Por: Adolfo Flores Fragoso/ [email protected]
A Jim Risen lo conocí en cierta conferencia donde el tema fue la protección a las “fuentes” informativas que colaboran en artículos periodísticos de investigación. Las leyes eran otras tanto en Estados Unidos como en México, cuando los reporteros éramos los perseguidos y las fuentes eran protegidas hasta antes del actual siglo.
Hay que aclarar que las fuentes de información son variadas: anónimas, presenciales, vinculadas, etcétera.
Las que no me son personalmente éticas –ni agradables– son las “dictatoriales”: esas, las que dictan el artículo en proceso.
Pero, bueno, a todas las fuentes se les protege.
Retomo un reciente texto de Risen, refiriendo cómo ha cambiado la protección a nuestras fuentes en Estados Unidos;
“En el siglo XXI, el odio a la prensa se ha vuelto bipartidista, y las investigaciones de filtraciones del gobierno bajo las administraciones republicana y demócrata han alterado el panorama de los informes de seguridad nacional. Comenzando con la administración de George W. Bush en los años posteriores al 11 de septiembre, el gobierno federal ha presentado cargos penales en casi 20 casos relacionados con filtraciones a la prensa, prácticamente todos ellos relacionados con asuntos de seguridad nacional. En casi todos esos casos, son las fuentes las que han enfrentado cargos penales, no los reporteros quienes publicaron lo que les dijeron las fuentes”.
(Debo aclarar que las leyes “mordaza” mexicanas han intensificado este esquema desde el sexenio de Felipe Calderón. Pero continuemos).
“La mayoría de los reporteros piensan mucho y trabajan incansablemente para proteger las fuentes confidenciales y ahora utilizan ampliamente las comunicaciones electrónicas encriptadas. Pero los cazadores de fugas del gobierno tienen a la Agencia de Seguridad Nacional de su lado y los periodistas no”.
(Por cierto, el peor espionaje amenazante en Puebla fue en el sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas, hay que decirlo.
Pero cerremos el comentario de Risen).
“Esta censura profesional, junto con la ansiedad constante de saber que el gobierno está usando todo su vasto poder para localizar fuentes, ha llevado a muchos reporteros de investigación a un período de dudas e introspección. ¿Debería un reportero que tiene el don natural de hacer que la gente le cuente secretos seguir usando ese don si puede llevar a la gente a la cárcel?”
Fin de las citas.
Con todos sus defectos, Donald Trump redujo los niveles de censura periodística en su país, porque “se subió al ring” (para bien o más para mal) y personalmente respondió en Twitter todas las revelaciones acerca de él, su familia y su gabinete, exhibidas en los medios “enemigos”. El resultado es que hasta el día de la elección, le fue bien. Hasta nos ha hecho creer que perdió por fraude electoral.
Los reporteros seguimos siendo espiados y amenazados. El periodismo real de investigación está siendo amenazado. En todo el mundo.
Con todo el cinismo del poder.
Pero sólo cuando les sale bien.
Hay otros caminos.


