Manuel Martínez Benítez / @manuelmtzb
El Instituto Nacional Electoral (INE) difundió hace unos cuantos días un documento muy importante para conocer la percepción y la situación de la democracia en México: el Informe país 2020 del INE.
El estudio fue levantado ese año y acaba de ser presentado por el tiempo de procesamiento y análisis que esta atrás.
Este documento refleja, entre otras cosas, los resultados de una encuesta realizada por el INEGI para el INE, la Encuesta Nacional de Cultura Cívica, efectuada entre agosto y septiembre del 2020.
Esa encuesta tiene un tamaño de muestra de más de 25 mil viviendas, así que resulta un estudio muy robusto, con un pequeñísimo margen de error y, sobre todo, con certeza estadística que le da mucho peso a los resultados.
Los datos son muchos y cumple lo que busca el estudio: conocer el estado de salud y la percepción de la democracia y del sistema electoral mexicano frente a los ciudadanos.
Estos datos hablan de percepciones sobre temas específicos y dan una idea de lo que respaldamos y no respaldamos como sociedad en el tema electoral y el de la democracia.
Les platico de uno de los primeros resultados, que desde mi punto de vista es prioritario porque habla de la impunidad en que vivimos y que es uno de los principales problemas del país: lo que perciben los mexicanos sobre la legalidad, sobre sí mismos y los gobernantes.
La pregunta fue: ¿Qué tanto cree que se respetan las leyes en México? Los datos son claros 38% (casi 2 de cada 5) cree que los mexicanos respetan mucho o algo las leyes en el país, mientras que el 61% (tres de cada cinco) piensan que se respetan poco o nada las leyes en el país. Cuadro 1
Hay una percepción de que los gobernantes tienen menos respeto a las leyes que la población en general:
Los que creen que los gobernantes respetan mucho o algo la ley son 34%, mientras que un 66% de los entrevistados piensan que los gobernantes respetan poco y nada las leyes, dejando en claro que si bien puede haber leyes en el país, la realidad es que la población piensa y cree que ni los gobernantes ni el pueblo las respetan, en su mayoría. Y esto es gravísimo porque aquí se demuestra sobre todo el tema de la impunidad, pues la percepción es que nadie respeta las leyes y que no pasa nada.
Otro dato que es muy relevante en el contexto que estamos viviendo, de la propuesta de una reforma electoral que está en discusión en este momento en la cámara de diputados federal, versa sobre la confianza a las instituciones o grupos sociales.
Son las universidades públicas las instituciones que inspiran más confianza, con 70%, seguidas por el Ejército y la Marina, que reportan un 64% de confianza entre la población, la recién creada Guardia Nacional tiene un nivel de confianza del 61%, el Instituto Nacional Electoral (INE) reporta el cuarto lugar en el listado de confianza en instituciones con 60%. Cuadro 2
En quinto lugar se encuentra la Presidencia de la República, que reporta un 53% de confianza en la institución (que en este momento reside en la persona de López Obrador), seguido por los grupos vecinales con 52% y las organizaciones sociales y los sacerdotes, pastores y ministros de culto, que tienen ambos grupos un 51% de la confianza de los entrevistados.
Las cuatro peores instituciones u organizaciones en el ranking de confianza ante la población son, la policía con 28% de confianza, los senadores y diputados federales con 23%, los diputados locales con 23% y los partidos políticos en último lugar con 22%.
Estos datos si bien nos dan claridad de cuáles son las instituciones (y organizaciones) más respaldados por la ciudadanía, creo que nos dejan varias reflexiones, entre las que le destaco con ustedes dos, uno es que el INE tiene un buen respaldo ciudadano, y que creo que será difícil para el gobierno y sus partidos políticos convencer al grueso de la población que es necesario desaparecerlo, aunque no imposible.
Y la segunda reflexión es que tanto el ejército como la marina, y la guardia nacional, tienen uno de los lugares privilegiados en la confianza que les tienen los ciudadanos, y es por eso que entendemos la postura del gobierno federal y en especial del presidente en respaldarse en ellos ante varias acciones y en impulsar una reforma de seguridad encabezada por ellos, con la idea de que esas instituciones se hagan cargo de la seguridad, ya que para muchos estas instituciones (que tiene alta confiabilidad) son las únicas que pueden resolver el problema de la seguridad.
Un último dato que les quiero traer (de los muchos que tiene este documento), es el del avance en nuestra democracia en la representación.
El avance más importante se da en la representación política de las mujeres. El documento mide esto en la Cámara de Diputados. Por ejemplo, en 1988, 88% de los diputados era de hombres y 12%, mujeres; para 1997, cuando, comienza el movimiento democratizador (y se construye el IFE ahora INE) había 83% de diputados hombres, y 17% de diputadas mujeres.
El primer salto importante para la representación femenina en el Congreso federal se da en el 2012, cuando se registra por primera vez un dato mayor al 30% de diputadas en las curules (37%) con un 63% de varones.
Los datos de las últimas tres legislaturas son muy interesantes. Recordemos que se hicieron reglamentaciones y leyes para que hubiera una paridad en la postulación de hombres y mujeres en los cargos de elección popular, y esto ha tenido buen resultado, en el 2015 la proporción era de 57% de diputados y 43% de diputadas; en el 2018 esta proporción femenina crece a 52% de diputados varones y 48% de diputadas en los cargos. La actual legislatura tiene (por primera vez en la historia) paridad de género, con 50% de diputadas y diputados, siendo esto un importante avance en nuestra democracia tan criticada. Cuadro 3
Ahora los nuevos pasos de representatividad están girando hacia la representación de otros grupos pocos representados, pero que comienzan a tener espacios, como son los grupos indígenas, los afromexicanos, los discapacitados, la diversidad sexual o los migrantes.
El camino todavía es largo, pero creo que vamos por buen camino y creo que mucho podemos hacer al respecto. Nosotros como ciudadanos, participando, primero que nada, que es de las herramientas más importantes y grandes que tenemos para cambiar el país, pero también en la parte de la exigencia a nuestras autoridades, de que hagan un buen trabajo, de que respeten la ley, de que sigan en este camino de mejorar y cuidar nuestra democracia.
Y en una opinión personal, debemos todos cuidar lo logrado hasta ahora con el INE, que, si bien tiene errores y podemos mejorarlo, no creo que haya necesidad alguna de desaparecerlo para crear algo nuevo, ya que, si hay logros importantes y tangibles en la materia, y porque los que tienen algo más de años recordaran lo que era vivir en un país sin democracia, y creo que en un poco más de 25 años hemos avanzado mucho y eso hay que tenerlo en cuenta y vuelvo a decirlo, cuidarlo, por eso y digo ¡que siga el INE!.





