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Francia, ¿cuna de la cuarta revolución?

Crónica Puebla por Crónica Puebla
19 noviembre, 2020
en Opinión
Francia, ¿cuna de la cuarta revolución?
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Por: Rosa María Lechuga

En el número 105 del boulevard Mont­parnasse, se erige una de las brasseries más antiguas e importantes de Paris, La Rotonde.

Tanto ella como Le Train Bleu, L’Européen, Le Napoleon III, Au pied de Cochon o, Le Réveil Matin, son algunos de los lugares en París lle­nos de historia, testigos de revueltas, revolu­ciones, de efervescencia cultural, de multicul­turalismo, de la ville cosmopolite y del espíritu de la fête de Francia.

Pilares por excelencia para entender có­mo funciona parte de la sociedad francesa y su principio de égalité, es el espacio ideal de la capital francesa para socializar, pero también para encontrar un escaparate al ritmo verti­ginoso de vida de la gran urbe.

En La Rotonde, se escribieron historias como la génesis de la Revolución Rusa con Trotsky solitario en un rincón en el barrio Montparno o pasajes del matrimonio de Ama­deo Modigliani con Jeanne Hebuterne.

Fundada en 1903 comenzó como una ca­fetería donde sólo se consumían croissants ca­lientes y café au lait o con vino rojo, de estilo popular y obrero, con el tiempo se convertiría en el nuevo corazón del quartier para los inte­lectuales después del declive de Montmartre, cuando pasó de moda.

El carrefur de Vavin devino el lugar de en­cuentro de personalidades de la talla de Pa­blo Picasso, Igor Stravinski, Ortiz de Zarate, Kisling, Marx Jacob, Serge Prokofiev, el tene­broso Guillaume Apollinaire, André Breton, Ernest Hemingway, Diego Rivera, Scott Fitz­gerald, entre otros.

L’Amérique Latine au coeur de la révolution mondial!

DESDE PARÍS SE REINVENTABA EL MUNDO Y NADIE LO VIO VENIR

León Braun-Stein mejor conocido como Trotsky, se sentaba todas las noches frente a un boeuf gros poivre y un boeuf gros sel cu­ya apariencia de malviviente, pobre y tos­co, le ayudó a pasar desapercibido de acuer­do con el escritor León-Paul. A él, se le unía Wladimir Ilitsch (Lenin) quien siempre llega­ba en su bicicleta a La Rotonde desde la calle Marie-Rose del barrio Montrouge donde vivía.

Trotsky dirigiendo su periódico comunista Nache Slovo (Nuestra palabra) en París hasta antes de ser expulsado en 1916 y Lenin, es­cribiendo más de 500 discursos, notas, artí­culos, informes. El par de rusos solían reunir­se con múltiples personalidades. Lenin junto con su mujer, Laura Marx y el escritor Paul Lafargue. Trotsky con Diego Rivera.

La dupla rusa con Lounatscharky, Kamenev, Zinoviev, pero principalmente Trotsky, eran clientes asiduos y amigos de Víc­tor Libion, dueño al inicio del siglo XX de la fa­mosa brasserie donde en una antigua mesa se concibió la Revolución Bolchevique. Fue así como se convirtieron en líderes de la élite rusa.

Eso atrajo al grupo de Les ballets ruses y figuras legendarias como Vaslav Nijinski y Serge de Diaghilev quienes aprovecharon que en Francia la danza estaba en declive, impul­saron su grupo y formaron parte del movi­miento renovador junto a figuras como Igor Stravinski, Claude Debussy, Serge Prokofiev, Darius Milhaud o Erik Satie, quienes sin ser conocidos lograron codearse con la élite rusa gracias a la égalité de La Rotonde y componer piezas musicales que los llevaron a la gloria.

¡París no es el centro del mundo, Montpar­nasse lo es! Escribiría Gustave Fuss-Amore por ahí de 1924.

Los exiliados españoles también se reunían para confabular en tiempos de la guerra civil española en La Rotonde y así, ayudar a eva­cuar de su país a quienes huían de persecu­ciones políticas. Era un encuentro entre inte­lectuales de la talla del escritor Blasco Ibáñez, Carlos Esplá Rizo, el filósofo Miguel de Una­muno, Josep Pla o el periodista y escritor ca­talán, Julián Gorkin, el futuro jefe del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista).

No solamente la política, la filosofía, la lite­ratura, la danza y la música, se transformaron en ese espacio parisino, la pintura evolucionó y el movimiento del cubismo tomó por asal­to a la ciudad de las artes y al mundo entero.

Artistas como Pablo Picasso, Moïse Kinsling, Man Ray, Antoine Bourdelle, François Pompon, Charles Despiau, André De­rain, Maurice Vladimick, pasaron largas ve­ladas en este rincón parisino intercambiando ideas, técnicas, debatiendo parte de lo que se conoce hoy en día como cubismo y fauvismo.

El ruso Erik Satie con la ayuda de Pablo Pi­casso y de Jean Cocteau, en equipo pusieron en escena la pieza musical de ballet Parade. El primero la música, el segundo la decoración y el tercero, el escenario.

La multiculturalité de la ville lumière, Paris!

Otro de los clientes asiduos fue Amedeo Modigliani. Desarraigado, incorregible, juer­guista, alcohólico y con aires de un pintor bu­cólico, fue conocido por su mal genio y por su majestuosa forma de pintar en el barrio de Montparnasse justo en La Rotonde, otro ami­go de Libion.

Una ola americana frecuentó también es­te lugar, en otro periodo.

Ernest Hemingway, Charles Chaplin, Douglas Fairbanks, Gertrude Stein, F. Scott Fitzgerald, Joséphine Baker, John Steinbeck, Ezra Pound, Thomas Stearns Elliot, la généra­tion perdue no concibió atravesar el Atlántico sin conocer esta brasserie que les insinuó vi­vir sus mejores momentos.

París reinventó al mundo y no lo sabíamos.

O bueno no, Montparnasse fue el lugar que reconfiguró el mundo artística y políticamen­te hablando.

Y eso, hasta Hemingway lo supo.

Hoy, hay voces que susurran la palabra “Francia”, y por lo tanto su capital París, co­mo el origen de la cuarta revolución indus­trial al inicio del Siglo XXI.

Etiquetas: André BretonDiego RiveraErnest HemingwayfranciaRevolución RusaScott Fitz­geralduillaume Apollinaire

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