SEGUNDA PARTE
Alejandro E. Montiel Bonilla / Historiador y psicólogo
Las imágenes son impactantes, cientos de personas hacen fila bajo el sol e incluso soportando las lluvias, todas se identifican por su semblante lleno de dolor y desesperanza, todas buscan lo mismo: un poco de consuelo para sus aflicciones. El sanador rumano que llegó a Puebla ha generado una devoción masiva en tiempo récord. Pero detrás del aura milagrosa, grandes pensadores han identificado patrones que siempre se repiten en estos fenómenos, donde la espiritualidad se mezcla con estrategias de mercadotecnia perfectamente calculadas.
La maquinaria de lo sobrenatural
Desde los televangelistas estadounidenses hasta los curanderos digitales, el modelo se repite:
- Marketing emocional: Testimonios dramáticos en TikTok y Facebook que generan engagement
- Misterio fabricado: Lenguaje críptico y apariencia exótica
- Monetización indirecta: Donaciones «voluntarias» por persona
El caso del televangelista Peter Popoff es emblemático: en los 80 fue expuesto por usar aparatos auditivos para fingir «revelaciones divinas» sobre los enfermos. Hoy, las técnicas son más sofisticadas, pero el principio es el mismo.
¿Quiénes caen en la red y por qué?
María, vendedora ambulante de 52 años, resume el perfil típico: «Los doctores me dijeron que mi artritis no tiene cura, pero él me miró y supe que podía ayudarme». Antropólogos como Ruth Behar identifican tres grupos vulnerables:
- Enfermos crónicos sin diagnóstico claro
- Familias pobres sin acceso a especialistas
- Personas en crisis existenciales
Los riesgos detrás del milagro
En 2019, una mujer en Guanajuato abandonó su tratamiento contra el cáncer por seguir a un «sanador espiritual»; cuando volvió al hospital, era tarde. Además:
- Estafas económicas: La Profeco registra más de 300 quejas anuales por «servicios milagrosos» no cumplidos
- Daño psicológico: Cultivo de dependencia emocional
- Pérdida de confianza en la medicina científica
Cómo distinguir espiritualidad auténtica de fraude
La antropóloga ya citada, propone tres filtros:
- Desconfiar de promesas absolutas: la medicina real rara vez garantiza curaciones inmediatas
- Exigir transparencia: ¿muestra credenciales certificadas de sus conocimientos?
- Evaluar el compromiso: sanadores genuinos hacen seguimiento, no shows masivos.
El sanador rumano en Puebla, es el último eslabón de una cadena que une a chamanes tradicionales, curanderos populares e influencers de lo espiritual. Su éxito no sólo habla de la ignorancia e ingenuidad de miles de personas, sino de un mundo donde la medicina sigue siendo privilegio de pocos. Mientras exista dolor humano, habrá quien ofrezca consuelo inmediato – ya sea por convicción o por conveniencia. A los taumaturgos modernos les basta con una imagen seductora, una fila de creyentes desesperados y por supuesto, la vigorosa maquinaria económica de las redes sociales sin control.


