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En defensa de Ebrard

Crónica Puebla por Crónica Puebla
18 junio, 2021
en Opinión
Suman diez las denuncias de migrantes mexicanas por cirugías forzosas en EE. UU
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Por: Ramsés Ancira / @ramsesancira
Historias para armar la Historia

 

Conocí a Marcelo Ebrard alrededor del año 2000. Ambos teníamos 39 años y él competía por el Partido del Centro Democrático a la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal.

 Manuel Camacho Solís, era el presidente de ese partido. Me dijo que lo había fundado co­mo un seguro de vida para protegerse de Car­los Salinas de Gortari. Seis años antes habían asesinado en Tijuana a Luis Donaldo Colosio, un crimen del que hay muchas y creíbles refe­rencias de que fue planeado en la antigua re­sidencia presidencial de Los Pinos.

Cuando Camacho Solís y Carlos Salinas de Gortari estudiaban en la Universidad Nacio­nal Autónoma de México había un programa de televisión muy popular donde aparecían ni­ños destacados por sus dotes como declamado­res, cantantes y músicos. Lo patrocinaba una golosina, llamada “Toficos”, que usaba el lema “Mh, que ricos”.

La UNAM estaba concebida como univer­sidad para las clases socioeconómicas medias y populares. Ni Camacho Solís, ni Salinas de Gortari eran de clase media, por eso al gru­po que formaban, entre otros con José Fran­cisco Ruiz Massieu le apodaban sus compañe­ros: los toficos.

Este grupo de estudiantes, que luego se in­corporó al PRI, acordó trabajar el resto de su vida por un proyecto político para México de centro y nacionalista. Cuando Salinas llegó a la presidencia nombró a Camacho Solís jefe del gobierno del Distrito Federal y había pactado con él para la sucesión presidencial en 1994, no ocurrió así: el nominado fue Colosio y es­te fue asesinado.

Camacho Solís fue profesor en el prestigia­dísimo Colegio de México, donde fue maestro de Marcelo Ebrard Casaubón. Cuando el pri­mero fue jefe de gobierno de Ciudad de Méxi­co invitó como su segundo a Ebrard quien ocu­pó la Secretaría de Gobierno.

Camacho junto con Ebrard reconstruyó la Ciudad de México tras el terremoto de 1985 y reparó o construyó docenas de edificios pa­ra los sobrevivientes damnificados, sobre todo en la Colonia Roma, que hoy es una de las más caras para rentar o comprar departamento en Ciudad de México.

Regresamos pues al año 2000. Todavía la prensa vendida era mayoría y cuando Marce­lo Ebrard invitó a los medios de comunicación a presenciar como en la Tesorería del Distrito Federal eran maltratados los ancianos y era una tortura para los contribuyentes pagar una licencia de manejo, la tenencia o el impuesto predial nadie acudió, excepto yo, como repor­tero de Canal 40.

Me platicó con gran entusiasmo sus ideas, me dijo que el mensaje que mandaba el gobier­no de la ciudad era “Por favor, no pague im­puestos” y que, si él fuera jefe de gobierno, en lugar de torturar aún más a los ciudadanos, que ya de por sí tenían que hacer un gran sa­crificio, haría convenio con las tiendas de au­toservicio para que ahí se pudieran pagar los impuestos. Además, instalaría módulos de atención en estas tiendas con el propósito de que fuera más ágil sacar la licencia de mane­jo y evitar la corrupción, proyectos que efec­tivamente realizó, aunque no de inmediato.

A pesar de la simpatía e incluso el cariño que tenía Marcelo Ebrard entre las personas que finalmente pudieron ser dueños del de­partamento que habitaban, y de los comer­ciantes de mercados ambulantes, quienes re­dujeron considerablemente las “mordidas” a los inspectores, declinó su candidatura a la je­fatura de gobierno y la cedió en el año 2000 para que Andrés Manuel López Obrador tuvie­ra el camino libre.

Me consta personalmente que Ebrard no se había enriquecido como Secretario de Gobier­no del Distrito Federal en el sexenio de 1988 a 1994, al grado que la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de septiembre le facilitó di­nero para sobrevivir, pues administraban edi­ficios que ya tenían valor de cientos de millo­nes de dólares.

López Obrador rescató a Ebrard y le dio co­mo premio de consolación la Secretaría de Se­guridad Pública. En ese tiempo la delincuen­cia se redujo casi un 10 por ciento en el Dis­trito Federal. Sin embargo, el linchamiento de tres agentes de la policía en Tláhuac, al extre­mo oriente de Ciudad de México, obligó al pre­sidente Vicente Fox a sustituirlo de su cargo.

