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Cuando el orden encuentra el caos en el mundo cuántico

Crónica Puebla por Crónica Puebla
10 abril, 2025
en Opinión
Cuando el orden encuentra el caos en el mundo cuántico

National Geographic

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Dr. José Manuel Nieto Jalil.

Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Occidente. Tecnológico de Monterrey.

Desde los días de los filósofos griegos hasta los experimentos de alta precisión del siglo XXI, la humanidad ha intentado descifrar los secretos de la materia que nos compone. Alguna vez creímos que todo estaba formado por cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Hoy sabemos que la materia adopta múltiples rostros según sus condiciones físicas, desde los estados más cotidianos (sólido, líquido y gaseoso) hasta formas extraordinarias como el plasma o el condensado de Bose-Einstein, donde átomos enteros actúan como una sola superpartícula cuántica. Estas fases no solo explican fenómenos naturales, sino que han dado pie a revoluciones tecnológicas: desde la electrónica moderna basada en semiconductores hasta los avances en computación cuántica y criogenia.

Cada nuevo estado descubierto no solo amplía nuestra comprensión de la física, sino que redefine lo que consideramos posible. Las fases de la materia ya no son únicamente respuestas al calor o a la presión, sino manifestaciones de principios cuánticos profundos, donde la simetría, la topología y la interacción entre partículas dictan comportamientos inesperados. Así, la materia deja de ser una simple sustancia para convertirse en un escenario dinámico donde juegan las reglas más íntimas del universo. En este contexto, los físicos no solo observan, sino que esculpen activamente nuevos estados, forzando a la naturaleza a revelar sus secretos mejor guardados.

Detrás de cada nueva fase descubierta, hay una historia de genialidad, paciencia y asombro. El plasma, por ejemplo, fue nombrado así por Irving Langmuir en 1928, al observar ese cuarto estado brillante y caótico en sus experimentos con gases ionizados. Décadas más tarde, en 1995, Eric Cornell y Carl Wieman lograron enfriar átomos de rubidio hasta casi el cero absoluto, obteniendo el primer condensado de Bose-Einstein, un logro que les valió el Nobel de Física. 

Cada descubrimiento de una nueva fase ha significado romper las fronteras de lo conocido, desafiando los modelos clásicos de la física. Pero justo cuando pensábamos que lo habíamos visto todo, una nueva frontera se abre ante nuestros ojos: una fase de la materia donde el orden y el caos conviven de forma simultánea, una estructura cuántica tan paradójica que sus propios descubridores la han llamado mitad hielo, mitad fuego.

Este fenómeno fue observado por un equipo del Laboratorio Nacional de Brookhaven, en Estados Unidos, liderado por los físicos Weiguo Yin y Alexei Tsvelik. Mientras exploraban las propiedades magnéticas del compuesto Sr₃CuIrO₆, formado por estroncio, cobre, iridio y oxígeno, se toparon con una configuración cuántica que parecía sacada de la ciencia ficción: una parte del sistema mostraba espines electrónicos en un estado perfectamente ordenado, como si estuvieran congelados, mientras que otra parte del mismo sistema exhibía espines completamente desordenados, como si vibraran en un estado incandescente. Así nació la fase mitad hielo, mitad fuego.

Pero lo más sorprendente es que esta nueva fase no fue un accidente aislado. De hecho, representa el gemelo oculto de una fase previamente descubierta por el mismo equipo en 2016, a la que también llamaron mitad fuego, mitad hielo. En aquella configuración, el desorden se ubicaba en los átomos de cobre y el orden en los de iridio; en esta nueva versión, los papeles se invierten. Lo extraordinario es que ambas fases pueden transformarse una en la otra mediante un ajuste extremadamente fino de la temperatura, revelando así una especie de interruptor cuántico natural.

Esta transición, observada en un modelo unidimensional de ferrimagnetismo basado en el modelo de Ising, desafía las leyes tradicionales, ya que según ese modelo no debería existir cambio de fase a temperatura finita. Yin y Tsvelik no solo rompieron ese paradigma, sino que demostraron que esta transformación ocurre dentro de un rango de temperatura increíblemente estrecho. El hallazgo no solo desafía modelos teóricos de larga data, sino que también abre nuevas posibilidades para controlar y manipular los estados de la materia a velocidades sin precedentes.

