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Crisis… carga de fatalidad o enigma de liberación

Crónica Puebla por Crónica Puebla
13 junio, 2022
en Opinión
Crisis… carga de fatalidad o enigma de liberación
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Por: Antonio Peniche García
La otra cara de la moneda

 

 Saber liberarse no es nada; lo arduo es saber ser libre

André Gide (El inmoralista

Probablemente, una de las pala­bras más pronunciadas y escri­tas en los últimos años sea “cri­sis”.

“Situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso. Cambio negativo, una situación complicada, difícil e inestable”.

Esta definición ofrece una visión total­mente positivista y práctica.

Es dudoso que alguien que haya vivido una crisis pueda ponerla en tela de duda.

“¡Dios de estos tiempos,

bastante has reinado ya sobre mi cabeza,

en tu sombría nube!

Por donde mire todo es violencia y angustia,

todo se tambalea y se desmorona.

Como un niño he bajado a menudo los ojos.

Buscando una cueva donde no me alcances.

Qué insensatez creer que hay algún sitio!

que se te oculte, a ti, que lo trastornas todo”.

Este elocuente poema se titula El es­píritu del siglo. Parecería que describe e ilustra nuestros tiempos.

Sin embargo, fue escrito por Hölder­lin a finales del siglo XVIII.

Creo que es evidente que el poeta ale­mán no sólo presenta un argumento per­sonal. Es el diagnóstico de toda una épo­ca. La suya.

Y ese desencantamiento, de su propio mundo, ha dibujado y sintetizado el nues­tro también.

Las crisis pueden volverse considera­blemente peligrosas.

Exigen de nosotros valor y fuerza para resistir el torrente de sentimientos nega­tivos y pensamientos ofuscados que sue­len apoderarse de nuestro ser.

La vida nos demanda a no dejarnos arrastrar por lo externo. Nos apremia a refugiarnos en nuestra intimidad.

La intimidad donde habita la sereni­dad, el vigor y la plenitud.

Hemos debido pasar de la paz y la cal­ma intrauterina, donde los deseos se en­contraban totalmente satisfechos, a la construcción de una “intimidad inter­na”.

Si no sabemos construir esa vida inte­rior, las crisis nos emboscan y nos zam­bullen a las profundidades de los abismos propios.

Sólo interiorizando respuestas y soluciones a las preguntas que hoy nos apremian podremos conjurar el peligro y salvarnos.

El destino suele brindarnos oportu­nidades, algunas veces de manera ines­perada, otras de forma consecuente, pa­ra replantear de raíz nuestra vida indivi­dual y colectiva.

Esto no quita que se haga sin esfuerzo o sin dolor, porque –como dice Hölderlin en Hiperión– “sólo en el dolor cobramos conciencia de nuestra libertad”.

Atisbar esas ocasiones requiere tener claridad de mente y de espíritu. Las arenas movedizas de la duda y la soberbia pueden presentarse disfrazadas de mu­chas formas.

Satán suele embelesarse y engalanar­se con los disfraces más disímiles y con­tradictorios.

Y siguiendo con esa tesis… ¿no se­rá que las crisis vienen disfrazadas de oportunidades de crecimiento para enfrentarnos con nuestro propio ego?

Una crisis… ¿nos puede llevar a rein­ventarnos y a repensarnos?

Si no nos arriesgamos… si no nos lanzamos al vacío existencial en algún momento de nuestra vida… simplemente nos perderemos a nosotros mismos.

El Nobel de Literatura francés Albert Camus reflexiona y argumenta en una de sus principales obras, El hombre re­belde, lo siguiente:

“La salvación del hombre no se hace en Dios; debe hacerse en la tierra. Pues­to que el mundo carece de dirección, el hombre a partir del momento en que lo acepta debe imprimirle una, que desem­boque en una humanidad superior.”

Me parece interesante la reflexión si­guiente sobre un artículo de Fernando Negueruela.

La palabra “crisis” en chino se forma por dos caracteres –“wei ji”, 危机─–, que quieren decir “situación peligrosa, mo­mento crítico”.

Escrito individualmente “ji” quiere de­cir “invención” o “cambio súbito”. Sin anteponer el otro carácter –“wei”– se po­dría generar una expectativa distinta.

Más si se complementa “ji” con otro carácter, se forma “ji hui”, 机会, enton­ces sí se puede decir que la traducción es “oportunidad”.

Pudiésemos concluir de este austero y sencillo análisis que una crisis es una crisis.

Salvo que nos adentremos en nues­tra propia conciencia y profundicemos en algo más.

Al principio, será difícil comprender los designios de por qué una crisis azota nuestro ser.

Parte del proceso es rendirse y empe­zar a fluir.

Es imprescindible asumir, con pacien­cia y apertura, que siempre existen prin­cipios negativos y positivos.

Que uno no existe sin el otro. Y lo ne­gativo no necesariamente es algo malo.

Es simplemente lo contrario al prin­cipio positivo. La polaridad opuesta. So­lo se cumple el “Principio de Polari­dad”.

La confrontación ante nuestro Satán –como se ha comentado en este espacio– de nuestras crisis existenciales, o crisis planetarias es para fortalecernos ante la adversidad.

Rebelarnos ante las crisis sólo pos­tergará recibir el regalo que es el creci­miento espiritual y la liberación in­terior.

Todos queremos vivir una vida sin ad­versidad y sin problemas. Más no pode­mos impedir el constante vaivén del Universo.

Todo fluye y refluye. Todo asciende y desciende. La oscilación pendular se ma­nifiesta en todas las cosas.

Es el “Principio del Ritmo”.

Evitaremos el proceso cíclico de la rue­da del Samsara cuando tomemos con­ciencia de ella y del poder de nuestra pro­pia voluntad.

Cuando logremos hacer “alquimia en el plano mental” y transmutemos la crisis en beneficio personal.

Cuando, con humildad, saquemos el coraje y la valentía para sobreponernos a los obstáculos, nuestro proceso nos lle­vará a convertirnos en la persona que fui­mos designados a ser.

Y entonces, hasta el agradecimiento se apoderará de nuestra alma.

Y nos arrodillaremos a decir “Gra­cias” por la crisis vivida… ya que nos ha hecho ascender y crecer.

Hölderlin sintetiza estas reflexiones, con esta frase que me encanta, y la cuál me parece maravillosa como colofón:

“Allí donde está el dolor está tam­bién lo que lo salva”.

Etiquetas: El es­píritu del siglo.Principio del Ritmo

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