Anselmo Salvador Chávez Capó / Profesor investigador de la UPAEP
Recientemente ha sido motivo de estudio y análisis la compra de las criptomonedas, como un elemento de inversión. Su importancia es evidente, pues actualmente la capitalización de mercado de estos productos financieros es de 1.06 trillones de dólares y están en circulación aproximadamente 9 mil 970 criptomonedas.
Hay posiciones encontradas. Las personas que están a favor de su adquisición señalan la gran rentabilidad que han presentado con el tiempo; por otra parte, los que están en contra señalan el enorme riesgo que representa su volatilidad, así como la falta de respaldo de una entidad que responda por las transacciones.
A continuación, presentamos los conceptos centrales para conocer estos instrumentos financieros: De acuerdo con la Condusef, para poder definirlas hay que remontarse a la idea original: el Bitcoin. De acuerdo con el whitepaper (“libro blanco” de esta criptomoneda), su creador (anónimo) Satoshi Nakamoto la definió como dinero electrónico que permitiría hacer pagos en línea sin pasar por una institución financiera.
La banca Santander refiere que cuentan con diversas características diferenciadoras respecto a los sistemas tradicionales: no están reguladas ni controladas por ninguna institución y no requieren de intermediaros en las transacciones. Se usa una base de datos descentralizada, blockchain (registro contable compartido) para el control. Para poder negociarlas se requiere un monedero digital (wallet), que en realidad es un software (aplicación) donde es posible almacenar, enviar y recibir criptomonedas.
A diferencia de un monedero de dinero físico, lo que realmente se almacena en los wallets son las claves que nos dan la propiedad y derecho sobre las criptomonedas, para operar con ellas. Dicho de otra forma, basta con conocer las contraseñas para poder transferir las criptomonedas, por lo que la pérdida o robo de esas claves puede suponer la pérdida de las criptomonedas, sin posibilidad de recuperarlas.
Hay dos tipos de monederos: calientes y fríos. La diferencia es que los primeros están conectados a internet y los segundos no. En los monederos calientes encontramos los monederos web, los móviles y los de escritorio –este último sólo en el caso que el ordenador esté conectado a internet–. Por el contrario, dentro de los monederos fríos existen los hardware y los de papel, que es simplemente la impresión en papel de la clave privada. Estos servicios de custodia no están regulados ni supervisados.
Su valor varía en función de la oferta, la demanda y del compromiso de los usuarios. Este valor se forma en ausencia de mecanismos eficaces que impidan su manipulación, como se presentan actualmente en los mercados.
Funcionan mediante el registro contable compartido (blockchain). Esta tecnología les aporta un elevado sistema de seguridad con capacidad para evitar, por ejemplo, que un mismo activo digital se pueda transferir en dos ocasiones o sea falsificado. La tecnología blockchain funciona como un gran libro de contabilidad, donde se pueden registrar y almacenar cantidades ingentes de información. Toda ella está compartida en la red y protegida de tal forma que los datos no se pueden alterar o eliminar.
La minería de las criptomonedas hace referencia al proceso para validar las operaciones con estos activos digitales. Por ejemplo, en una moneda bitcoin su minería se basaría en la validación y el registro de las transacciones en el blockchain. En definitiva, minarlas supone resolver con éxito los problemas matemáticos que se presentan; los mineros que lo han llevado a cabo obtienen a cambio criptomonedas.
Para crearlas es crucial tener conocimientos en criptografía, al menos saber programar para poder clonar el código de otra criptomoneda y así generarla. Como ya se ha señalado, hay aproximadamente 9 mil 970, entre las que se pueden encontrar: Bitcoin, Ethereum, Tether, USCoin y Binance Coin; estas cinco concentran 75% del valor de capitalización del total de criptomonedas.
A medida que invertir en estos instrumentos se está convirtiendo en una actividad cada vez más popular, es necesario comprender cuáles son los beneficios a obtener, los riesgos y las implicaciones legales. Al revisar el rendimiento de los últimos cinco años, las ganancias obtenidas pueden llegar hasta 433.72%, como es el caso del Ethereum, o de 421.93%, para el Bitcoin.
