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¿Fin de la globalización?

Crónica Puebla por Crónica Puebla
28 marzo, 2022
en Opinión
¿Fin de la globalización?
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Por: Antonio Peniche García

La globalización económica observada desde el final de la Guerra Fría está llegando a su fin. La interconexión de las economías nacionales para el movimiento transfronterizo de bienes, servicios, tecnología y capital se ha visto severamente afectada durante los últimos tres años.

 

El proteccionismo y la auto­suficiencia han intervenido en los últimos años, reemplazando los acuerdos de libre comercio y la pro­moción de la llamada liberalización económica.

Lo que comenzó como guerras comerciales y el aumento de los aranceles se ha transformado en un rechazo rotundo de la com­pleja cadena de suministro mul­tinacional.

Con restricciones pandémi­cas que exacerban la escasez de su­ministro y ahora con la actual gue­rra en Ucrania, se pone en peli­gro la seguridad alimentaria y energética.

Pareciera que estamos enfren­tándonos a una balcanización mundial. Es probable que la eco­nomía mundial realmente se divi­da en bloques, cada uno tratando de aislarse y luego, buscando dismi­nuir la influencia del otro.

Con menos interconexión económica, el mundo podría ver un menor crecimiento tendencial y menos innovación. Las empresas e industrias nacionales tradicionales tendrían más poder para exigir pro­tecciones especiales.

En conjunto, los rendimientos reales de las inversiones realizadas por los hogares y las corporaciones tenderían a sufrir una disminu­ción importante.

La trágica guerra en Europa del Este está impulsando aún más la reorientación de las redes de pro­ducción y suministro, lejos de la mi­nimización pura de costos y enfo­cándose a la resiliencia y la toleran­cia al riesgo.

Las interrupciones de la ca­dena de suministro causadas también por la pandemia de coro­navirus han llevado a las empresas a comenzar a diversificar las ubica­ciones de los proveedores y de sus propias fábricas y oficinas.

El presidente de la Fed de At­lanta, Raphael Bostic comentó recientemente que el aumento de inventarios, la integración y aproxi­mación de la producción a los mer­cados finales con el fin de maximi­zar la confiabilidad, se está convir­tiendo en una prioridad estratégica de negocios.

Pareciera que el sistema de pro­ducción, el manejo de inventarios y la logística está evolucionando de un sistema “just in time” (“justo a tiempo”), a un sistema “just in ca­se” (“por si acaso”).

La disponibilidad de bienes cada vez más baratos como automóviles, electrodomésticos y muebles produ­cidos en el extranjero fue un impor­tante contribuyente al panorama benigno de la inflación de Esta­dos Unidos en este cuarto de siglo.

Por otro lado, la deslocaliza­ción también condujo a la elimi­nación de millones de empleos en los Estados Unidos, el vaciamiento de las regiones manufactureras y la clase media de nuestro vecino país del Norte.

El reconocimiento de estos as­pectos negativos de la globali­zación ha hecho que el péndulo de la historia empiece a girar hacia el abastecimiento local.

En lugar de las fuentes más ba­ratas, fáciles y ecológicas, probable­mente habrá más incentivos en im­pulsar aquellas que estén más se­guras y protegidas.

“La invasión rusa de Ucrania ha puesto fin a la globalización que he­mos experimentado en las últimas tres décadas” explicó recientemen­te el CEO de BlackRock, Larry Fink.

La conectividad y las relaciones entre naciones, empresas e incluso personas se han vuelto más tensas por los dos años de pandemia.

Este aislamiento ha provocado que una cantidad enorme de comu­nidades y personas se sientan segre­gadas, recluidas e incluso desam­paradas.

Después de todo lo que nos ha traído esta pandemia, nos debería­mos preguntarnos ¿qué hemos aprendido?

Pareciera que nada… Se han exa­cerbado la polarización y el compor­tamiento extremista.

Cuando ya se vislumbraba una luz para salir de nuestra re­clusión, a un señor Putin se le ocu­rre empezar una guerra. Como me diría alguna vez mi madre: “Niño, cuidado, te vas a tropezar… estás viendo y no ves”.

De alguna manera, la guerra es­tá fomentando la unidad entre un grupo de naciones a medida que se mueven para excluir a Rusia de los mercados de capital globales.

La invasión ha impulsado a las naciones y los gobiernos a fin de que se unan con el objetivo de cortar los lazos financieros y comercia­les con Rusia.

La mayoría de los gobiernos del mundo han impuesto sanciones, incluida la medida sin precedentes de prohibir que el banco central ru­so despliegue sus propias reservas de divisas.

Las empresas también se han unido a la medida de cortar los la­zos con Rusia, excediendo las san­ciones impuestas por el gobierno.

Estas acciones tomadas por el sector privado demuestran el po­der de los mercados de capitales: cómo los mercados pueden propor­cionar capital a quienes trabajan constructivamente dentro del siste­ma y qué tan rápido pueden negarlo a quienes operan fuera de él.

Rusos, ucranianos, europeos y el mundo en general se han visto obli­gados a tomar medidas fuera de lo común.

Todo porque un ególatra, totali­tario y déspota invade a su país veci­no. Pero no porque Ucrania sea una amenaza para el futuro de Rusia. Si­no porque es una amenaza para el futuro de Vladimir Putin.

¿No es ya momento de que co­mo una humanidad, supuestamen­te más conciente, busquemos que ese péndulo de la historia no gene­re esos bandazos de extremo a extremo?

No podríamos encontrar un jus­to medio en las políticas sociales, humanitarias, económicas, mone­tarias, ecológicas, energéticas, dis­tributivas y el largo etcétera que le sigue…

Sólo somos aves de paso en es­te planeta. ¿Es tan difícil de enten­der? ¿O alguien me podrá decir que al señor Putin o cualquier líder, o ser humano de este planeta que se nos ocurra nombrar, es inmortal? ¿No le entran las balas ? ¿No le lle­gará su hora, como a toda la vida en el Universo?

Algún día todos nos enfrenta­remos a la muerte.

Cómo llegaremos a ella y el juicio de nuestro espíritu despierto y reve­lado al enfrentarla será nuestro ab­soluto y eficaz juez.

Y nadie… absolutamente na­die… se escapa de eso.

Etiquetas: globalizaciónGuerra Fría

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