Uno de los aspectos más prometedores del descubrimiento es el fenómeno de conmutación ultrarrápida entre estas fases, que implica una variación súbita y gigantesca en la entropía magnética del sistema. Esta propiedad podría revolucionar la forma en que diseñamos sistemas de refrigeración eficiente, utilizando estos cambios bruscos para enfriar materiales de forma más precisa y sostenible. 

Además, este descubrimiento abre un escenario completamente nuevo y fascinante para el almacenamiento de información cuántica, al ofrecer una plataforma natural para representar bits cuánticos (qubits) mediante fases de materia con propiedades magnéticas bien definidas pero susceptibles de conmutación controlada. En esta nueva fase mitad hielo, mitad fuego, los espines electrónicos presentan dos configuraciones bien diferenciadas,  una ordenada (estado de baja entropía, similar al hielo) y otra desordenada (estado de alta entropía, como el fuego), lo que sugiere que podrían codificarse como los dos estados básicos de un sistema de información: 0 y 1.

Lo que hace extraordinaria esta propuesta no es solo la posibilidad de codificación binaria, sino el hecho de que estas fases son intrínsecamente cuánticas, y la transición entre ellas puede inducirse de forma ultrarrápida y reversible mediante ligeras variaciones de temperatura o de campo magnético. Esto significa que, a diferencia de los sistemas clásicos o incluso de algunos superconductores actuales, esta estructura permitiría cambios de estado controlados sin pérdida significativa de coherencia cuántica, un requisito crucial para la construcción de memorias cuánticas estables y regrabables.

Más aún, dado que la transición implica un cambio súbito en la entropía magnética, se genera una especie de salto cuántico que podría ser aprovechado para evitar errores de lectura o escritura en condiciones de ruido térmico, uno de los grandes retos actuales en la computación cuántica. Así, estas fases exóticas podrían actuar como estados robustos y protegidos topológicamente, análogos a los sistemas cuánticos propuestos en la computación basada en anyones o en qubits topológicos, pero con una arquitectura mucho más accesible desde el punto de vista experimental.

Más allá de las aplicaciones inmediatas, la importancia fundamental de este hallazgo radica en lo que representa: la coexistencia controlada de orden y caos en el mismo sistema cuántico. Esto no es solo una rareza matemática, sino una ventana a cómo funciona la naturaleza en sus niveles más profundos. ¿Podría este principio extenderse a sistemas biológicos, electrónicos o incluso a materiales en condiciones extremas como las del espacio exterior?

La comunidad científica ya especula sobre las posibles implicaciones astrofísicas de este fenómeno. En planetas o estrellas con condiciones extremas de presión y temperatura, ¿podrían formarse fases similares de materia “mitad hielo, mitad fuego”? Tal vez este comportamiento exótico ya exista en el corazón de gigantes gaseosos o en las atmósferas de exoplanetas aún inexplorados. Si logramos entender y replicar estas fases, incluso podríamos diseñar materiales capaces de resistir los entornos más hostiles del Universo.

Lo cierto es que este hallazgo no cierra un capítulo en la historia de la física de la materia; por el contrario, abre un nuevo libro lleno de preguntas fascinantes. ¿Qué otras combinaciones insólitas de orden y desorden esperan ser descubiertas? ¿Podemos manipular estas fases para construir nuevas formas de tecnología? Y quizás la más intrigante de todas: ¿cuánto más compleja y maravillosa puede ser la materia de lo que alguna vez imaginamos?

En un mundo donde la frontera entre lo clásico y lo cuántico se vuelve cada vez más difusa, este descubrimiento nos recuerda que aún quedan secretos por revelar en lo más íntimo de los materiales. Tal vez el verdadero potencial de la materia no reside solo en su estructura, sino en su capacidad para sorprendernos. Y si el orden y el caos pueden bailar juntos en el mismo sistema, ¿quién puede decir qué otras simetrías ocultas nos esperan en los confines del laboratorio o del cosmos?

Etiquetas: opinion

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