, para ser vendidos en millones (de dólares) por fraccionadores.
Por cierto, este también ha sido negocio de Dolores Padierna y René Bejarano. Con el apoyo del Registro Público de la Propiedad y del Registro Civil, identificaban terrenos intestados, se apoderaban de ellos, y construían edificios de departamentos para sus aliados políticos.
Sheinbaum, también está trabajando para que el Instituto de Vivienda deje de ser negocio de gestores, y se den los créditos directamente a las personas que más lo necesitan, entre ellos los que no tienen trabajo formal y por lo tanto no tienen las prestaciones del Infonavit. Aun así, carga con sospechas de sobreprecio en el arrendamiento de patrullas que sería más fácil y barato comprarlas que rentarlas.