En ese momento llegar por tierra del centro de la ciudad a Tláhuac no podía tomar menos de 150 minutos, el doble de lo requerido para llegar a Cuernavaca. Esta sería una de las ra­zones para construir la línea 12 del metro, que mejoró la vida de millones de personas.

Alrededor del año 2010, el partido Alter­nativa Socialdemócrata había logrado obte­ner dos diputaciones en la Asamblea Legislati­va del Distrito Federal, con una agenda progre­sista. Estos legisladores propusieron dejar de encarcelar a las mujeres que abortaban, mu­chas veces involuntariamente; las sociedades de convivencia, que legalizaban no solamente la unión de homosexuales, sino la posibilidad de que una madrina pudiera afiliar al seguro social a su ahijada, o que dos mujeres, inde­pendientemente de su orientación sexual pu­dieran unir sus salarios para obtener un prés­tamo para la compra de vivienda. Ebrard se ju­gó todo su capital político y pese a la campa­ña de linchamiento promovida por el Arzobis­po Norberto Rivera Carrera, ordenó que, en la Ciudad de México, cualquier mujer mayor de edad, que, por razones de pobreza, violación o simplemente porque así lo decidiera, no quisie­ra continuar la gestación antes de 90 días des­de la concepción, pudiera interrumpir el em­barazo, gratuitamente en hospitales públicos de Ciudad de México.

A partir de entonces y durante más de una década, ninguna mujer murió por abor­tos clandestinos, dejaron de abandonar a ni­ños recién nacidos en terrenos baldíos, donde acababan muriendo mordidos por ratas y de­jaron de aparecer fetos en las calles de la Ciu­dad de México.

Todavía hubo otra ley que incluso recibió el beneplácito de gran parte de las congrega­ciones católicas. En ella se establecía el dere­cho a decidir no prolongar artificialmente la vida de enfermos desahuciados, que resulta­ba un negocio inmoral de muchos hospita­les privados, y representaba una tortura para miles de personas incurables o absolutamen­te discapacitadas.

Perseguido por el exprocurador torturador y fabricante de culpables Miguel Ángel Man­cera, Ebrard salió varios años del país. Contra lo que se han empeñado en afirmar sus enemi­gos políticos, Marcelo había ganado suficiente dinero como jefe de gobierno para sobrevivir cómodamente. Además, había ganado presti­gio como mejor alcalde del mundo en 2010. Esto le permitió seguir obteniendo ingresos en el exilio como consultor y además fue el líder de la propaganda presidencial de Hillary Clin­ton entre las comunidades latinas.

De su culpabilidad o no en el derrumbe de la línea 12 del metro, haremos un análisis ex­haustivo en un próximo trabajo.

 

BITÁCORA SUPLEMENTARIA

Cada vez que pudo, Netanyahu denostó a Mé­xico, porque era uno de los pocos países que protestaban en la ONU, por el incumplimien­to de resoluciones de Israel.

Defendió siempre el proyecto de Trump pa­ra construir un muro en la frontera México Es­tados Unidos y decía que los palestinos eran ri­dículos por pedir que se dejara de construir ile­galmente en su pequeñísimo territorio, es co­mo si los mexicanos exigieran derechos por la invasión de 1847, llegó a decir.

Como Secretario de Relaciones Exteriores de México, Ebrard es jefe del representante de nuestro país en Naciones Unidas, el doctor Juan Ramón de la Fuente, quien condenó al gobierno de Netanyahu por el uso excesivo de la fuerza con la que se asesinó y quemó vivos a más de 50 niñas y niños palestinos, con igual o peor crueldad que la inquisición quemaba a los “judaizantes”. En realidad, peor, porque ellos no llevaban a la hoguera a los infantes.

Los fabricantes de armas, la extrema dere­cha, es parte de la gente que hoy patrocina el linchamiento de Marcelo Ebrard por el acci­dente en el que murieron 24 mexicanos. Ca­da muerte es lamentable pero numéricamen­te inferior a miles que provocó Netanyahu co­mo primer ministro israelí durante 11 años, de 2009 a 2021.

El ex primer ministro hizo todo lo humana­mente posible por aferrarse al puesto ya que hay múltiples pruebas de su tremenda corrup­ción y el negocio que le representó el asesinato de sus vecinos. Netanyahu debe terminar en la cárcel, y pronto.

Etiquetas: AMLOMarcelo Ebrard

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