Los riesgos en la inversión son particularmente altos. Implican la alta volatilidad del mercado, la ausencia de empresas reguladas, la posibilidad de lavar dinero a través de actividades ilegales, además pueden ser objeto de estafas y robos. Además, son intangibles y pertenecen a un mercado no regulado. Como ejemplo se pueden revisar los resultados del presente año: el Bitcoin ha perdido 52.51%, el Ethereum cayó 57.32%, mientras que Binance Coin retrocedió 56.21%.
Los principales riesgos de las criptomonedas, de acuerdo con Monex, son tres: la volatilidad, la falta de regulación y la posibilidad de robos o estafas.
La volatilidad es el principal riesgo de las criptomonedas, al no estar respaldadas por ninguna moneda física o un activo tangible, como el oro, además, son relativamente independientes de la situación política y económica.
La falta de regulación obedece a que no se colocan bajo la protección de los bancos centrales; aunque la legislación está surgiendo, todavía están fuera del control de los gobiernos e instituciones financieras.
Por ello, en la práctica, el Bitcoin y el resto de las monedas digitales no tienen precio oficial ni valor nominal, por lo que los inversores no tienen ninguna garantía legal de reembolso en caso de pérdida por un fallo técnico, error humano o robo.
Finalmente, a pesar de los sistemas aparentemente seguros, los riesgos de piratería y robo de criptodivisas son reales, sobre todo porque ninguna institución supervisa los protocolos de seguridad de los datos y los usuarios de criptomonedas deben lidiar con fluctuaciones extremas de precios, robo y estafas. De hecho, 2021 fue un año récord para el fraude de criptomonedas, conforme a la empresa de análisis Chainalysis, 7 mil 800 millones de dólares robados. Este ilícito aumentó en más de 3 mil millones de dólares en comparación con el año anterior.
Aun así, la inversión en este tipo de activos es cada vez más común entre los mexicanos. Se estima que en nuestro país, 12% de la población adulta posee alguna criptomoneda, por lo que somo la novena nación con la mayor tasa de posesión de estos instrumentos en el mundo, de acuerdo con la firma de comparación de información Finder. Incluso, se ha iniciado la colocación de cajeros automáticos en Tijuana, Baja California, para hacer operaciones con monedas digitales, de ahí que la Condusef emitió un boletín para aclarar el uso de activos virtuales como forma de pago.
En dicho comunicado, advierte que Bitcoin es un tipo de dinero digital de carácter informal, que apareció en 2009 como una alternativa a las monedas fiduciarias como el dólar, euro y el yen, entre otras.
Puede ser utilizada para adquirir bienes y servicios, tanto reales como virtuales. Su valor depende del número de usuarios activos que la compren, así como de los comerciantes que la acepten como medio de pago.
Señala que este tipo de moneda virtual no está regulada por las autoridades financieras y las operaciones son irrevocables, por ello no hay forma que los usuarios puedan reclamar, en caso de sospechar fraude o algún quebranto, por un cambio abrupto en su valor o por la suspensión en su cotización.
Dice también que no es una moneda oficial, por lo que las autoridades no pueden responder por ella, incluso en otros países se ha utilizado en operaciones ilícitas. Así, Condusef alerta que cualquier persona o comercio que utilice o acepte una moneda virtual como forma de pago lo hace bajo su propio riesgo y responsabilidad.
Al final debe quedar claro que las criptomonedas no cuentan con un respaldo que dé certidumbre a la inversión.
Si bien los rendimientos pueden ser muy atractivos a largo plazo, los riesgos son muy altos en el corto y mediano plazo, por lo tanto, se debe contar con información que presente tanto los beneficios que se pueden obtener, así como los riesgos asociados a la misma. Aquí se cumple la máxima de las finanzas: a mayor riesgo, mayor rendimiento.
Cuando me preguntan “¿tú invertirías en Bitcoin?”, mi respuesta es: en este momento, considerando mis circunstancias actuales, no me puedo dar el lujo de perder 50% de la inversión, aunque sí hay personas que analizando su coyuntura toman la decisión de invertir en espera de altos rendimientos, los cuales eventualmente pueden conseguir.
Aquí lo importante es que cuando se tome una decisión, se asuma la responsabilidad de los resultados. Nadie se puede llamar engañado si cuenta con la información disponible.
Considerando lo aquí descrito: ¿Tú invertirías en criptomonedas?


