Dr. Anselmo Salvador Chávez Capó / Profesor Investigador de la UPAEP
El alto precio del gas doméstico a mediados de este 2021 se convtió en una prioridad para el Gobierno Federal, por lo cual la Secretaría de Energía (Sener) y la Comisión Reguladora de Energía (CRE) emitieron e implementaron la directriz de emergencia para el control de precios de este energético, dándole precios máximos o tope para la distribución del gas natural.
Para cerrar la pinza, el ejecutivo presentó el proyecto Gas del Bienestar, el cual tiene como objetivo ofrecer a la población precios más baratos ante el incremento constante del combustible. Su origen reciente se remonta al 7 de julio del presente año y la justificación es que Pemex lo da en una cantidad determinada y ellos lo venden al consumidor a un precio muy elevado.
La iniciativa en primera instancia parecería tener una lógica (pero no de mercado), ya que nuestro país tiene todo el potencial para producir gas, pero la actual administración ha dado un paso hacia atrás en este sector, considerando que México tenía contemplado convertirse en un país autosuficiente y exportador de gas, por lo que construyó ductos y se planteó la posibilidad de abrirle las puertas a la iniciativa privada para que participara en este sector, incluso se creó una política de almacenamiento para que el país pudiera estar preparado ante cualquier emergencia y disminuir el riesgo de la dependencia de importaciones de Estados Unidos.
Todo esto fue dinamitado por la actual política energética, por lo cual nuestro país vive sin ningún tipo de protección frente a esta enorme dependencia, se acabaron las licitaciones de energía renovable, por lo que quedamos expuestos a la volatilidad de los precios del gas natural. Adicionalmente la producción de este energético se ha reducido de manera continua en los últimos tres años por falta de inversión, a pesar de que la demanda sobre todo la industrial se ha incrementado.
Sin embargo, la realidad, terca que es ella, le pone una prueba de fuego a este proyecto ante las condiciones meteorológicas adversas en Estados Unidos, así como una demanda por parte Europa y China, por las difíciles condiciones climatológicas que se esperan y una menor oferta ante el próximo frío invernal, ya que hasta agosto sólo se habían producido 38 mil 50 millones de pies cúbicos diarios, lo que representó su menor nivel para un periodo similar desde 2005.
Lo anterior puso en alerta al mercado del gas natural, por lo que el precio de referencia Henry Hub superó los 5.66 dólares por millón de BTU el pasado 15 de septiembre de 2021, su mayor nivel en siete años, y adicionalmente el valor de las importaciones de gas natural que realizó Pemex entre enero y agosto del presente año ascendió a mil 626 millones de dólares, lo que representó su mayor nivel desde 2017, según datos del Sistema de Información Energética, con lo cual, el costo de importar gas natural se elevó en 260% en comparación con el mismo periodo del año previo.
Considerando estas situaciones, la directriz de emergencia implementada por la Secretaría de Energía y la Comisión Reguladora de Energía está a punto de perder el objetivo de ofrecer mejores precios para los consumidores mexicanos, ya que a dos meses de haberse implementado los precios máximos, el costo del Gas LP ya se elevó en 9.7%, para la semana que va del 26 de septiembre al 2 de octubre.
El precio promedio del Gas LP a nivel nacional será de 25.13 pesos por kilogramo, lo que significó un incremento de casi 10% respecto a la semana del 1 al 7 de agosto (periodo en el que iniciaron los precios máximos) y en el que se estableció un precio medio a nivel nacional de 22.92 pesos.
Para Puebla el precio por kilogramo será de 24.47 pesos, lo que representa un incremento semanal de 1.8%, con lo cual ni Gas del Bienestar pudo soportar los altos costos internacionales del propano, insumo esencial para producir gas LP, por lo que durante esta semana tuvo que subir sus precios en 5% ya que vendió los cilindros de 20 kilos en 420 pesos y los de 30 kilos en 630 pesos, cifras superiores a las de su lanzamiento, ubicados en 400 y 600 pesos, respectivamente.
Los precios de los insumos se mueven en condiciones de mercado, por lo que al establecer topes a un producto sin considerar los costos y gastos que se erogan para su fabricación distorsionan de una manera artificial su precio real, lo cual puede llevar al empresario a una decisión de desinversión, que conduciría al desabasto de ese bien o servicio, tampoco la participación del Gobierno por medio de la creación de empresas con un enfoque social al no tener criterios de rentabilidad y abastecer los productos por debajo de su costo implicarán un subsidio que saldrá de nuestros bolsillos (como sucederá en este fin de año con la Comisión Federal de Electricidad, la cual requiere gas natural para la generación de energía, por lo que su alto costo obligará a destinar más recursos para subsidiar su producción).
A unos meses de iniciada la empresa distribuidora parece tener sus días contados, otra vez la realidad imponiéndose a las ocurrencias, donde como siempre los analistas fifís tendrán la culpa por echarle la sal al proyecto.
Por un momento al cerrar los ojos y revisar el escenario que estamos viviendo en materia de política económica me hace recordar los inicios de los años 70, con alta participación del gobierno en la economía, decisiones autoritarias, mercados cerrados y una incipiente inflación, lo que me da escalofrío, y es que yo viví la siguiente etapa: alta inflación, falta de empleo, altas tasas de interés y quiebra de las empresas públicas, tipo de cambio por las nubes, así como la economía rota en mil pedazos.
El escenario inicial es el mismo, mi mejor deseo es que ningún mexicano vuelva a vivir el segundo.


